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En lebrija nadie se salva de la falta de agua

El pasado 28 de octubre la Dirección de Gestión de Riesgos y Desastres y la Gobernación de Santander, liderada por Richard Alfonso Aguilar Villa, declaró al municipio de Lebrija en calamidad pública debido al desabastecimiento de agua potable.

El municipio de Lebrija, ubicado a 17 kilómetros de la capital santandereana, completa seis meses sin recibir el suministro de agua potable de manera constante debido a la sequía de las cuencas hídricas que abastecen a la población. Según la Dirección de Gestión de Riesgos y Desastres de Santander el fenómeno de ‘El Niño’, que se encuentra en su punto más fuerte, ha generado el desabastecimiento del líquido y obligado a las entidades públicas a recurrir a la ayuda de carrotanques para llevar agua al municipio.

La laguna Piedras Negras, que abastece el acueducto, se encuentra en estado crítico y disminuyó el nivel de su caudal por causa de la sequía, la succión indiscriminada de las motobombas y las prácticas agrícolas.

Por su parte el humedal La Angula, que abastecía a la zona rural, tiene aproximadamente 20 mil pinos sembrados a su alrededor y se estima que cada pino consume diariamente dos litros de agua que deja un total de 40 mil litros que salen de este humedal. Sobre este particular, el médico veterinario, zootecnista y experto en huertas biológicas, José Alberto Pallares Mazzeo, explicó que “el problema de reforestar con pinos cerca de un humedal es que consumen mucha agua, a la vez que absorben los minerales del suelo, y dejan la zona en un estado de sequía”.

Según Pallares, “lo ideal era reforestar con Aro (Trichanthera gigantea)”, un árbol característico por la producción de agua, el bajo costo y su supervivencia en climas templados.

Así se abastece a la población
Según el director de Gestión de Riesgos y Desastres de Santander, Ramón Andrés Ramírez Uribe, la decisión de declarar al municipio en calamidad pública se dio después de “hacer una revisión del plan específico donde se encontró la necesidad de acceder a unos requerimientos de orden superior”.

Estos requerimientos, a los cuales hace referencia Ramírez Uribe, le permitieron al municipio contar con la ayuda de 15 carrotanques tipo cisterna que transportan el agua desde los municipios de Bucaramanga, Girón y Piedecuesta, y que le generan un costo de 30 millones de pesos diarios a la Gobernación, todo ello amparado bajo la Ley 1523 de 2012 por la cual se adopta la política nacional de gestión del riesgo de desastres.

La Empresa de Servicios Públicos Domiciliarios de Lebrija, ESP, diseñó un sistema de distribución de agua a la comunidad en el que el área urbana fue dividida en cuatro sectores. El fundador y jefe del cuerpo de bomberos de Lebrija, Luis Emiro Cáceres, explica que “se están haciendo ocho viajes diarios y que el carrotanque tiene una capacidad de cuatro mil litros cúbicos de agua. Las empresas públicas dan un listado de los sectores a los que se les debe llevar el agua por días y se manda cada cuatro o seis días por sector”.

Aunque afirmó que es consciente de que el líquido no alcanza para suplir las necesidades básicas por el lapso establecido, se le está enseñando a las personas a hacer racionamiento.

Otros afectados
Son cerca de 38 mil 600 lebrijenses, entre la zona rural y urbana, los que sufren las consecuencias de este cambio climático que también ha afectado los cultivos de cítricos, tomate, habichuela, guayaba y cacao de la zona, generando un aumento en el precio de los alimentos de la canasta familiar.

Los agricultores, que se encuentran en la periferia de la “Capital Piñera” del país, cuentan con dos acueductos, el municipal y el veredal, por los que cancelan el servicio de agua, sin embargo, el líquido no llega y muchos de sus animales, entre ellos ovinos, cerdos y gallinas, han muerto por el contagio de enfermedades, la sequedad del pasto y la deshidratación.

Aunque Ramírez Uribe aseveró que la sequía se debe, en parte, al mal uso que se le da al agua en zonas rurales, Albert Alexander Arciniegas, agricultor lebrijense, afirma que “están bastante afectados porque el agua es racionada, los carrotanques llegan cada cuatro días y el acueducto veredal funciona solo de vez en cuando en las madrugadas”. Su cultivo de cacao, que tarda dos años en dar frutos, provee tres cosechas anualmente, pero desde 2015, “no ha dado cosecha ni grande ni pequeña” porque “las altas temperaturas hacen que la flor se caiga”.

La falta de agua en Lebrija y el estado de calamidad pública obligaron a las entidades municipales y departamentales a buscar nuevas alternativas para la adquisición del líquido; por ello, se adelantan obras de perforación de pozos en el parque principal. Dicha perforación “genera 14 mil litros cúbicos de agua y de ahí se llenan diez veces al día los carrotanques para abastecer al pueblo”, según lo afirmó Javier Sierra, conductor de la zona.

Aunque esta es una medida que por el momento ayuda a contrarrestar el problema, Pallares Mazzeo insiste en la necesidad de “realizar estudios constantes del agua que se saca del pozo para descartar presencia de metales, como hierro”. Otro de los factores que preocupa a los lebrijenses es la prioridad que han mostrado las entidades públicas por las constructoras que adelantan obras residenciales y algunos de los propietarios de las avícolas. “Ellos pagan 600 mil pesos diarios por cada carrotanque y acá hay prioridad para quienes tienen plata para pedir el camión con agua”, aseguró Sierra.

El municipio también presenta problemas de altitud en algunas zonas que se encuentran alejadas del centro y que no pueden recibir el servicio de agua por el acueducto sino que, como lo relata Néstor Camilo Duarte, habitante del barrio La Esmeralda, “las personas deben esperar el carrotanque que llega cada 13 o 15 días, les toca hacer fila y no les dan suficiente agua”.

Pese al desabastecimiento que se vive y a la falta de un suministro constante, los habitantes han notado un aumento en los recibos de pago del acueducto que se encuentra entre 10 mil pesos y 20 mil pesos.

Este sobrecosto, según lo explica Ramírez Uribe, se debe a que “hay que pagar los gastos de los carrotanques, los peajes, el combustible, los conductores y la alimentación”. Los incendios forestales que se presentan en la zona boscosa del municipio representan otra amenaza, ya que el cuerpo de bomberos, conformado por 20 voluntarios, no cuenta con los recursos necesarios para atender la situación y deben esperar a que los bomberos de Bucaramanga lleguen a reforzarlos.

Pese a que la mayoría de los incendios se dan por el aumento de la temperatura en la región, algunos agricultores de las parcelas aledañas realizan quemas de desechos para preparar la tierra para la época de cosechas. En el año 2015 se registraron 32 incendios y en lo corrido del año ya van 16, según lo informó el jefe de bomberos de Lebrija.

Por Valesca Alvarado Ríos
[email protected]

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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