Por Sara Sofía Morales Solano / smorales140@unab.edu.co
A los siete años un niño está pensando en qué caricatura verá en la ‘tele’ al salir de clases, si jugará a las escondidas o al ponchado en el recreo o si el domingo será día de ir al parque o al centro comercial. Bueno… más que lo usual, sería lo ideal. La infancia de Paloma Bahamón nunca fue así, porque a los siete años estaba pensando en ser escritora y porque su familia siempre estuvo rodeada de peculiaridades, cosas que uno no acostumbra, pero que son las que la formaron como la mujer que es ahora.
Paloma creció en un hogar donde lo cotidiano resultaría ser lo extraordinario para los demás. Su madre, católica y creyente de la brujería, fue profesora de ciencias sociales y lectora, pero no solo de libros, ella leía las cartas, el cigarrillo, la mano…
“…¡Ah, y chocolate!, ¡era buenísima leyendo el chocolate!”
A esto súmenle que en lugar de cuentos infantiles, como Caperucita Roja, le narraba historias sobre Catalina la Grande, Cleopatra y Manuela Sáenz. Mujeres fuertes que se tornaron en sus pilares narrativos y el pan de cada día en su imaginación.
“Yo juraba, Sara, que todas las casas del mundo eran iguales”, me cuenta Paloma mientras recuerda el momento en que descubrió lo único que era su hogar. A los ocho años, como alguien llevaría un trompo o una muñeca al colegio, llevó una baraja española y se dedicó a leerle las cartas a sus compañeras. Sin entender el porqué, recibió una citación a sus padres y fue acusada de tener “conductas brujeriles”. ¿Lo más chistoso? Que la rectora, quien más se alarmó por esta actividad, en su momento le pidió una lectura de cartas a la madre de Paloma.
“La doble moral”, dice tras contar la anécdota.
No fue solo su mamá quien influenció su formación. ¿Se acuerdan cuando les decía cuáles solían ser los planes de un niño en un domingo? Bueno, resulta que el padre de Paloma, un abogado, ateo y comunista, se encargaba de llevarla a visitar cárceles; así, sus planes dominicales eran ver a los presos jugar fútbol o tejer chinchorros.
“Brujas y cárceles, ¿qué se puede esperar de mí? Yo creo que no he hecho sino repetir ese origen familiar”
Hoy, Paloma Bahamón es autora de libros como Agua Fuerte, Mística Psicodélica y Un día en el 76. Cada una es testimonio de su infancia inusual llena de lecturas sibilinas y discusiones sociopolíticas. Quizás, el mayor legado de esa crianza es su capacidad para fusionar lo espiritual, lo académico, lo personal y lo político, todos esos elementos aparentemente dispares que en sus obras se muestran homogéneos. O, de pronto, es su receptividad y que no teme explorar lo marginado, los no-lugares.
“Afortunadamente la vida me ha puesto en lugares incómodos, ollas, cárceles, cementerios, y de todo eso hago literatura”.
Por su naturaleza espiritual, gran parte de su proceso creativo es intuitivo, hay una afectividad por sus personajes que parece que hasta le dictaran cómo debería continuar una historia: “Ellos cobran vida, le hablan a uno”, cuenta. “Hay una especie de espíritu que no se apodera de uno, pero sí lo orienta a uno”.
Y más allá de estas “corazonadas”, también está la estructura. Desde joven, Paloma mantuvo diarios donde registraba ideas y detalles sobre sus personajes o escenarios; tiene una obsesión por los datos precisos y los acontecimientos históricos: claro, es socióloga. Aunque es un rasgo distintivo de sus textos, ella admite que ha tenido que aprender a equilibrar la solidez de su investigación con la fluidez narrativa para mantener al lector atrapado.
“Yo quisiera hacer cosas que la gente agarre, lea y fluya. Y eso no es fácil de hacer, pero es lo que espero”.
Ese rigor, pero también esa sensibilidad mística que tiene Paloma no la había presenciado antes, hasta que la escuché hablar por primera vez en aquel conversatorio de Ulibro. Ahora entiendo que viene de esa dualidad parental y de su formación. Según ella “el universo interior que uno tiene se vierte en letras». Por eso, en sus obras combina elementos esotéricos con referencias históricas precisas. Un día en el 76, es una novela que escribió durante un período difícil, en el que enfrentaba un cáncer y el nombre de cada capítulo, con respecto a su contenido, no podría ser más diciente de la persona que es Paloma: El colgado, El loco y La estrella.
“Qué bueno”, dice Paloma, cuando piensa en lo distinta que es su forma de ver el mundo. Porque es gracias a esa mirada única que ha logrado construir universos literarios tan fascinantes como ella misma.
![15 PALOMA 16 9[1]-min](https://www.periodico15.com/wp-content/uploads/2025/04/15-PALOMA-16-91-min-1021x580.png)




