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Los últimos suspiros de la producción de panela en el municipio de Piedecuesta

Los seis trapiches que quedan en esta zona del área metropolitana elaboran el producto de manera intermitente. Los gastos de funcionamiento exceden los ingresos, ya que producir una panela cuesta $830 y el panelero recibe $680.

Los paneleros no comprenden por qué el precio al consumidor final excede hasta el doble de lo que a ellos les pagan. /FOTO EDNA CATALINA PORRAS PICO

El olor a panela y el humo de las chimeneas de los trapiches se están quedando en el recuerdo por el bajo consumo del producto y los intermediarios que lo ofertan con precios elevados al consumidor. Es por esto que los productores han tenido que dejar las moliendas constantes y han pasado a producir cada tres meses.

En Piedecuesta, la Corporación de Panela (Coopanelas) está en liquidación, los predios que anteriormente estaban llenos de cañaduzales ahora pertenecen a constructoras que los adquirieron para la edificación de conjuntos residenciales o apartamentos.

Josué Durán Díaz, propietario del trapiche Río del Hato, explicó a Periódico 15 que elaborar una panela cuesta $830 y que cesó la producción, pues la caja de 32 unidades se vende a $22.000, es decir, a $680 cada una, mientras los intermediarios que compran al por mayor y en los trapiches, la ofertan a $1.000. Después llega al consumidor final con un valor de $1.500, lo que representa para Durán una pérdida alrededor de los 2 millones de pesos en cada molienda.

“Los días trapicheros” o las largas jornada de batir la miel caliente, de descachazarla hasta hallar el punto exacto para poder pasar la mezcla a las gaveras -que le dan la peculiar forma cuadrada-, requiere de por lo menos 30 trabajadores, a quienes se le da la alimentación y estadía en las fincas. A esto se suma que los productores deben contar con un enfardelador, encargado de ubicar en las cajas las panelas, y además, deben enviarlas para que sean forradas con plástico y que cumplan con la norma del Instituto Nacional de Medicamentos y Alimentos (Invima), lo que incrementa el costo final de la panela en el mercado.

Las cajas de cartón donde se empacan las panelas tienen un costo de $1.500. / FOTO EDNA CATALINA PORRAS PICO

Durán lleva trabajando en la caña y la fabricación de panela 35 años, negocio que él y sus cinco hermanas heredaron de sus padres Marco Antonio Durán Díaz y María Helena Díaz de Duran. En un inicio fueron dueños de cinco trapiches en Piedecuesta del que solamente les queda el del Río del Hato. Comenta que ha solicitado préstamos para no dejar perder lo que él considera tradición y asegura que “no hay Ministerio de Agricultura que sirva aquí en Colombia, si no le meten el hombro al campo, estamos arruinados, la economía depende del campo”.

Hace un año la tempestad que inundó a Piedecuesta, también golpeó su trapiche. Con una hipoteca logró otro crédito para reconstruirlo y así continuar con la producción. Cuando solicitó ayuda de la Alcaldía por la ola invernal, con esperanzas de recibir el subsidio que se brindó como ayuda para reparar los estragos de la lluvia, lo llenaron de papeleos y al final recibió siete tejas Eternit que cubrieron tan solo una pequeña parte del daño.

Su predio que colinda con la antigua finca El Triunfo, que antes tenía extensas plantaciones de caña, ahora solo es cemento. Ante la sugerencia de vender la finca, por la inviabilidad del negocio, respondió, “hasta que me muera podrán acabar con esto”.

Sus hijas, radicadas en otro país, lo han invitado varias veces para que deje el sector panelero y se vaya a vivir con ellas, pero él prefiere seguir viendo sus cañaduzales y su trapiche aunque ahora solo funcione cada tres meses.

Las hectáreas que eran usadas para la siembra de caña de la finca El Triunfo ahora son edificaciones. / FOTO EDNA CATALINA PORRAS PICO

Ante la crisis, lo mejor es vender

Según el ‘Manual de Caña de Azúcar para la Producción de Panela’ realizado por el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), los primeros registros de la caña de azúcar en Colombia datan de 1510, cuando se sembró por primera vez en Santa María Antigua del Darién, ahora Valle del Cauca; la introducción de esta planta se le atribuye a Sebastián de Belalcázar, militar español, quien la trajo desde Quito. A Santander llegó desde Venezuela en el siglo XVII, se sembró por primera vez en San Gil y Cúcuta y de estos municipios se extendió a los otros departamentos.

Una característica del cultivo de la caña panelera es su área sembrada; según cifras de la Encuesta Nacional Agropecuaria realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), de 2015; la caña, se ubicó en el tercer puesto después del café y el plátano, reportando un total de 167.711 hectáreas plantadas, y de estas 146.957 en edad productiva de donde se obtuvo un total de 990.908 toneladas de panela. Santander se encuentra en el tercer puesto en la producción con un 9,51 % después de Antioquia con el 43,11 % y Cundinamarca con 9,60 %.

En 1940 se creó la Cooperativa Panelera en Piedecuesta que llegó a tener 735 socios en los años 60, la producción alcanzó las 190 mil cargas, pero para el 2017 solo tenían 26 socios y 300 cargas, lo que llevó a su liquidación.

Un año y dos meses se tarda el crecimiento de la caña para poder ser cortada y procesada. /FOTO EDNA CATALINA PORRAS PICO

Por Edna Catalina Porras Pico

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Universidad Autónoma de Bucaramanga