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“Memo”, un compañero de trabajo y una herramienta para surgir en la vida

Un venezolano sale adelante con su carrito de comidas rápidas, ubicado en la carrera 15 con calle 34, en el Centro de Bucaramanga. Él quiere, mediante la gastronomía hacerle frente a la xenofobia que se siente en el país, especialmente contra los ciudadanos venezolanos.

Sonidos de sirenas de policía y ambulancias, acompañados de pitos a causa del trancón que se presencia, enmarcan el lugar. Vendedores ambulantes de fruta, bebidas (como limonada y naranjada), crispetas y churros atraen a las personas por medio del grito de los pregoneros. “¡Se le tiene lo que busca, mango, mandarina y durazno a buen precio. Siga y pruebe la deliciosa crispeta de colores!”. Un establecimiento con colores chillones, rosado, amarillo y verde se destaca en la calle. Es el local de Todo a 5.000. “Hoy, gran celebración del día del niño. Siga, bienvenido. Aquí encontrará todo lo que busca con las tres B: bueno, bonito y barato”, es la voz, amplificada por un megáfono, que domina el ambiente y busca atraer a los clientes.

Todo el ruido que se percibe en la carrera 15, en el Centro de Bucaramanga, se mezcla con los gritos de los mototaxistas ofreciendo sus servicios: “Moto, moto (…) moto mami”, es el llamado que se cuela en el ambiente y se confunde con el chirrido de las llantas de “Memo”, el carro de comidas de Guillermo José Parra Parra, desplazándose sobre el asfalto hasta llegar al andén donde se instala de lunes a sábado desde las 4:30 de la tarde.

Hoy, sábado 27 de abril de 2019, una fuerte lluvia amenaza con dañar la jornada de trabajo de este venezolano de 29 años de edad, que en 2015 tomó la decisión de dejar su tierra (Barquisimeto) y sus estudios de séptimo semestre de Veterinaria en la Universidad Centroccidental ‘Lisandro Alvarado’ para probar suerte en Bucaramanga. Primero intentó con un local de empanadas en la carrera 16 con calle 31, en el Centro de la ciudad, el cual con el tiempo no dio las suficientes ganancias, por lo que decidió no continuar con él, “porque no tuve más capital para seguir invirtiendo y no quise meterme en un préstamo o en algo así, porque no me gustó la zona donde estaba. Entonces decidí cerrarlo”, explica.

Desde hace año y medio trabaja en la venta de comida rápida con “Memo”, su socio inseparable. Decidió bautizar a su carro de esta forma porque quería darle un toque de su personalidad y tener siempre presente la manera en que sus seres queridos lo llaman a él.

Mientras la lluvia sigue cayendo, Parra Parra y su tío, José Luis Jiménez (40 años), alistan los ingredientes y ordenan el espacio de trabajo, que hoy está más reducido debido a que el clima no les favorece.  El carro de acero de metro y medio de largo por un metro de ancho, y un metro de alto, se sostiene sobre unos rodachines algo oxidados y de él salen sobresalen dos bandejas blancas que son el lugar en que Guillermo Parra prepara los productos. En la parte superior del carrito, “Memo”, se encuentran diez frascos plásticos con salsas, los cuales están a disposición de los clientes. A su lado está una carretilla con tres cavas de icopor en las que conservan las bebidas y alimentos refrigerados.

Unión de dos culturas a través de la comida

“Mi intención con ‘Memo’ es combatir la xenofobia por medio de la comida. Algunas personas no se atreven a comprar porque dicen, ‘él es venezolano’. Trato de vender comida que le guste a todo el mundo, para que al probarla sientan una explosión de sabores”, argumenta Parra Parra en relación con lo que significa para él ser un vendedor informal extranjero. Según la Medición de empleo informal y seguridad social, del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), del primer trimestre de 2018, en Bucaramanga el 55,6 % de personas ejercen trabajos informales.

-¿A cómo el pepito, vecino? –pregunta el primer cliente de la tarde.

-El combo con gaseosa le sale por seis mil.

-Deme uno con todas las salsas –dice el cliente, mirando los billetes de su cartera.

La especialidad que ofrece “Memo” son los pepitos, una comida muy popular en Barquisimeto: una especie de sándwich en pan francés que contiene cubitos de carne y de pollo, acompañados de verdura, queso, papa fosforito y todas las salsas (tártara, piña, queso fundido, queso azul, mostaza, tocineta y tomate). Su origen se remonta a España, especialmente en las ciudades de Madrid y Andalucía, en donde se sirve en pan francés con carne de ternera (puede ser a la plancha o frita en aceite). “Yo que soy de allá (Barquisimeto) tenía el pensamiento de que ese plato era originario de ahí, porque es muy popular. Se puede armar con carne, pollo, cerdo, mixto y luego de eso, están los especiales que ya son con cuatro quesos, champiñones y salsas, especialmente la guasaca (una especie de guacamole)”, explica. El 12 de enero de 2013, en Barquisimeto se preparó el pepito más grande del mundo. Medía 109 metros y fue elaborado por varios chefs.

Mientras Guillermo Parra prepara el pepito que le solicitaron –pone las verduras sobre el pan mientras la carne se fríe en la parrilla– añade que para él la relación con sus clientes es importante. “Cada vez que vienen, hablamos y ellos me preguntan sobre mí. Yo también voy preguntándole sobre cosas de ellos y ahí crece ese lazo entre ellos y yo. Los días que veo más gente transitando la calle, hago una hamburguesa o un pepito y los pongo en la parte de encima de ‘Memo’ para que la gente pueda ver el producto y se pueda enamorar de él”.

La población venezolana en Bucaramanga

Según el estudio y caracterización de la migración venezolana, realizado por las investigadoras María Eugenia Bonilla Ovallos y Mairene Tobón Ospino, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Unab), y presentado el 27 de mayo, cerca de 3,4 millones de venezolanos han emigrado de su país. Más de un millón se han establecido en Colombia, 506 mil en Perú, 288 mil en Chile, 221 mil en Ecuador, 130 mil en Argentina y 96 mil en Brasil.

Del millón 261 mil que han llegado a Colombia, 61.769 se han establecido en Santander. Tan solo entre enero y marzo de este año, han arribado al departamento 2.405 nuevos venezolanos. La investigación realizó una caracterización de la población venezolana en Bucaramanga y su área metropolitana, que dejó ver que el 52 % de los migrantes son mujeres.  Además, un 80 % de los venezolanos se encuentran entre los 18 y 35 años de edad, o sea, se trata de una población económicamente activa.

El 59 % no trabaja en su área de formación. Un 39 % trabaja en las ventas ambulantes, 2 % en restaurantes o puestos de comida, 2,3 % como obreros o ayudantes, 5 % como barberos, estilistas o manicuristas; y 1 % en diseño y publicidad.

La caracterización del Instituto de Estudios Políticos de la Unab señala además que el 60 % de esta población en edad productiva se encuentra en empleos itinerantes o en informalidad, 4 % tiene un contrato laboral, 18 % está buscando empleo, y un 12 % vive de la caridad.

Familia: una forma de escape, amor y unidad

Son las 6:30 de la tarde y el clima comienza a mejorar. La música tropical empieza hacer presencia en el ambiente. La estación San Mateo, de Metrolínea, con sus barandas y rampa gris descolorida, por la que suben y bajan los pasajeros, se ve imponente frente a “Memo” y domina el paso peatonal de la Carrera 15 con Calle 34 que lleva a cuatro puntos de esta arteria vial de la ciudad: Centro Metropolitano de Mercadeo, Los Paisas, Súper Ponqué y el asadero Pio Pollo. Guillermo Parra continúa su labor, esta vez con más clientes que han venido llegando. Un pedido de hamburguesa con carne desmechada, huevo y aguacate; un perro caliente con cubitos de carne, pollo y queso rallado, y dos pepitos más lo ocupan en este momento.

Un personaje importante en la vida de Parra Parra es su madre, Lesbia, con quien lleva una relación muy cercana. “A Memo lo apoyo de muchas maneras: cocinando, lavando los utensilios, los potes de las salsas (lavarlos y llenarlos), cocinando la carne desmechada, picando el pollo y la cebolla; hacer todo el aseo que debe tener eso”. Para la señora Lesbia Parra es muy importante que la comida y los utensilios estén muy limpios. Ella comenta que siempre le ha inculcado a su hijo esa responsabilidad de ofrecer la comida de la manera más higiénica. “Estoy muy orgullosa de mi hijo, porque él ha aprendido a crecer, ha aprendido aquí en Colombia muchas cosas. Es nuestro hijo único y él dependía mucho de nosotros pero entonces al llegar acá solo en el 2015, se defendió y pudo hacer sus cosas, al igual que valorar todo lo que tenía allá”, manifiesta Lesbia.

Rutinas antes de salir a ganarse la vida

Guillermo José Parra, su madre y su papá Guillermo Antonio, viven en el barrio ‘Alfonso López’, en una casa de tres habitaciones. En la sala comedor llama la atención una organeta profesional con la que realiza ejercicios de armonía, mejora acordes y le da agilidad a sus dedos, para mantenerse activo en la interpretación musical, actividad a la que también se dedicaba en su vida en Venezuela. De lunes a sábado, la rutina de esta familia comienza a las 7 de la mañana, con el desayuno. Luego, Parra Parra va a la plaza a comprar sus insumos, y los lleva hasta donde está guardado “Memo”, en un parqueadero ubicado en la carrera 13, “donde se guardan la mayoría de carros de vendedores ambulantes. Pagamos 3.000 pesos diarios”.

Madre e hijo preparan en compañía el almuerzo y alistan los ingredientes para la jornada de trabajo. “Descanso una hora y me pongo a hacer las salsas. Luego de eso me voy caminando al trabajo, y mi tío sube a la 15 con la carretilla, que es donde llevamos todas las cosas y yo busco a ‘Memo’”.

La lluvia dejó de caer y el panorama de las ventas comienza a mejorar después de las 7:30 de la noche. La jornada fue más provechosa de lo que se esperaba en un comienzo. Mañana (domingo) Guillermo Parra y su familia disfrutarán de un día juntos. Generalmente, en su descanso ellos visitan centros comerciales y parques, caminan por la ciudad y en ocasiones prueban nuevas recetas.

A las 9:30 de la noche termina su jornada. Siempre procura dejar a “Memo” lavado e impecable para inicios de semana. De ahí se irá caminando hacía su casa. Hoy lo espera su papá para ver juntos un partido de baloncesto y comer cotufas (crispetas). En su mente tiene siempre presente la bendición que le da su madre todos los días antes de salir a trabajar y que considera fundamental en su trabajo. “Dios me lo bendiga y cuide. Que le vaya bien y que le rinda, como dicen en Colombia”.

Por Lucía García Sánchez

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Universidad Autónoma de Bucaramanga