La última vida de “El Gato”

Por Sayyid Sarquis / ssarquis@unab.edu.co

José Alfredo Castrillón no era un hombre de lujos; su vida giraba en torno a su esposa, sus dos hijas, su hijo y aquella esquina que para muchos era más que una licorera. Era uno de esos hombres que saben escuchar, no juzgan y siempre tienen un buen consejo para dar; al menos eso decía su familia y hasta sus mismos clientes. Los años de servicio como policía le enseñaron a ver la vida de manera diferente y a siempre ser honesto.

Luego de dejar el uniforme, comenzó a trabajar con su esposa en la licorera que ambos administraban: “El Gato Bohemio”. Allí, durante más de ocho años, mantuvo la esencia que lo caracterizaba: amable, colaborador, respetuoso, correcto y consejero. Tanto, que sin darse cuenta terminaba convirtiéndose en el confidente de muchos de sus clientes.

Por eso, además, su local se convirtió en el lugar donde cualquiera hallaba el regalo perfecto, al menos para quienes disfrutaban de la celebración. Aunque muchos obsequian en los cumpleaños ropa, accesorios o incluso comida, no era el caso de Andrés, un cliente fiel de Alfredo. Para casi todos los onomásticos de las personas cercanas a él, se dirigía a la esquina de la calle 35 # 32-96 y compraba algún tipo de licor para la ocasión, o incluso para obsequiar al homenajeado. La última vez que visitó a ‘Gatico’ fue el viernes 21 de febrero. Había llovido, el suelo seguía húmedo y era la celebración de su hermano Daniel. Necesitaba el regalo para no llegar con las manos vacías, y su salvación siempre era el “Gato”.

Con carisma, una atención inigualable y respeto, siempre colaboraba con las necesidades de sus clientes. Aquella noche, Andrés regateaba y pedía rebaja, le decía que buscaba algo más económico, un poco más grande, sacaba una botella y otra, hasta encontrar la perfecta; siempre con paciencia para complacer y hacer la venta. Ese sería el último negocio, la última rebaja…

Unas semanas después, una dolorosa noticia se difundió por los medios. Quizá en la misma faena, en una fugaz negociación de madrugada, con algún cliente sumido en el sopor del alcohol, la muerte acabó con la última vida de “El Gato”. Un sujeto armado los abordó en plena madrugada. Las imágenes de lo ocurrido muestran a un cliente del lado externo del local, mientras por detrás llegaba un extraño armado. Luego, se registran movimientos muy rápidos y una acción que de manera clara señala el ataque contra Castrillón, quien cae al otro lado, malherido.

Aquel hombre, vestido con bermuda de jean, chaqueta azul y casco celeste, llegó en moto a la licorera. Su intención no era comprar, sino ‘conversar’ con el otro sujeto que se encontraba recostado en la reja de la licorería. Pero algo salió mal, y lo que se suponía una charla (de la que no se sabe nada) terminó en disparos y con la vida de “El Gato”, poniendo punto final a su historia. El desconocido armado, dijeron las autoridades, era un cobrador ‘gota a gota’.

Luego, se especuló que quizás José Alfredo, para defender a su cliente, sacó su arma y se asomó entre las rejas para apuntar al supuesto ladrón, pero éste fue más rápido y disparó. Un solo disparo a la cabeza de ‘El Gato’ terminó con la vida de un ser humano excepcional, solidario y amoroso. Su esposa, quien casi siempre lo acompañaba, estaba ahogada en gritos pidiendo ayuda, desesperada porque habían atentado contra su esposo. Hubo alaridos, sirenas, y un vehículo de emergencia hizo eco en la cuadra. Minutos después, se llevaron a Castrillón al Hospital Universitario de Santander (HUS), a solo unas cuadras de allí, donde los médicos hicieron lo posible. Pero a las 4:30 de la mañana, José Alfredo Castrillón, o “El Gato”, perdió su última vida.