Tania Selene Valencia Ayala – tvalencia722@unab.edu.co

Más de 12 toneladas de ayudas humanitarias han sido enviadas hasta ahora en siete furgones hacia la frontera tras ser recolectadas en centros de acopio organizados por migrantes venezolanos en Bucaramanga.

La comunidad venezolana que reside en el área metropolitana lidera una red de solidaridad para atender a las víctimas del terremoto del 24 de junio en Venezuela. En menos de una semana lograron consolidar 80 centros de acopio y movilizar las ayudas para los sobrevivientes de la tragedia natural que suma 2.295 personas muertas y 11.267 heridas.

Mario Atria, arquitecto nacido en Barquisimeto el 28 de mayo de 1961, y radicado en Santander desde su adolescencia, es hoy uno de los líderes comunitarios que articulan ayudas para las personas damnificadas. Su vínculo con Colombia comenzó en 1975, cuando su madre optó por enviar al país a su hermano mayor, José Antonio, porque se vio envuelto en las protestas estudiantiles de esa década, que terminaron afectando su rendimiento académico. Según recuerda Atria, en esos tiempos los paros y el conflicto interrumpían constantemente las clases, por lo que su familia vio en Colombia una oportunidad de mayor estabilidad educativa.

Mario Atria, con camisa y gorra en honor a su país en el centro de acopio donde, junto a decenas de voluntarios y voluntarias, coordina la recepción y clasificación de ayudas humanitarias para enviar a las zonas afectadas / FOTO SELENE VALENCIA

Un año después, siguiendo el mismo camino de su hermano, llegó al seminario menor de Pamplona, donde continuó con sus estudios. Pasado un tiempo se estableció en Santander, terminó el bachillerato e ingresó a la Universidad Santo Tomás para estudiar Arquitectura. En ese período encontró en el dibujo una forma de sostenerse económicamente: vendía sus ilustraciones para cubrir parte de la matrícula y los materiales, mientras comenzaba a construir su vida profesional y a afianzar sus raíces en este nuevo territorio.

“No fue fácil empezar en otro país, pero Colombia me abrió las puertas y aquí encontré la oportunidad de crecer”, dice.

Con más de 15 años acompañando procesos migratorios y liderando iniciativas comunitarias, Atria no es ajeno a las emergencias naturales. Antes de este hecho participó en labores solidarias durante la tragedia de Armero en 1985, la emergencia del río Combeima en 1987 y la del río Frío en Santander en 2020, experiencias que han dado la experiencia para actuar con rapidez en este tipo de eventualidades. 

Tras enterarse del terremoto mientras participaba en la celebración de San Juan Bautista, en el Parque de los Niños —una festividad religiosa y cultural profundamente arraigada en la tradición venezolana, que cada 24 de junio reúne a comunidades alrededor de la música, la fe y la memoria colectiva—, vivió horas de angustia intentando comunicarse con su familia. Entre ellos estaba su hija Rosa María, odontóloga de 25 años, que reside en San Felipe, una de las zonas cercanas al epicentro. Cuando la contactó y confirmó que se encontraba bien, supo que la vivienda familiar había sufrido grietas por la fuerza de los movimientos telúricos.

A partir de ese momento, el arquitecto comenzó a organizar voluntarios a través de redes sociales y grupos comunitarios de Whatsapp. En menos de 24 horas logró consolidar una red de 80 puntos de recolección y reunir a más de 300 voluntarios. “A las 3:00 de la mañana ya le estaba escribiendo al secretario de Desarrollo Social, Iván Darío Torres Alfonso, para observar la posibilidad de la ayuda por parte de la Alcaldía”, relata. Desde entonces, asegura que apenas ha dormido dos horas al día. “Todos quisiéramos estar allá ayudando, removiendo escombros con nuestras propias manos”.

Un grupo de voluntarias venezolanas organiza cajas y bolsas con donaciones en el centro de acopio habilitado en Bucaramanga, uno de los puntos desde donde se han movilizado toneladas de ayuda hacia la frontera con Venezuela. / FOTO SELENE VALENCIA

Pese al alcance de la red de solidaridad, la logística ha estado marcada por dificultades. 

Denuncia el robo de una de las donaciones luego de que una persona infiltrada en el grupo reportara falsamente un supuesto punto de recogida. “En estas tragedias pasa ese tipo de miserableza”.

A ello se suma la crítica que, según cuenta, enfrentan muchos venezolanos en el exterior. Afirma que desde sectores afines al Gobierno son señalados como “traidores” por haber migrado. “Nos dicen ‘vende patria’, porque salimos de nuestro país”, expresa; sin embargo, sostiene que han sido precisamente esas comunidades migrantes las que, durante años, han enviado recursos y apoyo a sus familias y hoy lideran buena parte de la ayuda humanitaria.

El arquitecto cuestiona  las condiciones de las estructuras colapsadas durante el terremoto, especialmente en ciudades como La Guaira. Desde su experiencia profesional, señala que varias de las edificaciones que se desplomaron eran proyectos recientes destinados a familias de bajos recursos y que, según él, no cumplían con las normas antisísmicas. “Un edificio bien calculado puede agrietarse, pero no caer de esa manera”, afirma, responsabilizando la corrupción y la falta de controles en su construcción.

Mientras tanto, la ayuda sigue siendo recolectada por una red de cerca de 100 motorizados, conocidos como “Timbera”, en distintos puntos del área metropolitana. Esta es trasladada a los centros de almacenamiento.

Voluntarias venezolanas clasifican y organizan donaciones en el centro de acopio liderado por Mario Atria, donde se almacenan alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad destinados a las víctimas. / FOTO SELENE VALENCIA

Para evitar la reventa de medicamentos e insumos una vez cruzan la frontera, muchos productos son marcados como “donación” y se les tapan los códigos de barras antes de ser enviados a la Arquidiócesis de Caracas, que se encarga de la repartición de las donaciones en Venezuela.

Desde la Administración Municipal de Bucaramanga, el secretario de Desarrollo Social, Iván Darío Torres Alfonso, informa que el punto oficial de acopio de la Alcaldía logró reunir cerca de seis toneladas y esperaba alcanzar las diez antes de su cierre. Aunque el centro del Municipio ya concluyó su jornada de recolección, Atria mantiene habilitado otro punto de acopio en la carrera 21 #34-39, en el espacio facilitado por un empresario venezolano dedicado a la fabricación de bordados y gorras, donde continúan recibiendo medicinas, alimentos y artículos de primera necesidad para las familias afectadas por la tragedia.