Escrito por: María Camila García Jurado – mgarcia575@unab.edu.co y Neidy Yuritza Carrillo Higuera – ncarrillo674@unab.edu.co
El siete de diciembre de 2022 Annie Ernaux recibió de la Academia Sueca el Premio Nobel de Literatura; en su discurso de recepción resaltó con voz firme “sigo preguntándome por el lugar que ocupan las mujeres en el campo literario. Su legitimidad para producir obras aún no está ganada”. A sus 82 años, la escritora se convirtió en la decimoséptima mujer, y en la primera francesa, en recibir este premio, de los 119 laureados hasta ese momento.
Lo que la escritora del libro “El acontecimiento” (2000) enfatizó aquel miércoles no es otra cosa que un reclamo vehemente sobre un problema de fondo del cual se habla más recientemente: la invisibilidad histórica de la mujer en la literatura, una sombra que se busca revertir en las últimas décadas, aunque el camino todavía es largo. “El reconocimiento de mi trabajo es una señal de esperanza para todas las escritoras”, auguró Ernaux.

Las cifras sustentan el reclamo, pues la cuota femenina no supera el 15% en el Premio Nobel de Literatura: de los 120 laureados desde 1901 hasta 2023, las mujeres ocupan el 14,2%. La primera galardonada fue la novelista sueca SelmaLagerlöf, en 1909; la última, Ernaux, en el año 2022.
Por su lado, el Premio Cervantes, el más importante de la lengua española, ha sido otorgado, desde 1976 hasta 2023, a 49 personas; solo 6 son mujeres (12,2%): María Zambrano (1988), Dulce María Loynaz (1992), Ana María Matute (2010), Elena Poniatowska Amor (2013), Ida Vitale (2018) y Cristina Peri Rossi (2021).
Para Erika Zulay Moreno Bueno, docente del Programa de Literatura en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, las mujeres han sido invisibilizadas en las diferentes esferas de la vida pública, no solo en el ámbito literario, porque “el rol que se le había asignado en la sociedad se desempeñaba dentro del espacio íntimo: en el hogar, con sus padres o su esposo e hijos; o en un convento”.
Moreno Bueno resalta que siempre ha existido producción literaria femenina, pues las mujeres pertenecientes a una alta clase social o con gran capital eran educadas: “Por eso la primera obra firmada con nombre, no como anónimo, es la de una mujer: Enheduanna”; sin embargo, es difícil calcular el total de creaciones a lo largo de la historia “pues muchas de ellas fueron firmadas con seudónimos masculinos” dado que asumir su autoría suponía transgredir los límites sociales y exponerse a las críticas.
Conozca, en la infografía interactiva, a las escritoras que históricamente debieron acudir el anonimato.
Roberto Sancho Larrañaga, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, ubica el cambio en la tendencia de la visibilidad femenina en la literatura, hacia la década de los sesenta, aunque mucho más reciente en Colombia: “empieza con la liberación sexual, el movimiento hippie; liberación que se va a concretar poco a poco en la literatura. A Colombia, llega a principios del siglo XXI, 40 años después”.
Como parte de los esfuerzos por cambiar esta tendencia histórica, Colombia lanzó en marzo del año 2022, con el respaldo del Ministerio de Cultura, la Biblioteca de escritoras colombianas, una iniciativa de rescate, visibilidad y promoción de. 18 títulos de las autoras nacionales más representativas, nacidas desde la Colonia hasta la primera mitad del siglo XX, y provenientes de diferentes regiones, contextos sociales, económicos y culturales.
Algunas de las autoras, cuya obra ha sido recuperada y editada por la Biblioteca de escritoras colombianas, son: Francisca Josefa de Castillo, monja y escritora mística nacida en el siglo XVII; su relato autobiográfico se considera la primera publicación firmada por una mujer en Colombia, en ella relata sus experiencias y sufrimientos en el convento, ofreciendo una visión única de la vida de las mujeres en esa época. Soledad Acosta de Samper, escritora prolífica e historiadora, nacida en el seno de una familia burguesa en el siglo XIX, en sus obras desafía las prescripciones de género y se esfuerza por insertar a las mujeres en la construcción de la nación; y Olga Chams Eljach, poetisa tradicional, que escribía bajo el seudónimo de Meira Delmar para no ser reconocida por su padre, un hombre al que describió como severo.
Pilar Quintana, escritora y ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2021, ha estado al frente de la coordinación editorial de este proyecto y en este contexto expresó: “Las escritoras colombianas son más leídas que antes, pero la brecha sigue siendo grande. Creo que nuestro país es uno de los más desiguales en ese aspecto. Entre el 70% y el 90% de libros de literatura que se publican son de hombres. Lo mismo pasa con los premios, se los llevan ellos”.
Conozca más sobre las mujeres editadas recientemente por esta iniciativa nacional, transitando por el contenido interactivo de la presentación.
Para Angie Daniela Ortega Rey, filósofa egresada de la Universidad Industrial de Santander e investigadora de asuntos de género y literatura colombiana y femenina, este campo ha sido predominantemente masculino en el país: “inicialmente, la edición de libros en Colombia se limitaba a pequeñas imprentas. Las mujeres escribían, pero sus obras a menudo se perdían debido a problemas de distribución y a las barreras de género. Además, sus vivencias y dramas domésticos eran subvalorados y recibían poca atención, mientras que los escritores se centraban en temas considerados como más importantes o universales”.
Las ferias de libros, espacios reconocidos para la promoción de la lectura, con obras y personas creadoras, han reflejado en el tiempo la invisibilidad de la literatura femenina. Ulibro, una de las 26 ferias del libro en Colombia, iniciativa organizada por la Universidad Autónoma de Bucaramanga desde hace 21 años en la misma ciudad, ha recibido grandes personalidades como Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de Paz en 1990; John Maxwell Coetzee, Premio Nobel de Literatura en 2014; los escritores colombianos Héctor Abad Faciolince, Mario Mendoza, y las escritoras Piedad Bonnett e Irene Vasco.
En la galería fotográfica exhibida en el segundo piso del edificio D de la UNAB sobre los invitados especiales de Ulibro desde el año 2003 hasta 2016, de las 99 personalidades registradas, solo 18 son mujeres (18,2%). Si tomamos como referencia este registro fotográfico, podría decirse que la historia de Ulibro fue también en sus inicios, predominantemente masculina.
Haga clic en las distintas imágenes que representan a Ulibro en el tiempo, en la galería interactiva.
En comparación, la reciente edición 2024 “Palabras Vivas” expresa una tendencia de cambio en la visibilidad de la mujer. Según los datos extraídos de la página oficial de la Ulibro, las personalidades invitadas, dedicadas a distintas disciplinas, suman un total de 205, 80 de las cuales son exponentes literarios, 44% mujeres.

Para Lynda Vanessa Bula Barbosa, coordinadora de contenidos de la feria Ulibro, este incremento responde a un esfuerzo de la organización: “Desde 2021, año desde el que hago parte del comité editorial organizador, he trabajado para que una gran cantidad de mujeres sean invitadas. Para el comité es muy importante que haya diversidad y por ello intentamos tener un gran volumen de invitadas, no sólo escritoras, también artistas, moderadoras y panelistas”.
De acuerdo con Karen Patricia Vásquez, directora de Ulibro 2011 – 2014, este cambio es consecuencia natural del ambiente que rodea al mundo de la literatura: “Responde al boom del feminismo, a que las editoriales les han abierto más las puertas a ellas y a que se han propiciado más espacios para editoriales independientes, donde el espectro de posibilidad de que una mujer publique es amplio”.

“Actualmente, este enfoque de género ha obligado a los escenarios culturales a pensar en cómo crear paridad. Se siguen teniendo dificultades, pero agradezco y aplaudo los esfuerzos que hacen eventos como Ulibro para empezar a saldar esa deuda de la equidad de género en la literatura, en su representación y en cómo las mujeres también escribimos mundos diferentes”, manifestó Yira Miranda Montero, activista y defensora de los derechos de la mujer, en entrevista realizada durante su asistencia como invitada especial a la edición 2024.
Esteban Carlos Mejía, escritor y ganador del Primer Premio Nacional de Novela de la Universidad de Antioquía en el 2000, también entrevistado en el marco de Ulibro, reconoce: “el mundo ha cambiado y las mujeres están ocupando los espacios que se les negaron, el espacio del que fueron expulsadas. Su voz literaria cada vez alcanza más profundidad, sensibilidad y exquisitez”, mientras que vaticina jocosamente un futuro próximo con dominio mundial femenino.
Erika Moreno reconoce los avances de visibilidad de la mujer en los festivales pero considera que todavía falta camino por recorrer. Señala como limitaciones por remediar la poca participación de mujeres provenientes de contextos desfavorecidos y de invitadas a eventos internacionales de muestra literaria nacional.
“La pregunta es si esas autoras están representando de formas diferentes a la mujer en sus escritos, no solo de la manera tradicional, en el hogar, propia de la visión patriarcal” termina advirtiendo Larrañaga.
Las expectativas son desafiadas en los escritos de Annie Ernaux, cuyas letras exploran realidades y vivencias que van más allá del rol tradicional. Esta escritora merecedora del Premio Nobel, aborda temas que probablemente hubieran quedado ocultos en la agenda de la producción literaria masculina: la identidad de la mujer en la sociedad contemporánea, la sexualidad, la lucha por la propia voz y la independencia. Su afán en la literatura ha sido, como concluyó en su discurso del año 2022, “inscribir su voz de mujer y de tránsfuga social en lo que se presenta todavía como un lugar de emancipación”.





