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Margoth Agudelo Nieves y sus ángeles luchadores del Carare

Esta profesora de Cimitarra es la creadora y promotora de la Fundación de Niños Especiales del Carare, Funiescar, que cuenta con espacios pedagógicos como una panadería y actividades de lectoescritura.

Margoth Agudelo Nieves creó Fu- niescar con el objetivo de promover a inclusión, formación e independencia de esta población en el municipio de Floridablanca. / FOTO SUMINISTRADA

Por Álex Esteban Riaño Jiménez [email protected]

En la cuenca del Valle medio del Magdalena se ubica el municipio de Cimitarra, Santander. El casco urbano cuenta con tres colegios, dos públicos y uno privado, pero, sobre la calle 10 con carrera 6, existe un lugar en el que se da una formación particular, llamado la Fundación de Niños Especiales del Carare (Funiescar). Ahí el aprendizaje se centra en jóvenes con características especiales.

Margoth Agudelo Nieves, fundadora de Funiescar, recuerda que desde el 22 de noviembre de 2002 lucha por establecer este lugar y ha generado programas que promueven la educación, la interacción social y la independencia de los jóvenes. Creó, en conjunto, la panadería, la huerta, los deportes, el reciclaje, el pago de recibos, equinoterapia, hidroterapia, la elaboración de traperos y actividades de lectoescritura como herramientas pedagógicas.

En esta labor, el pan da vida, y por esto la panadería es ejemplar. Fue una idea de Karina Álvarez, docente voluntaria, quién realizó un curso de pastelería en el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), y lo adoptó para los jóvenes de Funiescar, en junio de 2005. El producto principal so las mantecadas, y preparan hasta 90 al día.

Los chefs son los mismos jóvenes de la organización. Ellos se encargan de mezclar, amasar y hornear el producto que después va para la venta. Margoth menciona que uno de los propósitos de este proyecto fue buscar la interacción con la comunidad, obtener una nueva visión sobre los jóvenes y crear independencia en ellos. Sin embargo, para cuidarlos, una profesora los acompaña en el momento de ofertarlas.

En el caso de los deportes, se organizan olimpiadas municipales. En este certámenes no asisten medallistas como Usain Bolt o Michael Phelps, pero sí Duván, Isnardo y ‘Caliche’, que ganaron medallas de plata y bronce en 2013, en las olimpiadas de la Fundación para la Investigación y el Desarrollo de la Educación Especial (Fides), Bogotá, en las competencias iberoamericanas de atletismo y natación. En total, han organizado 10 olimpiadas municipales, han asistido a cuatro competencias internacionales organizadas en la capital del país, y a cuatro nacionales, desarrolladas en Santa Marta y Barrancabermeja.

Funiescar cuenta como una olimpiadas para niños especiales, sin embargo, el lugar fue destinado por la Alcaldía para la construcción del Palacio de Justicia. Según Margoth Agudelo Nieves, aún no saben si los reubicarán. / FOTO SUMINISTRADA

Retos pandémicos

El 16 de noviembre reabrieron las instalaciones de la Fundación. Iniciaron con cuatro jóvenes, pero esperan que vuelvan los 30 que están inscritos. A pesar de esto, Margoth no cree que vuelvan a hacer las olimpiadas municipales, debido a que la Alcaldía les comunicó que el 2 de noviembre de 2021, el lote que tenían destinado para el evento deportivo se utilizará para la construcción del Palacio de Justicia. Hasta el 18 de noviembre no les habían comunicado si los van a reubicar.

A las olimpiadas municipales han asistido competidores de Puerto Berrio, Puerto Boyacá, Barrancabermeja y Bucaramanga. La profesora menciona que a sus alumnos no les ha cobrado una cuota por participar, que ellos solo deben preocuparse por su transporte de ida y vuelta, ya que la Fundación cubre todos los gastos con patrocinadores. Por estas acciones y otras más, Alicia Gallardo, docente de ciencias sociales y políticas, y quién fue voluntaria en 2004 en Funiescar, menciona que la profesora Margoth debería ganarse un Nobel. “Yo se lo daría, sinceramente”, sostiene la también profesora.

La Fundación de Niños Especiales del Carare (Funiescar) se creó en noviembre de 2002. Con la venta de mantecadas, uno de los productos que preparan y ofertan los jóvenes, la organización logra proyectar sus actividades a la comunidad. / FOTO SUMINISTRADA

Acompañamiento

Margoth Agudelo Nieves asegura que no busca ningún reconocimiento y que al cobrar $5.000 a los padres por llevar a sus hijos a la Fundación solo busca el beneficio de ellos y sus familias, lo cual es suficiente como recompensa.

Sin embargo, desde 2015, el pago se suspendió, pues todos no pagaban la mensualidad, y según la profesora Margoth, para ser justos con todos, lo mejor fue no le cobraba nadie.

Para madres de familia como Lucero Olaya, la cuota sirvió de ayuda para poder brindarle educación a su niño Germán, que cuando ingresó a esta fundación tenía 10 años y hoy ya es un adolescente. Ella menciona que antes de vivir en Cimitarra, habitaba en Barrancabermeja, y la fundación más económica del puerto petrolero cobraba $600.000 por la mensualidad. Este era una valor que ella y muchos padres de familia no podía costear por no tener los recursos suficientes.

Para Carlos Alberto Riaño Agudelo, su madre es una influencia positiva, además de buena consejera. Es el menor de los cinco hijos que tiene la profesora Margoth y recuerda que se preguntó en ese entonces: “¿será que si se puede hacer una fundación de niños especiales sin la ayuda económica de quienes se beneficiarán?”. Hoy en día está orgulloso por lo que ha hecho su mamá y cada vez que puede, la acompaña en los eventos que realiza.

Ludy Chirley Jaimes, primera educadora de Funiescar, menciona que la profesora debería sacar más tiempo para ella misma. Admira la labor que hace y que ha hecho, pero también piensa en su edad y que debería tener más tiempo para lo que disfruta hacer, como viajar. Chirley ingresó a la fundación como practicante en el 2002, ahora es directora rural de la institución educativa La Pérdida Alta. Ante esto, Margoth solo dice que ella descansará luego, porque en su día a día la lucha en Cimitarra es por sus alumnos, ella los llama: «mis ángeles».

Universidad Autónoma de Bucaramanga