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La versión 59 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (Ficci) y el debate sobre la ausencia de premios

El afiche oficial del Ficci 59 parte de una obra de la artista cartagenera Diana Herrera, al respecto Aljure afirma que, “queríamos recoger la cercanía con Cartagena y en esa convergencia de búsquedas apareció esta imagen de una artista cartagenera que nos acerca a nuestra reflexión sobre la América Mestiza”. /FOTO SUMINISTRADA

En la pasada versión 58 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (Ficci), en un conversatorio entre Diana Bustamante, directora artistica del festival hasta el año pasado, y Lucrecia Martel (Argentina), una de las directoras más importantes del cine latinoamericano, Bustamante le preguntó sobre el estreno de su filme “Zama”, y la posibilidad de ser premiada en la categoría que concursaba.

Martel respondió que los festivales no deberían tener premios, deberían ser una fiesta del cine, en la que “nos unamos a ver nuestras películas y a conversar, pero no a competir entre nosotros”. Esto lo mencionó a pesar de que ha conquistado premios en eventos como el de La Habana, Toulouse y en la Berlinale, es en este último, recibió el premio Alfred Bauer, que se otorga a las películas que se preocupan por abrir nuevos perspectivas en el arte cinematográfico.

Es precisamente por esa condición de su cine, discontinuo, un poco experimental y que se aleja de los canones del cine comercial, que la argentina no le da importancia al significado de un premio, ya que su cine siempre ha sido un poco inclasificable y en ese sentido escapa a la mirada “educada” de los jurados de los festivales de primer nivel y, por ende, a sus premiaciones.

En ese momento nadie imaginó que el comentario de la directora fuera tomado en cuenta y que se hiciera realidad en la versión 59 del Ficci. Felipe Aljure, cineasta colombiano, quien llegó a mediados del 2018 como director artístico del certamen, la acogió y por esto, no se hizo la premiación en las categorias habituales: Competencia oficial ficción, Documental, cine colombiano, Competencia oficial cortometraje, Nuevos creadores y cemas.

En su lugar aparecen otras categorias: Migración y mestizaje, Documentes, Póngase serie (en donde se seleccionaron cinco series web colombianas), La gente que hace cine y lo que el cine le hace a la gente, Onda corta, De Indias, Hace calor, Ficciones de aquí, de allá y de acullá, Cortizona y Omnívora. Esta clasificación, al parecer, aborda desde una perspectiva de territorio e identidades las diferentes formas de representación que pueden sincronizarse en nuestro espectro cultural y en donde no se premió ningún filme, sino que se exhibieron y circularon dentro de la programación del festival.

El intempestivo cambio ha generado diversas lecturas, algunos, un poco burlándose de los simpáticos nombres de la nueva clasificación, argumentando que el evento le habría dado una especie de síndrome de Peter Pan. Una vez logrado posicionarse como el más importante de Iberoamérica, ahora estaría jugando con los logros de un proceso de identidad que tardó años en consolidarse.

Uno de los mayores críticos ha sido Pedro Adrián Zuluaga, columnista de Kinetoscopio, crítico de cine y director de programación del Ficci durante los últimos cuatro años. En su columna Demagogía marca Aljure, publicada en CeroSetenta (Universidad de Los Andes), afirma que esa idea de desmontar la competencia de los premios suena bonita en el papel, pero en la realidad es otra cosa, precisamente, porque las bases de todo el cine iberoamericano, desde las maneras en que se genera y se produce, están mediadas por las bolsas y fondos para el desarrollo cinematogfrafico y en todos estos procesos está presente la competencia.

A propósito, como primer director de cinematografía del Ministerio de Cultura, Aljure diseñó todo el sistema de apoyos al cine colombiano basado, precisamente, en competencias. Estas diversas opiniones son contrapuestas por Manuela Saldarriaga en su artículo.

El debate por los premios en el cine colombiano, publicado también en CeroSetenta. Por ejemplo, Omar Rincón, columnista y crítico de cine y televisión, afirma que es una apuesta interersante tratar de desmontar las categorias de reconocimiento a la cultura, que esta debe generar escenarios en donde los autores y sus obras dialoguen más allá del reconocimeinto de un premio.

Por lo pronto, la versión 59 del Ficci ya se desarrolló, hay que ver si estas nuevas categorías permiten la aparición de otras miradas en el cine iberoaméricano, desmarcadas de la tradición y la élite, porque como lo afirmó Lucrecia Martel, el cine aún está hecho por una élite blanca que desde sus subjetividades y perspectivas construye el mundo y las representaciones del otro.

Por René Palomino Rodríguez*
[email protected]

*Docente del Programa de Artes Audiovisuales de la Unab.

Universidad Autónoma de Bucaramanga