Por Camila Del Vecchio: cdel213@unab.edu.co, Ashley Remolina: aremolina283@unab.edu.co y María Camila Monsalve:mmonsalve131@unab.edu.co
La mejor playa de Sudamérica, según los World Travel Awards, no son ni las famosas Galápagos ni la hermosa Margarita. Por quinto año consecutivo, el lugar lo ocupa un paraíso turístico colombiano, olvidado en el mar caribe, el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Con su mar de siete colores, cautiva a quien pasea con la chanclas en la mano y arena de sus playas en los pies. Sin embargo, este tesoro del que sacan pecho los colombianos fue aislado por el gobierno y hoy depende del turismo. Así lo confirma el isleño Alex, que se preguntan si en San Andrés hay un gobierno:
“San Andrés no tiene gobierno. Ahora mismo, apenas empezó el gobernador, se dedica a quitar motos, a hacer retenes, pero a las cosas que en realidad importan, no se dedican. Estamos graves en muchas cosas”.
Su popularidad comenzó cuando en los años 50 llega Rojas Pinilla y propone la Ley 127 del 59, la cual le permite a los turistas «a traer como equipaje, libre de gravámenes aduaneros, artículos para uso personal y doméstico, en cantidad no comercial», o sea un sitio perfecto para el shopping solamente, pues en lo legal la isla solo puede ser habitada por nativos. Ya que el Decreto 2762 dio origen a la Oficina de Control, Circulación y Residencia (Occre) de San Andrés, la cual impide que cualquier ciudadano colombiano o extranjero se establezca de manera permanente en las islas del archipiélago. Sin embargo, Alex también hace referencia a que en San Andrés sí hay extranjeros, los cuales, para él, le han quitado parte de la paz a la isla: «Era una isla de paz, de regocijo, de vecinos excelentes, de gente linda y han dejado meter a todas clase de gente de otros lados, acá han dañado la isla. Se han dedicado a hacer cosas malas».
Cuando los turistas llegan a San Andrés, los miembros de la Occre verifican los datos proporcionados. Se confirma la existencia de reservas de hotel o si se hospedan en casas de familia, además se requiere una carta de compromiso. Y después de pagar la tarjeta de turismo (un estilo de peaje de $137.000 por persona) para poder entrar a la isla, pueden estar de vacaciones por un máximo de 15 días.
Según datos de la Secretaría de Turismo de San Andrés, en 2023 la isla acogió a 74.583 turistas nacionales e internacionales entre el 1 y el 24 de diciembre. Y este año, solo contando los puentes festivos del 31 de mayo al 3 de junio, y del 7 al 10 de junio, hubo un total de 20.431, de esos 8.954 fueron nacionales y 1.699 fueron extranjeros.
Lo que reafirmó que el sector turístico que representa el 98% de la economía de la isla y que se había visto golpeado con cese de operaciones de las aerolíneas Viva y Ultra Air, pues los vuelos que llegaba a la isla se redujeron drásticamente, pasando de un promedio de 32-35 diarios a apenas entre 8-11.

Aun así, la crisis turística en San Andrés es preocupante, pues la ocupación hotelera no supera el 40 % y el PIB de la isla cayó un 2,2 % en 2023. En respuesta, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT), a través de Fontur, anunció una inversión de $9.360 millones de pesos para ejecutar 17 proyectos turísticos que buscan reactivar la economía local. Pero eso está por verse.
Mientras, no son solo los turistas quienes aman este paraíso, ya que el Archipiélago, está más cerca de Nicaragua (a 110 km) que de Colombia (a 720 km de la costa norte), permite que en trayectos muy cortos, de apenas tres horas en lancha, se puede llegar a las costas caribeñas de Nicaragua. Un factor que ha puesto a San Andrés en disputa territorial con este país, haciendo que los sanandresanos no sepan de qué nacionalidad quieren ser. El sanandresano Yudier Arbulla reafirma que él es colombiano y sin importar la falta de apoyo del gobierno, él quiere seguir portando la tricolor.
“Colombia nos ha apoyado, pues no podemos decir que no. Pero en la parte de conocer San Andrés como sanandresanos, no lo han hecho, por eso no nos gusta hacer parte de Colombia. Colombia sí nos apoya, pero es difícil, la isla es colombiana y no podemos hacer más nada. Estamos mejor si nos quedamos como estamos. Somos colombianos”.

Al tiempo que El Clan del Golfo es en este momento dueño de la ruta de transporte de cocaína que sale desde distintos muelles en La Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar y Sucre; pasa por el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y llega a Panamá, Nicaragua y Honduras antes de terminar en Estados Unidos y Europa, según fiscales antinarcóticos, abogados, líderes y lideresas de la isla, académicos, investigadores y documentos judiciales consultados por La Liga Contra el Silencio.
No por nada, hace unos días, en una operación marítima conjunta de la Fuerza Aérea Colombiana, la Armada de Colombia y la Fiscalía General de la Nación interceptó una lancha tipo «Go Fast» con 3.379 kilogramos de cocaína al norte del archipiélago.
“El gobierno no hace nada, por eso matan, roban, hacen y deshacen, nunca ninguna cámara. Pero vaya que hayan unos kilos flotando ahí en el agua de coca y enseguida llega toda la policía a ver qué pasa, porque para eso sí están listos, para la mala fe. Aun así, para ayudar al isleño y para ayudar a la gente de acá, nadie nos ayuda. Tenemos una isla súper atrasada en cosas, nos falta de todo en San Andrés, ¿Dónde están esos 137.000 pesos?” Álex, Sanandresano.
Y es que sobrevivieron a los huracanes Iota en 2020 y Julia en 2022, que dejaron una marca devastadora en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina; y de los cuales aún no se han podido recuperar infraestructuralmente por la ausencia del Estado. Iota, que pasó a solo 35 kilómetros de Providencia como huracán de categoría 4, incomunicó la isla durante 16 horas, causando la muerte de cuatro personas, afectando a 6.000 más y destruyendo el 98 % de la infraestructura. En total, 2.542 viviendas fueron dañadas por Iota y 1.300 más por Julia. Aunque la UNGRD asignó 5.700 millones de pesos entre marzo y diciembre de 2022 para la recuperación, la reconstrucción sigue siendo lenta. Según Carlos Carrillo Arenas, director de la UNGRD, aún quedan alrededor de 60.000 toneladas de escombros en Providencia.
“San Andrés está tan abandonado, tan feo, que usted va a San Luis y no hay nada que ofrecerle al turismo. El turista llega a la cueva de Morgan, ahí va el Hoyo Soplador que no sopla más la atención, aquí todo es mala atención.”
Viajar a San Andrés no es nada sencillo, mínimo se necesitan entre 400.000 mil a 1.200.000 mil pesos para comprar el pasaje, 100.000 mil pesos por noche para quedarse en el alojamiento más económico, entre 20.000 a 40.000 mil pesos por un bocado “económico” y la tarjeta de entrada que cuesta 137.000 mil pesos. Es decir, un día en San Andrés, alojándose y comiendo en los sitios más baratos, puede llegar a costar 240.000 mil pesos. Esta es otra de las joyas del Caribe y cual joya debería pulirse con regularidad, tenerla reluciente y dar a sus habitantes calidad de vida, porque ¿Qué turismo tendría la isla sin ellos?





