No hay mejor sustituto que un refugio de amor

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) trabaja para proteger a la primera infancia e infancia y adolescencia, y a aquellos que se encuentran en amenaza y vulneración de sus derechos. Esta es la historia de Aracely Chogó.

Por María Catalina Gómez Carreño / mgomez781@unab.edu.co

Las circunstancias de violencia, abandono y otras formas de violación de derechos que enfrentan muchos niños y niñas, hacen inevitable la existencia de hogares sustitutos. Estos lugares representan un refugio crucial para aquellos que necesitan protección y cuidado cuando se ven privados de un entorno familiar seguro y amoroso. 

Hace 30 años ingresó al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, el que fue su casa por 21 años, hasta que decidió retirarse por su propia voluntad, creyendo tener una mejor opción de vida. Así es crecer en estos hogares. Aracely Chogó tiene 30 años, nació el 15 de enero de 1994, en Bucaramanga. Cuando tenía un poco más de un mes de nacida, fue remitida del entonces Hospital Universitario Ramón González Valencia al ICBF reportando su abandono, luego de estar hospitalizada debido a diversos traumas congénitos. Acababa de pasar por una cirugía para poner una válvula en su cabeza para controlar su hidrocefalia.

El 22 de febrero de 1994, “recibí una llamada del Bienestar para asignarme una niña, pero a mí no me dijeron allá cuantos problemas tenía, a ella la pusieron en mi hogar porque yo tenía cupo y porque a mí casi siempre me daban niños especiales”, dijo Socorro Carreño quien desde ese momento se convirtió en su madre sustituta hasta antes de su retiro.

Aracely Chogó vive en Piedecuesta y trabaja con ventas ambulantes. /FOTO CATALINA GÓMEZ

Además de la hidrocefalia tenía espina bífida o secuela de mielomeningocele (la médula espinal de un bebé no se desarrolla de forma correcta) y pie equino (pie torcido o fuera de su posición). 

“No se me ha dado por buscar a mi familia, porque ya para qué, ya la edad que tengo para qué, mi mamá no supo qué hacer conmigo, no la juzgo, ni nunca la juzgaré porque uno no sabe cuáles fueron las circunstancias por las cuales la obligó a hacer lo que hizo”, dice Aracely. 

Para el 2022 en el departamento había 224 hogares sustitutos, según el ICBF, hay 73.417 niños, niñas y adolescentes con procesos administrativos de restablecimiento de derechos. De estos, el 59 % (43.316) están con su familia, 27 % (19.823) están en modalidades de acogimiento residencial y 14 % (10.278) en Hogar Sustituto.

Esta imagen hace parte de los recuerdos que Socorro Carreño conserva de los niños que estaban en su hogar. En la fotografía están Aracely Chogó y Anny Katherine Cortés. /FOTO SUMINISTRADA POR SOCORRO CARREÑO

Hogar compartido

Socorro Carreño llegó al programa el 1 de enero de 1988 por necesidad, como una forma de conseguir un trabajo desde su casa que le permitiera mantener a sus hijos, cuidarlos y ayudarse desde el punto de vista económico; inició con un niño, Jhon Jairo Villamizar, pero en algunas épocas tuvo hasta siete. 

Algunos de los que estaban en su hogar tuvieron la posibilidad de ser adoptados, como Jhon Jairo, María Salomé, Carlos Andrés y Jorge Iván Pérez (estos dos últimos son hermanos y acogidos por la misma familia) que se fueron para Noruega; Silvia Fernanda Ovalle y Édison Daniel que están en Bélgica y otros aquí en Colombia, como Anny Katherine Cortés Navarro; sin embargo, Aracely no era aprobada. Recuerda la mayoría de los nombres de sus hijos temporales y las historias que lastimosamente les habían ocurrido, como niños que eran abandonados en maletines en la carretera o empeñados por cerveza, drogas u otras circunstancias. Parecen situaciones irreales, pero son los casos que día a día les ocurren a cientos de niños en el país.

Estuvo 27 años cuidándolos, perdió la cuenta de cuántos han pasado por su casa, pero se aseguró de que aquellos que estuvieron, recibieran todo el cariño y los recursos para estar bien. 

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Un afecto sanador

Los hogares sustitutos son familias que de forma voluntaria prestan sus casas para acoger, cuidar y proteger a niños y niñas por un tiempo pasajero que están bajo la protección del ICBF por razones como haber sido víctimas de violencia y todo tipo de vulneraciones.

Recuerdo de Aracely junto a una vecina del barrio Diamante II, en donde vivía. /FOTO SUMINISTRADA POR SOCORRO CARREÑO

Cuando Aracely era pequeña y se iniciaron a tratar todos sus problemas de salud, eran épocas difíciles, en donde Socorro tuvo que, como ella dice, “llevar del bulto” porque el trato recibido por otras personas no era digno, cuando tenía que estar con ella horas, días y semanas, esperando y cuidando de ella cuando era operada, aguantando hambre y frío e incluso “pateando calles” porque no se habían autorizado bien los papeles. 

Recuerda cuando el neuropediatra Jairo Rodríguez le dijo: “Con todo lo que ella tenía de problemas de salud, lo que logró superar fue por el afecto que recibió, de lo contrario, ella podría ser como un vegetal”. 

Esta imagen hace parte de los recuerdos que Socorro Carreño conserva de los niños que estaban en su hogar. En la fotografía están Silvia Fernanda Ovalle y Aracely Chogó. /FOTO SUMINISTRADA POR SOCORRO CARREÑO

La psicóloga Belky Sáenz Bonilla dice: “Este componente de amor, de cariño, de aceptación y de cuidado es trascendental y eso es lo que hace la diferencia en la evolución y en la manifestación de muchos síntomas en una persona con diferentes situaciones. En el caso de Aracely tuvo el acompañamiento de una familia que la aceptó, la amó, le permitió ser tratada, a pesar de su condición, como una persona normal, que la ayudaron a desarrollar, a evolucionar a que esa enfermedad no fuera un obstáculo, el sentirse que pertenece a una familia es un cambio trascendental y ese es el resultado de que Aracely no quedara como un vegetal. En donde Aracely hubiera estado en una institución solo con la parte médica, pero si no hubiera tenido el amor y el cariño de una familia los resultados serían lo que pronosticaron los médicos”. 

A pesar de no tener una familia, el Bienestar se encargaba de cubrir sus gastos: “Sí, es bueno estar en el Bienestar porque le colaboran a uno con pañales, con ropa, con útiles escolares, o sea, no lo dejan a uno desamparado. Y estar en un hogar, que tenga el calor de familia”, menciona Aracely. Es por esto por lo que los hogares sustitutos que brinda el ICBF deben ser un lugar donde una madre o padre esté para ellos, tratarlos, quererlos y cuidarlos como propios.

Universidad Autónoma de Bucaramanga