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Los oficios del más allá

Todos tienen algo en común: han perdido el miedo a la muerte, la ven como algo normal, como cualquier trabajo. La sensibilidad se les acaba con el tiempo, como a sus “clientes” se les acaba la vida.

Al momento de realizar el traslado de un cuerpo los conductores de carrozas fúnebres no pueden ir a más de 40 kilómetros por hora. / FOTO ÉDGAR FABIÁN ORTIZ OLIVEROS

Por Édgar Fabián Ortiz Oliveros

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“El hombre es un animal de costumbres” es la frase que define a la perfección cualquier oficio involucrado con la muerte, ya que esta pasa a formar parte del día a día y se normaliza, se aprende a vivir con ella, y vivir de ella, se asimila convertirse en su delegado en el mundo terrenal.

Es el caso de Argemiro Vargas, quien lleva 12 años como sepulturero del Cementerio Católico Arquidiocesano de Bucaramanga, ubicado en la calle 45 No. 12-08 en el barrio Campohermoso. Vargas explica que es un trabajo de tiempo completo en el que hay que estar preparado para hacer de todo, con la jornada comenzando en la madrugada se debe levantar a las 3:00 a.m. para estar listo: “Todos los días se comienza a las 4:30 o 5:00 de la mañana, de ahí hasta las 8:00 a.m. se realiza el proceso de embellecimiento del parque para que el público lo encuentre aseado y bonito. Después cada uno de los trabajadores se va a cumplir la programación que le corresponda en el día, ya sea sepulturero, en el horno, zonas verdes o en la obra”.

Si se tuviera el poder de saber la cantidad de actos, rituales, rezos, promesas y diferentes artimañas que la gente en todo el mundo hace para huirle a la muerte, el porcentaje de asombro sería directamente proporcional al de los individuos que dedican su vida a convivir con ella. Y es que no es solo ser sepulturero, en el grupo de trabajos que produce la parca también están los jardineros, las decoradoras fúnebres, los tanatólogos y los conductores de carrozas.

Primer acompañamiento

Óscar Cortés es conductor de carrozas fúnebres desde hace 15 años, en la actualidad trabaja en Puerto Wilches con la funeraria La Eternidad; no tiene horario fijo, tiene que estar listo las 24 horas del día para cuando lo soliciten para un traslado o recoger un cuerpo. Los muertos son retirados de residencias familiares, hospitales, clínicas, Medicina Legal, calles, carreteras y sitios rurales, luego de haberse cumplido el respectivo trámite legal.

Óscar explica cómo es el proceso de asistir un servicio: “Lo principal son los implementos, las camillas, los guantes y nuestros trajes, para poder trasladar al fallecido hacia la funeraria. Cuando murió en la casa, se debe contar con la ayuda de un médico particular que dictamine la causa. Cuando son muertes violentas se colabora con las autoridades haciendo el levantamiento y trasladándolo hasta Medicina Legal y cuando son naturales se llevan directo al laboratorio para que procedan a realizar la preservación del cuerpo”. Dice que al día se pueden hacer entre 5 o 6 traslados.

El cementerio Jardines la Colina fue fundado el 29 de marzo de 1971. / FOTO ÉDGAR FABIÁN ORTIZ OLIVEROS

Carlos Bonilla, tanatólogo hace cinco años de la funeraria Los Olivos, ubicada en la carrera 31 No. 52ª-16 en el barrio Sotomayor, es especialista en la tanatopraxia – técnica de conservación temporal de los cadáveres–. El horario de los tanatopractores depende de la cantidad de trabajo que llegue en el día, en algunos casos pueden tener un horario de ocho horas o jornada completa y se trabaja de cinco a seis días seguidos.

Bonilla explica el proceso que recorre un cadáver cuando es llevado a una funeraria: “Se inicia con los elementos de protección personal, porque no se sabe de qué haya fallecido, luego se alista toda la parte de instrumentología y los químicos correspondientes, dentro de los que se destaca el formol, de ahí se le inyectan los químicos en las venas y arterias haciéndole una incisión en la parte del cuello y se le extraen los gases con una hidroaspiradora. Luego se procede a colocar el cuerpo sobre el mesón para lavarlo y hacer un proceso de desinfección en la piel, posterior a esto se realiza otro corte en forma de Y en la parte del tórax y el abdomen para extraer fluidos. Después de que ya se realizaron las suturas se vuelve a bañar y se cambia con la ropa que los familiares hayan escogido para pasarlo a la parte de maquillaje. Lo último es introducirlo en el cofre con una especie de grúa que tenemos para esto y se baja a la sala de velación”.

El sueldo de un jardinero que trabaja en un cementerio es en promedio de $794.802 al mes. / FOTO ÉDGAR FABIÁN ORTIZ OLIVEROS

El tiempo de un arreglo depende de cómo llega el difunto al tanatorio, pero en promedio es de una hora. Si el estado del cuerpo requiere más atención, este tiempo puede llegar a ampliarse hasta en cuatro horas.

También se incluye la tanatoestética, que consiste en maquillar y arreglar a los difuntos para su velación; Carlos explica que el rigor mortis (rigidez que adquiere el cuerpo después de su muerte) juega un papel fundamental al momento de “arreglarlo”, pues “es como vestir un muñeco, el rigor mortis le da la rigidez al cadáver y este es el que nos complica o nos facilita el trabajo. Uno adquiere la capacidad de hacer todo solo, pero hay casos en los que por la rigidez toca arreglarlo entre varios compañeros”.

Destino final

Sandra Milena Díaz Rincón es desde hace ocho años decoradora fúnebre del parque memorial Jardines La Colina, ubicado en la Calle 70 número 33 – 1139 en Lagos del Cacique. Sandra ha adoptado esta labor como el sustento de su hogar, es madre cabeza de familia y gracias a la muerte puede mantenerse y a su hijo Mauricio Oviedo Díaz, quien también le ayuda con la venta de las flores.

Trabaja de lunes a domingo de 8 a.m. a 7 p.m. La decoradora se refirió a la variedad de arreglos que tiene a la venta: “El ramo para la funeraria La Colina se hace de color blanco si el difunto es hombre y en tonos rosados si es mujer, del precio que el cliente pida, depende de la cantidad y el tamaño del ramo, el más pequeño cuesta cinco mil y se puede llegar a hacer ramos de hasta 120 mil pesos”.

Luis Elías Gómez Mendoza es un jardinero del Parque memorial Jardines La Colina. Desde hace 25 años se encarga de mantener las tumbas cuidadas y bien presentadas. Por sus servicios cada cliente le paga 25 mil pesos. “Hoy por hoy tengo a mi cargo 150 tumbas y a todas las tengo que hacer ver bien bonitas y arregladas, el cementerio nos exige un lineamiento de cómo se deben mantener y siempre trato de cumplir en su totalidad, eso ayuda a que el parque siempre se vea agradable y presentable”.

Universidad Autónoma de Bucaramanga