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Migrantes: Cuando los días pasan entre los malos olores, las enfermedades y el hambre

Ante la indiferencia de las autoridades locales, sin un punto de atención médica, comida o un albergue, se instalan diariamente en este lugar un promedio de 150 venezolanos. Algunos se quedan dos días, porque su destino es Ecuador o Perú; otros, que buscan empleo, lo han adoptado como hogar. Sobreviven con la caridad, pero, ¿hasta cuándo?

Los venezolanos llegan al Parque del Agua después de varios días de travesía desde Cúcuta. Afirman que no conocen el clima de Bucaramanga, que solo les dicen que lleven maletas livianas y pocas prendas de vestir. Piden se instalen duchas y baños en este punto, pero la Oficina de Asuntos Internacionales de la alcaldía de Bucaramanga asegura que no puede involucrarse en el tema de los albergues porque la competencia es de Migración Colombia. / FOTO HAZZ ELO

Mamás o papás que esperan la llegada de sus hijos y nietos, y que ante la incertidumbre de si pasaron o no el páramo de Berlín, se aferran a fotografías y un viejo celular. Parejas que se abrazan a sus bebés y que sin querer, se tiran las cobijas para buscar calor. Jóvenes que conversan y recuerdan lo que dejaron en Venezuela, mientras algunas madres imploran a sus hijos adolescentes que salgan de la oscuridad y reciban un plato de comida. “Tienen hambre, lo que ocurre es que les da pena que los vean porque no huelen bien. Hace una semana no nos duchamos”, cuenta una mujer.

A la atmósfera la encierra un olor fétido, una mezcla de excremento humano, orín, cal y gasolina que parece no importarle a los migrantes que han encontrado en las afueras del Parque del Agua un punto de llegada para emprender una nueva vida o un nuevo rumbo hacia Ecuador o Perú.

Para algunos es más grande la indignación, la rabia, la espera y lo sueños por alcanzar. “En Venezuela no hay para comer. Dejé mi bus porque cerraron las empresa para la que trabajaba”, comenta un hombre de 43 años que acompaña a un joven que tienen una infección en un ojo y nos saben cómo tratarla.

De vez en cuando se cruza el aroma de arroz con pollo, de las empanadas, sándwiches o un plato de sopa, especialmente en las noches, pues en el día hay que estar atentos a la “migra”, a la venta de colombinas en los semáforos o a los malos tratos de los vigilantes del Acueducto de Bucaramanga. “Los entendemos, es su trabajo. Nosotros los incomodamos”, dice el conductor.

El día va en su contra, la noche es un aliado que los traiciona a su antojo. Nunca se sabe si hará frío, calor, o si la sorpresa viene empacada en un aguacero como el del miércoles 1 de agosto. “A un señor le dio hipotermia”, comenta Abigail de Jiménez, integrante de una iglesia cristiana que los visita todos los días con sus oraciones, comida, implementos de aseo y frases de cariño.

El Parque del Agua se ubica en inmediaciones del Acueducto de Bucaramanga, las residencias de oficiales de la Segunda División del Ejército y la salida a Cúcuta. Es un terminal informal de transporte intermunicipal. / FOTO HAZZ ELO

Una mujer delgada, que viste la ropa de hace una semana y que está junto a Abigail, cuenta que no tiene noticias de su hijo y sus nietos. “Me dijeron que venían en el páramo y nadie sabe más de él”, asegura con las manos en el pecho. Lo extraño de este caso es que el joven salió con su familia un día después de que su madre abandonara Táchira, el lunes 30 de julio. Es decir, el martes 3. Sin embargo, el sábado 4 de agosto, nadie daba razón de su paradero.

Otra mujer lloraba desconsolada al contar que viajaba con una de sus hijas adolescentes y que alcanzaron a llegar al Parque del Agua tras una larga travesía. Recuerda que al pisar tierra bumanguesa recordó que había dejado el celular en una tienda de Berlín y que debía recuperarlo, ya que una familiar las estaba monitoreando desde Ecuador. Reunión 5 mil pesos y mandó a la adolescente a recuperar el aparato. Esta se embarcó en una buseta el miércoles 1 de agosto, pero el sábado 4, no había regresado.

Sus vidas transcurren en medio de un terminal de buses, de los gritos de hombres que ofrecen tiquetes para viajar a Cúcuta, de visitantes y parejas de enamorados que visitan el parque, de funcionarios de migración que, según cuentan, nunca les preguntan “¿cómo están?”, si no que los “torturan” con la frase “¿tiene papeles”.

En el lugar no hay presencia de la Alcaldía, de personal del área de la salud y de desarrollo social, y tampoco de la Personería. Lo cierto es que en promedio, 150 venezolanos llegan a este lugar. Sobreviven de la caridad, de la comida que hombres y mujeres -que prefieren pasar de incógnitos- les llevan en las noches, a veces sin control, desconociendo que media hora antes ya los han visitado y han cenado.

A través de este reportaje gráfico, Periódico 15 le muestra la situación que se vive en este punto de la ciudad.

Fotos: Hazz Elo
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Reportería y textos:
José Gabriel Moreno Rey
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Tomás Alejandro Gaviria Ortiz
[email protected]
Xiomara Montañez Monsalve
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Universidad Autónoma de Bucaramanga