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Moisés Fuentes García, un hombre convertido en pez

El sangileño y doble medallista paralímpico en Pekín 2008 tiene una nueva meta: los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro. 15 recuerda su proceso deportivo previo a su viaje a Brasil y los retos que están por venir.

Moisés Fuentes tiene 41 años. Perdió su pierna derecha luego de ser asaltado y herido por dos hombres mientras caminaba por una calle de Santa Marta. En el hecho falleció su hermano. /FOTOS CORTESÍA VANGUARDIA LIBERAL

Con un vaivén de largas brazadas dentro de una piscina, lo que permite ver cada uno de los movimientos del deportista, y bajo el sol que ese día calentaba la ciudad con unos 27 grados centígrados, a las 2 de la tarde, estaba Moisés Fuentes García, un hombre que se había convertido en pez.

Su uniforme, con gorro amarillo, traje de baño azul oscuro y gafas rojas, representaba, aunque él no lo hubiese notado, los colores de la bandera de un país que en dos ocasiones ha sentido como propio el triunfo de este ‘tiburón’ que conquistó las aguas de Pekín en 2008 y Londres en 2012, durante los Juegos Paralímpicos.

El dos veces campeón paralímpico, ya con 41 años y 20 de estos de experiencia en el deporte anfibio, estaba allí. En ese momento no era el hombre, padre, consejero, amigo o campeón. En ese momento era un vertebrado acuático que movía con cierta sincronía y entre bocanadas profundas de aire, sus tres aletas.

Podría tener cuatro si no fuese porque 24 años atrás, un 13 de octubre, mientras caminaba por las calles de Santa Marta, la delincuencia común, propia de los años 90, le lesionara su pierna derecha desde un par de centímetros más arriba de su rodilla. Ese mismo día también perdió a quien por años fue su mejor amigo, su sangre y su confidente: a su hermano.

Pero allí, en medio del agua, en un entrenamiento rutinario antes de viajar a los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro, Brasil 2016 (del 7 al 18 de septiembre), no parecía que la vida le hubiese quitado lo más mínimo.

Moisés Fuentes García, de sonrisa casi tatuada en su rostro, músculos marcados por largas horas de ejercicio, ojos castaño oscuro y sin un solo pelo en su cabeza, disfrutaba de su libertad. Esa libertad que solo puede sentir entre los cinco mil metros cúbicos de agua que contiene la piscina olímpica de Bucaramanga.

Ese fue el día en el que el tiempo era su enemigo. El cronómetro del entrenador, Luis Carlos Calderón, un joven de contextura delgada, de 1,79 metros de altura, ojos claros, cabello rubio y cuyas órdenes debían ser cumplidas inmediatamente, no dejaba de marcar un tiempo superior a un minuto con 50 segundos, tiempo que tardó Moisés en atravesar los 25 metros de ancho que tiene la alberca.

Su rostro lo decía todo: no estaba satisfecho con el resultado. Sus compañeros, entre ellos Sairo Fernández López y Miguel Ángel Rincón, lo animaban con palabras de aliento, un par de palmadas en la espalda y chistes pesados que ya eran comunes entre ellos y desataban la algarabía en el momento.

Aquella tarde en la que las nubes no le hicieron compañía al sol, la marca personal del deportista no fue superada. Aun así, Moisés Fuentes García, el hombre hecho pez, seguía siendo el ejemplo de los cientos de jóvenes que ven en él un modelo y una oportunidad para cumplir sus sueños.

Más que una piscina, un campo de batalla
Lo que el ‘tiburón’ no sabía es que exactamente un mes después de ese entrenamiento en el que el cronometro finalmente no cedió tras dos horas y veinte minutos, un 4 de mayo de 2016, su marca personal iba no solo a ser superada, sino que se coronaría nuevamente como el rey y señor de las aguas. Una vez más, ante los mejores del mundo, él sería el mejor.

En Funchal, Portugal, a 6.684 kilómetros de su país, si se cuenta en línea recta, Moisés se enfrentaba a los siete ‘depredadores marinos’ más grandes y veloces en el Abierto Europeo de Natación Paralímpica celebrado en ese país.

No había tiempo para sentir nervios, sabía que una vez sonara la corneta que anunciaba el inicio de la corrida, era todo o nada, debía ser valiente. Era la hora de que el campeón hiciera lo suyo y se sumergiera en el agua.

También sabía que, perdiera o ganara, en su país iba a ser espera- do como los héroes, aquellos que con orgullo y dedicación muestran la cara amable de un país cuya imagen, a nivel internacional, está marcada principalmente por la violencia. Ese día Moisés Fuentes García era la prueba viva una vez más de que en Colombia se forjan campeones.

Era la final del ICP Swimming European Open Championships y ya no había vuelta atrás. Se había anunciado la salida y el colombiano, en silla de ruedas y en compañía de uno de los integrantes de la delegación, apareció seguido del brasileño Daniel Díaz, quien 99 segundos después sería su más fuerte rival entre las olas de aquella piscina olímpica y ante los ojos de los cientos de espectadores que presenciaban la competencia.

n los Juegos Paralímpicos de Rio 2016, que se celebrarán este año en Brasil del 7 al 18 de sep- tiembre, uno de los favoritos es el santandereano Moisés Fuentes. / FOTO VALESCA ALVARADO
En los Juegos Paralímpicos de Rio 2016, que se celebrarán este año en Brasil del 7 al 18 de sep- tiembre, uno de los favoritos es el santandereano Moisés Fuentes. / FOTO VALESCA ALVARADO

Ese día su traje era el más llamativo. Con una camisa amarilla de mangas rosadas con blanco y azul, pantaloneta blanca, gafas verdes y gorro, también blanco, con el logo de la marca patrocinadora en él, desfiló por 13 segundos antes de ubicarse en el carril número cuatro, ese mismo carril en que una vez finalizada la competencia se proclamaría como el sumo campeón. Sería en el carril número cuatro en donde los camarógrafos se enfocarían, allí estaba la noticia.

Llegó el momento de la ver- dad. Uno a uno fueron enfocados los ocho competidores hambrientos de victoria, y Moisés, esta vez con un traje de baño morado con negro, estaba listo. El locutor, haciendo su mejor esfuerzo con el idioma español, pronunció su nombre mientras el plano se cerraba enfocando su sonrisa. El sonido de la bocina que anunciaba la salida duró poco menos de un segundo.

Con tres hombres que empezaron en el agua: los dos rusos Dmitrii Cherniaev y Roman Zhdanov, en los carriles seis y ocho respectivamente, y el italiano Andrea Massussi, por el carril siete, y los demás, los cinco restantes, ubicados en sus gradas de salida empezó el duelo.

Moisés, quien fue nuevamente enfocado por la cámara como si de pronto el camarógrafo supiera que unos segundos más tarde se- ría otra vez el campeón, no tuvo la mejor salida y empezó ubicándose en el quinto puesto junto al griego Antonios Tsapatakis, antecedidos por el brasileño Daniel Díaz, el español Ricardo Ten, el ruso Cherniaev y el italiano Massussi.

Pero el colombiano solo necesitó 37 segundos para demostrar por qué es el rey de las aguas. Uno a uno y sin mayor esfuerzo fue superando a sus rivales. Atravesó los 50 metros de aquella piscina en 45 segundos con 42 milésimas y mientras tocaba la pared del otro extremo, los demás ‘peces’ trataban, con perseverancia, de alcanzarlo pero ya se podía prever la posibilidad de que el oro fuese suyo.

Su gorro blanco, destacado entre los otros siete que eran de colores oscuros, marcaba la pauta. Su pierna, fiel amiga, no le falló en esas milésimas de segundo en las que acumuló la fuerza necesaria e impulsó todo su cuerpo para completar aquellos 100 metros en estilo pecho. Los siguientes en regresar fueron Cherniaev con 0,59 milésimas más que el colombiano y Tsapatakis con 0,97 milésimas. Sin embargo, al final de la competencia, ninguno de los dos tendría un lugar en el podio de los ganadores.

El triunfo parecía inminente, el comentarista anunciaba, en medio del inglés y un español poco entendible, la contundencia de las brazadas de Moisés. Pero la amenaza apareció a los 13 segundos y 18 milésimas de haber empezado el retorno al punto de partida, es decir, a los 58,1 segundos.

Era Daniel Díaz, el brasilero. Estaba decidido a ganar y el colombiano era su mayor rival. Con su gorro negro se acercaba a Fuentes, pero este podía soportar por más tiempo la respiración, tal vez miles de milésimas de segundos, insignificantes para muchos pero fueron esas justamente las que le ayudaron a Moisés.

El duelo era tal vez, el mayor espectáculo que los asistentes podían presenciar, entre gritos y aplausos los animaban. Moisés pareció apretar un acelerador. En un minuto, 36 segundos y ocho milésimas después de haber escuchado la señal de salida, regresó invicto de la pelea y aseguró la presea dorada.

Con un segundo y 25 milésimas de más llegó Díaz, llevándose consigo la presea de plata para Brasil. Al español, Ricardo Ten, le bastaron dos segundos y 98 milésimas para hacerse acreedor del bronce y aunque en su rostro se dibujaba un gesto de inconformidad, un cálido abrazo de Moisés hizo que una pequeña sonrisa se dibujara en su rostro.

Pero el duelo entre el brasilero y el colombiano no está saldado aún. En Río de Janeiro se volverán a encontrar. Por ahora la medalla dorada sigue siendo de Moisés Fuentes. Cuatro semanas después de este triunfo, el sangileño se mostraba tranquilo ante el reto que debe asumir en Río de Janeiro 2016. Ahora, en medio de nuevos entrenamientos cada vez más rigurosos y lejos de su familia, en Bogotá, el ‘tiburón’ se prepara para asumir nuevos retos.

Por Valesca Alvarado Ríos
[email protected]

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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