Retrato nocturno con luz de flash y rayo de luz con linterna. Valle de los deseos, Desierto de La Tatacoa (Huila, Colombia). /FOTO MARÍA PAZ RODRÍGUEZ BARRERA

Por María Paz Rodríguez* [email protected] Instagram: @mp.rodriguezb

Suena el obturador y comienza la espera. Son las 8:30 de la noche y la oscuridad es casi absoluta. El silencio se rompe por el sonido de los pasos y la luz de las linternas. Se ve el desierto.

El maletín en la espalda tiene los elementos necesarios: memorias SD con capacidad suficiente para almacenar el material, una batería extra para la cámara, un lente 50 mm y en la cabeza una linterna para dejar las manos libres y poder caminar.

“¡Apaguen la luz por favor!”. La voz que trae esta petición llega de cualquier parte, no se localiza por la inmensidad del lugar. Con enojo algunos de- tienen las cámaras. A lo mejor una buena fotografía se perdió.

Es el desierto de la Tatacoa. Tierra gris, rojiza, suelo árido, arena, cactus, rocas cuyo color cambia por la luz del día o de la noche. Uno que otro animal integra el paisaje de 330 kilómetros cuadrados de ese escenario natural, ubicado a una hora de Neiva, capital del departamento del Huila, ideal para la observación astronómica y para la fotografía nocturna.


La Vía Láctea sale por el Este y se pone por el Oeste, y en verano, aunque la estela de estrellas sigue siendo visible, no es posible ver su centro galáctico. /FOTO MARÍA PAZ RODRÍGUEZ

El orden de los factores sí altera el producto
Ajustar el diafragma, el ISO, la velocidad, el balance de blancos, encuadrar a oscuras, obturar, esperar y repetir las veces necesarias hasta obtener el resultado ideal.

Hacer fotografía nocturna no siempre requiere los mejores equipos pero sí de mucha paciencia. Además, conocer el lugar en donde se van a tomar las fotografías también ayuda bastante.

Hacer un scouting (exploración) diurno permite pensar los planos, los diferentes espacios con los que se puede jugar a la hora de componer la fotografía y sobre todo, los espacios por dónde moverse en la noche, porque perderse en el desierto es muy fácil.

El clima es el principal enemigo. Guiarse de las predicciones climáticas es de gran ayuda pero no siempre es fiable, como en este caso. Aunque no llovió durante los tres días que estaban destinados para hacer este trabajo, la noche anterior a la llegada al desierto, el aguacero que cayó en el lugar fue fuerte.


Galería El Cuzco. Desierto de La Tatacoa (Huila, Colombia). /FOTO MARÍA PAZ RODRÍGUEZ BARRERA

A pesar de haber llegado casi 24 horas después, el acceso a las galerías era difícil porque el camino estaba enlodado. El bus que nos llevaba no lograba pasar por la vía de acceso a “El Cuzco”, la galería más cercana y menos riesgosa para la actividad. La entrada más cercana, menos riesgosa era esa. En algunos lugares el lodo cubría completamente el pie y al dar el paso, el zapato se enterraba. Para lograr una fotografía del cielo nocturno sin contaminación lumínica producida por el hombre, es necesario conocer que la escala de luz va de 1 a 8, siendo 8 el escenario menos adecuado y 1 el escenario ideal, escala según la cual el desierto de La Tatacoa se encuentra en un 4 o 5, dependiendo de qué tan adentro se encuentre uno.

Los fenómenos naturales también se deben conocer. La luminosidad y las fases de la luna, la hora en que se pone el sol, la dirección del viento, las constelaciones visibles en cada época del año, la contaminación lumínica y hasta las lluvias de estrellas que son constantes a lo largo del año. Pero no siempre son intensas ni visibles y aunque verlas es solo cuestión de saber hacia dónde mirar, capturar una en una fotografía es casi una cuestión de suerte.

Es necesario conocer y ubicar los puntos cardinales para capturar la Vía Láctea, conocer previamente por donde va a salir y estar en guardia por lo menos hasta media noche, dependiendo de cómo sea su trayecto por el cielo y de qué foto se quiera hacer, pues para capturar el arco completo, hay que esperar hasta que haya salido completamente.

La incomodidad de las locaciones
Esa noche las montañas, que son de tierra y piedra, se encuentran en similares condiciones que el suelo enlodado, y recostarse o intentar subirse en ellas era riesgoso. Varias horas toma hacer buenas fotografías del cielo nocturno. No son 3, 4 o 5 disparos. Pueden ser 100 fotos que, a prueba y error, dejan solo unas cuantas tomas que se pueden seleccionar.

Los obturadores no paran de sonar a intervalos de 20, 25 o 30 segundos. Para capturar el centro galáctico de la Vía Láctea hay que dirigir la mirada -y la cámara- hacia el cielo del noreste.

A las 10 de la noche, con un cielo total o parcialmente despejado, debería ser visible para la cámara, justo debajo de Júpiter que es la estrella más luminosa que se asoma en el horizonte. Queda un poco más de una hora para ajustar los parámetros de la cámara y encuadrar hasta encontrar el plano perfecto sin incomodar a los demás.

“¿Alguien está obturando? Necesito prender la linterna para poder caminar”, expresan, porque quedarse en un solo lugar es limitar los escenarios naturales que se pueden encontrar.

Cambiar de locación abre las posibilidades a nuevas composiciones, a nuevos colores, a nuevas imágenes. Incluso, hay una cierta sensación de libertad y de confianza que permite no tenerle miedo a la configuración de la cámara y llevar los ajustes de está al límite.

FOTO MARÍA PAZ RODRÍGUEZ

El ojo no todo lo ve

El ojo humano y la cámara ven a velocidades y longitudes de onda diferentes. A simple vista, el cielo y el espacio no se ven como se muestra en las fotos. El espectro de luz visible para los humanos se encuentra en el rango de los 380 nm a los 740 nm** que, en otras palabras, son los colores que percibimos. En cambio los sensores de las cámaras, los escáneres y los telescopios están diseñados para capturar un rango de luz mucho más amplio.

La mayoría de los objetos celestes, vistos sin un procesador de imagen, se perciben en escala de grises. Las estrellas no son solamente blancas, hay azules, amarillas, naranjas y rojas, dependiendo de si son estrellas jóvenes -las azules- o si son estrellas viejas -las rojas-, y ver la Vía Láctea por primera vez, si no se sabe que es eso lo que se está viendo, puede resultar decepcionante. La ventaja es que está visible durante todo el año, aunque no siempre se logra apreciar el centro galáctico que, por su cantidad de estrellas, es la parte más llamativa a la vista.

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Valle de los deseos, Desierto de la Tatacoa (Huila, Colombia). /FOTO MARÍA PAZ RODRÍGUEZ BARRERA

Si el firmamento está nublado, la percepción que da la galaxia es que hay una nube que nunca se dispersa y se mueve constantemente con un grupo de astros que sí se ve tenuemente más luminoso que el resto del cielo. Por el contrario, si está despejado, cuando el núcleo de la Vía Láctea comienza a hacerse visible la sensación que da es que está nublando porque lo que se ve es un halo blanco y delgado que pareciera no dejar ver las estrellas.

Los retratos son las fotos que más llaman la atención, son difíci- les de lograr y requieren de trabajo en equipo. La luminosidad de la Vía y de las estrellas, aunque no lo parezca, es bastante y de gran ayuda y, pese a que no alcanza para iluminar perfectamente a la persona que aparece en la foto, es suficiente para lograr una silueta.

Trabajar con luz artificial para lograr un buen retrato es más que necesario pero hay que saberla utilizar. Flash, linterna o luces cálidas sirven para lograr el objetivo. Como cada toma entre 20 y 30 segundos, el personaje debe estar todo es tiempo lo más quieto posible, sobre todo durante los pocos segundos en que la fotografía se expone a la luz artificial. De lo contrario, el resultado es una silueta semitransparente y borrosa.

*Productora Unab Radio.
**La medida nm se refiere a los nanómetros, radiación de energía electromagnética que se puede con- cebir en forma de onda.

Universidad Autónoma de Bucaramanga