Por: Nikol Díaz Duarte, Sofía Quintero Gutiérrez
ndiaz366@unab.edu.co , squintero247@unab.edu.co
Desde hace siglos, las labores domésticas han tenido nombre de mujer y se han transmitido de generación en generación sin que nadie lo cuestione. Cocinar, limpiar, criar, ordenar, acompañar: tareas indispensables, casi siempre invisibles, subestimadas y, sobre todo, feminizadas. Aunque el mundo ha evolucionado y hoy ellas estudian, trabajan o migran, la pesada responsabilidad de mantener una vivienda funcionando sigue recayendo sobre sus hombros.
Es 10 de noviembre, un día como cualquier otro, en el cual la dinámica diaria de tres mujeres, revelan la realidad de miles que también sostienen sus hogares.
“Mi mamá para mí es lo más importante en mi vida, la que me ha cuidado por tantos años, mantiene la casa en pie y me ayuda en todo lo que puede”. Eso expresa Juan José de su madre, María Isabel Moreno, de 45 años, viuda y dedicada por completo a su familia.

Hoy, como de costumbre, le ganó al sol de Bucaramanga, se lavó la cara y entró a la cocina, iniciando su incansable rutina. Para cuando el barrio despierta, ya ella y su hijo han desayunado para ir a dejarlo en el colegio. Al llegar reza el rosario y continúa: tender las camas, barrer, trapear, ducharse y salir a hacer mercado. En ello se le esfumó gran parte de la mañana.
La tarde es una carrera de relevos. Recoge a Juan José, sirve el almuerzo, lava la loza y, sin descanso, debe llevarlo al entrenamiento. «Él quiere que uno vaya y corra de una vez: vamos allí, vamos allá».

Al llegar del entrenamiento, mientras intenta terminar los oficios pendientes, un grito irrumpe desde la habitación de Juan José:
—“¡Mamá, ayúdame!”
María Isabel deja caer el trapo y corre. Cuando llega se da cuenta que solo la llamó para pedirle ayuda con una tarea. Ella trata de explicarle con lo que puede, y lo que no sabe lo busca. Camila Chaparro, docente de lenguas, comenta que lo más difícil de esta profesión es la paciencia para “aprender y entender primero el tema para explicarles a los estudiantes”. Por eso resalta la labor de las madres que en medio de su día a día cumplen también el papel de docentes.
Cuando cae la noche, tras preparar la comida, por fin se permite un respiro. “Me siento a ver El Desafío y luego La influencer, mi novela favorita, y ya antes de acostarme pongo la alarma de lunes a viernes a las 4:50 de la mañana”.
Doble jornada
Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) del DANE, entre octubre de 2024 y marzo de 2025, las mujeres dedicaron en promedio 7 horas y 35 minutos al día a las labores no remuneradas (domésticas y de cuidado). Aunque se hable poco de este esfuerzo, por lo normalizado que está, estas responsabilidades siguen recayendo principalmente en ellas; y, en muchos casos, además de asumir estas tareas sin apoyo, deben cumplir también con una jornada laboral formal.
Una de ellas es Yeimy Katherin Vega de 40 años. Despierta a las 5:00 a.m. y aquel primer impulso es ir a ver a su mamá de 82 años, que depende de ella para casi todo. Revisa que esté bien y prepara el desayuno para ambas. “Las dos vivimos solas, yo soy la que debo estar pendiente de todas las cosas”.
Antes de salir también organiza el almuerzo, porque tras dejar la casa medianamente en orden sale camino a la institución educativa donde se desempeña en gestión humana. Media hora después de que amanezca ya está frente al escritorio, lista para una jornada que se extiende hasta el mediodía. Después de una hora de almuerzo, regresa para cumplir sus 8 horas de jornada.
Con la poca energía que le queda, sale a caminar para despejarse. Ya en el apartamento, le dedica unos minutos a barrer y trapear para mantener el espacio mínimamente limpio.
—“Ahh, el sábado tengo que ir a clase, luego llegar a lavar ropa, hacer mercado y acompañar a mi mamá que tiene cita médica”.
Un llamado suave desde la habitación la devuelve al presente: “Hija ¿puedes venir un momento?”
Sin pensarlo, deja lo que tiene en las manos y acelera el paso. Al entrar ve a su mamá, sentada al borde de la cama, sosteniendo sus lágrimas. “No es nada grave, solo recuerdos”, dice ella, pero Yeimy ya conoce ese temblor en la voz; se sienta junto a ella, la toma de la mano y, en silencio, acompaña esta melancolía.
Esa es su otra ocupación, ser un soporte emocional, un pilar.
—“Escuchar requiere dejar a un lado los problemas propios para centrarse en los pacientes”, comenta Melisa Flórez desde una postura profesional en salud mental.
Pero Katherin no es psicóloga y, sin embargo, vive eso cada día, sin consultorio, sin horarios, sin descanso.

Al otro lado del continente
En Colombia, más del 90% de quienes realizan labores del hogar no remuneradas son personas de género femenino. Se calcula que alrededor de 7.1 millones, según el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), se dedican a estas tareas.

Mientras el día avanza en Bucaramanga, María Eugenia Rueda, a más de seis mil kilómetros, cuenta que la cultura es muy diferente “cuando voy a las viviendas de mis amigas, casi no hacen nada. Realmente, el hombre es el que hace todo. Si una mujer está en la casa, son muy considerados y si trabaja, más”. Actualmente vive en Calgary, Canadá con su esposo, pero a diferencia de muchas canadienses, cumple el mismo rol que María y Katherin, porque en su entrono vive impregnada la cultura machista colombiana.
A diferencia de lo que ve en el entorno, a ella hoy, como siempre, le tocó levantarse a las 5 de la mañana y hacerlo todo. Maneja cuarenta minutos hasta la oficina, donde la jornada va desde las 6:30 a.m. hasta casi las 4:00 de la tarde. De regreso, se cambia y empieza a cocinar.
“Ah, hay muchas cosas que hacer en una casa definitivamente”.

Luego de cenar, lava los baños, barre, trapea, alista la ropa y el almuerzo de la semana para ella y su esposo; así ahorra tiempo en la semana. Este momento cotidiano también hace parte de la vida de Diana María Gómez, jefa de cocina del restaurante El Chavo, quien reconoce que “lo más difícil de cocinar es dirigir el menú, planear qué se va a hacer, qué puede combinar”.
A las 8:00 p.m. por fin siente que puede respirar.
— “El día se acaba muy rápido, no hay mucho tiempo para descansar”.
https://www.youtube.com/watch?v=_FaIPzsu-ZQ: La desigual distribución de responsabilidades domésticas en los hogares colombianos.





