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Nelson Crispín, un gigante de ciento treinta y seis centímetros

Nelson Crispín ganó tres medallas de plata en los Juegos Paralímpicos de Río 2016 y una medalla de bronce, dos de plata y una de oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Quiere más.

Nelson Crispín, Juegos Paralímpicos Tokio 2020/ Foto: Adam Pretty/Getty Images

Valeria Almeyda Ordóñez 

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Son las 11 de la mañana en Floridablanca. El día está tan soleado que hasta puedo ver como sale el vapor de las personas y las cosas. El barrio Los Andes recibe el sol directo por la falta de árboles en el lugar. Llego a una casa con barandas negras y baldosas marrones, bastante moderna para el sector. En la entrada, hacia el fondo, se encontraba el joven de tez blanca, gran sonrisa, ojos cafés pequeños y mirada tímida que, supongo, generaba lo desconocido. 

De lejos me hizo señas para que esperara. Abrió el portón y me pidió que pasara a la sala. Desde ese momento se distinguía su cordialidad y la enseñanza de los buenos modales en casa. La puerta negra metálica de la entrada daba directo al sofá café oscuro donde nos sentaríamos a realizar la entrevista. El joven de 29 años, Nelson Crispín, mide ciento treinta y seis centímetros, es nadador paralímpico y actual medallista de oro en los 200 metros. Rompió el récord mundial de la categoría SM6, en la cual clasifica por su condición de discapacidad: acondroplasia. Nos acomodamos para comenzar. Trataba de hacer contacto visual conmigo, pero se le notaba nervioso, tal vez por la idea de la entrevista.

¿Quién es Nelson?, pregunté. La verdad es que con los deportistas, los cantantes y los actores siempre he sentido que es mejor encontrar la versión que no es pública de su personalidad. Un poco esquivo pero dispuesto a conversar conmigo me miró a los ojos y me comentó «es un deportista paralímpico. Como persona, muy amable, respetuosa y competitiva». Físicamente, Nelson tiene un parecido similar a su madre, cabello oscuro y cara ovalada, pero considera que tiene la personalidad fuerte y perseverante de su padre.

En la pared verde donde se apoya el sofá hay varios cuadros, un cristo grande que sobresale del muro y una foto familiar de hace varios años. Su familia siempre ha sido un gran apoyo en su vida y su carrera «empecé a sentirme diferente a los 10 o 12 años cuando todos crecían y me di cuenta de mi condición. Siempre hablaba de mi inconformidad con mi mamá». Durante esos años tuvo que empezar a aceptarse.

Con la duda en mente quise entender porqué era considerada una discapacidad la condición de Nelson. Me contacté con la médica general Janeth Cristancho para resolver esa duda “La acondroplasia es un trastorno genético considerado una discapacidad debido que, además de su baja estatura, las personas que la padecen pueden presentar hidrocefalias, alteraciones mentales o alteraciones en las vías nasales”. En el aspecto físico y deportivo, esta condición genera que sea complicado para ellos mantener una buena postura al caminar, correr o nadar.  

Nelson había intentado inyectarse hormonas de crecimiento para adquirir un poco de altura «todos mis primos son bastante altos, yo los veía y quería ser como ellos. Mi meta era ser como ellos». Ante esto, su médico le recomendó que sería mejor que practicara algún deporte que lo mantuviera activo, porque con los años, por su condición, podría presentar complicaciones en sus órganos y sus miembros. Intentó con el baloncesto «pero eso era más como un pasatiempo», comentó. Luego, descubrió su pasión por la natación. 

Crispín comienza a demostrar mayor confianza al hablar, un poco incómodo por los ruidos de la calle me mira con vergüenza, pero sigue hablando, buscando tranquilidad y comprensión en mis ojos. Me cuenta que sus inicios en la natación se dieron hace 16 años. Un día cuando acompañaba a su hermano mayor a realizar un curso para ser oficial de la Policía, estando en las piscinas olímpicas el entrenador William David Jimenez, quien era entrenador de su hermano, notó su discapacidad. «Le dice a mi hermano que me haga la invitación de participar en un proyecto que estaba comenzando en ese momento, para ese entonces existían los deportes paralímpicos, pero apenas se estaban dando a conocer. Así llegué a los entrenamientos de natación». 

El deporte era y es una necesidad para la vida sana, mental y física, de Crispín. «En ese momento estaba pasando por la etapa de aceptación, la natación se había convertido en un impulso para mantenerme motivado. Al principio funcionaba, pero mientras iba a los entrenamientos, solo, me costaba mucho la idea de pedir ayuda, a veces me sentía bien y a veces me sentía mal. Pero al conocer gente con mi discapacidad o con otras discapacidades fue mejorando mi auto-aceptación». Él y sus compañeros se propusieron, en aquel tiempo, convencer a la gente de que la natación paralímpica era un deporte como cualquier otro y que debería ser considerado importante en Colombia.  

Investigando sobre su vida leí una noticia donde afirmaban que Crispín le tenía miedo al agua. «No sabía nadar, nunca había entrado a una piscina, solo había usado una pantaloneta para entrar al río. Es normal tenerle temor a lo desconocido, el agua es un medio que merece mucho respeto, pero con las técnicas fui mejorando». Su entrenador, William David Jiménez, hombre alegre y motivado, afirma: «durante muchos años fue un gran reto hacerlo tomar conciencia de su trabajo, y esto sería una oportunidad para superar sus obstáculos como persona con discapacidad». Actualmente Crispín suma tres medallas de plata, ganadas en los Juegos Paralímpicos de Río 2016, y una medalla de bronce, dos de plata y una de oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

Mientras conversábamos sobre su vida, le mencioné que si podía mostrarme un álbum de fotos de su infancia. Me miró eufórico y subió rápido por un libro con sus fotos. “No tengo muchas fotos de pequeño, pero esto es lo que hay”. Pasando las páginas me comentaba que es el penúltimo hijo de cinco, una mujer y cuatro hombres. Omar Crispín, su hermano menor, alto de pelo negro y ojos verdes penetrantes, llegó en el momento y se unió a la conversación: “nosotros somos muy unidos, pero sobre todo con el hermano más cercano. Como somos cinco, está la mujer y los dos primeros hombres, y luego estamos Nelson y yo. Somos muy amigos, somos más amigos que hermanos, nos brindamos la mano cuando lo necesitamos. De todas formas, si tenemos una discusión con Nelson, él busca apoyo en su hermano mayor, pero las discusiones no duran nunca más de dos días”. 

Foto de álbum familiar padres y hermanos de Nelson Crispín Corzo 1998/ Archivo familia Crispín

Nelson nos dejó solos para atender una llamada por lo que aproveché para preguntarle a su hermano cuál había sido el mayor reto para Nelson al conocer de su condición. A pesar de haberle preguntado lo mismo a Nelson, la perspectiva del apoyo entre hermanos era algo que me interesaba. “A él nunca le ha gustado hacer nada solo. Compartimos mucho juntos, cuando íbamos a entrenar. Después de un tiempo me retiré y él tuvo que empezar a hacer las cosas por sí mismo. Siempre le costó mucho tener que pedir ayuda, como a la hora de alcanzar algo que estaba muy alto o preguntar si podían parar el bus. Aunque ahora es más independiente, logra hacer todo por su cuenta, es más sociable y le gusta conocer a las personas”.

Cuando Nelson volvió se agachó detrás del sofá. Al principio no entendía que buscaba o hacía. De repente sacó una pequeña bolsita negra que tenía marcado el logo de los Juegos Paralímpicos. Me la entregó, “esta es la medalla”. De inmediato, se dibujó una gran sonrisa de orgullo en su cara. La medalla era del tamaño de una oblea mediana, pero pesaba como un televisor, la agarré con una mano y rápidamente tuve que poner la otra debajo. “Es bastante pesada”, le dije preocupada de que se cayera, él me miró y sonrió.

Le devolví la medalla y le sonreí. Lo felicité e hice una de mis últimas preguntas, “¿cuál es tu próxima meta?”, anteriormente me había comentado que le gustaba plantearse diferentes metas personales para retarse. “Mi próxima meta son los Juegos Paralímpicos en París 2024”. Él y su entrenador han estado trabajando duro para mejorar las técnicas y su desempeño en el agua.  

Me surgió una última pregunta sobre sus propósitos. ¿Qué esperas para tu futuro después del deporte?, con una mirada plena y segura de sus acciones me dijo “quiero educar a los niños, quiero enseñarles todo lo que yo he aprendido. Quiero mejorar yo para poder transmitirles eso a ellos”. Nelson es estudiante en último semestre de la carrera de Cultura física en la Universidad Santo Tomás de Floridablanca. 

Nelson es apasionado por el deporte, considera que es una fuente importante de salud. “Quiero ser entrenador, quiero formar a los niños convencionales y discapacitados a ser buenos deportistas, que perseveren”. Me voy a casa segura de que para una persona decidida nada es un límite. Que a pesar de no estar a la altura de otros, siempre hay una forma de obtener la medalla de oro. Esta enseñanza me la entrego un gigante de ciento treinta y seis centímetros. 

Nelson Crispín con su medalla de oro en la sala de su casa/Foto por Valeria Almeyda Ordóñez
Universidad Autónoma de Bucaramanga