La valentía de reinventarse

“Este arte era mi vida, dejarlo fue perder una parte de mí, pero a su vez me enseñó a reinventarme y valorar nuevas oportunidades”.

Por Silvia Daniela Acero Cacua (sacero606@unab.edu.co)

A sus 21 años, Ana María Prado Osorio ha tenido que aprender a resurgir, puesto que le dedicó más de una década de su vida a la danza, un arte que sin duda alguna dejó huella en su camino desde niña. Para su infortunio, hace dos años enfrenta el reto de crear su proyecto alejada de los escenarios.

La transición no ha sido fácil. Su historia nos recuerda lo difícil que es despedirse de un arte y la valentía que se necesita para poder cambiar el rumbo.

Para Ana María Osorio, estar en el escenario era sentirse viva, allí experimentaba la felicidad más genuina. /FOTO EXTRAIDA DEL ALBUM 

¿Cómo fueron sus primeros pasos en la danza?

Este amor inicia a mis 4 años, cuando era pequeña era demasiado hiperactiva y mis papás intentaron canalizar toda esta energía en alguna actividad. Para ese momento yo me encontraba en guardería, afortunadamente, allí había un grupo de baile, por tanto, fue el elegido para dar mis primeros pasos en esta práctica artística.

¿Cuál fue tu estilo de baile principal?

Sin duda alguna el folclor colombiano, me fascina todo lo que representa de nuestra cultura y tradiciones.

¿Qué momentos recuerdas con mayor cariño de tu trayectoria?

Siempre voy a recordar con mucho cariño las presentaciones y los viajes que realizaba con mi grupo, porque gracias a ellos dejé de lado la timidez que surgió en mi adolescencia, aprendí a estar en público sin miedo y a sacar mi lado extrovertido.

¿Hubo algún momento en específico que te hizo sentir que la danza sería fundamental en tu vida?

Claro que sí, en pandemia, aunque suene increíble, ni en esas circunstancias dejamos de hacerlo. Con tapabocas y llenos de alcohol antiséptico, salíamos a presentarnos y a grabar videos de nuestra pasión.

“Este arte era mi vida, dejarlo fue perder una parte de mí, pero a su vez me enseñó a reinventarme y valorar nuevas oportunidades”, afirmó Osorio.

¿Por qué decidiste dejar la danza?

Fue una decisión muy difícil. A los seis años me detectaron escoliosis y, aunque suene un poco controversial, lo que más amaba, el folclor, me afectaba mis escápulas por el peso de las faldas. Los dolores se agravaban, mi espalda comenzó a estar más lastimada y mis articulaciones perdían su capacidad. Además, luego de esto, sufrí un desgarre en la pierna, que me ocasionó un desgaste en mis caderas y rodillas.

¿Cómo fue este proceso?

Fue como vivir un duelo, sentí una gran tristeza que desencadenó cuadros de depresión. La danza era mi vida entera, ya que mi círculo social estaba compuesto por bailarines o deportistas. Por supuesto, ver como todos seguían con sus sueños y yo no estaba en capacidad de hacerlo, me generó ansiedad por no saber el camino a seguir.

¿Has reemplazado de alguna manera el espacio que ocupaba la danza en tu vida?

A nivel de realizar ejercicio sí, antes ensayaba todos los días desde la tarde hasta la noche. Ahora voy al gimnasio para suplir esa actividad. Sin embargo, a niveles emocionales no, la danza siempre va a ser algo muy especial para mí y no creo que llegue a sentir la misma conexión con otra disciplina.

Con el tiempo, su grupo de danza se convirtió en su familia y ganaron un espacio de por vida en sus recuerdos. /FOTO EXTRAIDA DEL ALBUM 

¿Has pensado en volver, de una forma más recreativa?

Sí, amo hacerlo de una manera más casual. Salir con mis amigos me da la oportunidad de revivir ese amor y disfrutar de buena música. Me encantaría en algún punto mejorar de mis problemas de salud y retomar mi sueño en los escenarios.

¿Hay algo de tu vida de bailarina que extrañes o te gustaría recuperar?

Extraño la rutina, aunque era agotadora, desde pequeña me enseñó disciplina y responsabilidad con mis demás actividades. Asimismo, me encantaba aprender cosas nuevas todos los días, no solo de movimientos y técnicas, sino de la cultura de nuestro país representada en el folclor.