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Leer el futbol: la poesía de Eduardo Galeano

El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano. /FOTO DE INTERNET

Qué diferencia existe entre patear un balón y leer sobre fútbol? En la primera acción vamos detrás de una pelota que añoramos se dirija hacia donde el triunfo sea nuestro, una pelota que algunos de sus célebres amantes han llamado: “la caprichosa”, “el esférico”, “el cuero”, “el proyectil”. En la segunda, jugamos dentro y fuera de las canchas, podemos imaginarnos en otros lugares y en otras épocas. Imaginamos a Ghiggia marcando con derecha y silenciando las gradas del Maracaná; a Maradona levantar la “mano de Dios”; a la Naranja mecánica de Cruyff adueñándose de la pelota o a Rincón y Valderrama rebasar los muros alemanes con pases a un toque.

Por esto, el fútbol leído no es menos interesante que el fútbol que jugamos. Solo es una manera diferente de liberar una pasión que muchos sentimos y que pocos son capaces de explicar con la claridad de un pase de Iniesta o con el hechizo de un remate de Roberto Carlos que parecía salirse del estadio y terminó dentro del arco. Así como son pocos los dotados que logran que la pelota infrinja las leyes de la física, son pocos los que poseen el don de la palabra para contarnos el fútbol.

Y ese don ha sido otorgado por los dioses del Olimpo a un uruguayo que, como nosotros, también soñó alguna vez con ser jugador profesional y vestir el uniforme del equipo de sus amores. Eduardo Galeano, maestro de la metáfora, mediocampista capaz de convertir este deporte en una obra maestra de la poesía, nos regaló una jugada que quedará para siempre en nuestros anaqueles como el mejor trofeo de las letras, un libro llamado: El fútbol: a sol y sombra.  

Durante varios años, este charrúa decidió relatarnos la historia del fútbol, sus anécdotas, sus orígenes, sus influencias sociopolíticas, sus mejores y peores jugadas. Y todo esto lo encontramos en este poemario del balompié que expertos y aficionados han llamado inequívocamente: “la biblia del fútbol”. En más de 200 páginas, el poeta uruguayo logra que musas, dioses y mortales se maravillen con las peripecias de uno de los deportes más populares del mundo.

Eduardo Galeano. /FOTO DE INTERNET

En A sol y sombra sabemos que el “gol”, esa palabra que deseamos hacer solo nuestra, es realmente “el orgasmo del fútbol”. La sentimos como un éxtasis de amor y locura; por eso pretendemos apoderarnos de ella y esconderla en la cueva del Cancerbero para que el otro equipo jamás la posea. Nos enfadamos o estamos de acuerdo, según el marcador, cuando por un momento el césped se transforma en un enorme teatro donde un jugador “se pone la máscara” y actúa su peor tragedia. Aceptamos que el árbitro es un personaje necesario, porque siempre debe existir alguien a quien echarle la culpa o, simplemente, odiar con todas nuestras fuerzas.

En este libro el fútbol es el tema y la poesía es una acción de juego. Abrimos una página y recibimos un pase de gol en tiempo extra. Leemos un ensayo y sentimos cómo la brisa levanta y sostiene a Hugo Sánchez para marcar de chilena. Nos encontramos a Garrincha ejerciendo sus “picardías de malandra en las canchas”, mientras advertimos las “veloces y goleadoras piernas” de Gullit.

Pero como en la poesía, el poeta también debe recordarnos que el fútbol es parte de la vida y en la vida no todo es gozo y buenas acciones. Como si fuera parte de una tragedia griega, el fútbol también ha traído consigo el odio incontrolable, la dicha y el infortunio, la deshumanización de los personajes, la traición y la muerte de los héroes. Galeano, el poeta del fútbol, nos recuerda que no todos podían jugarlo, no todos fueron tratados como iguales y no todos sobrevivieron a un autogol.

Por Julián Mauricio Pérez G.

jperez135@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga