
Opinión por: Selene Valencia
Con nueve meses de mandato, el alcalde Jaime Andrés Beltrán ha centrado sus esfuerzos en su presencia en redes sociales y en campañas, que si bien benefician a una parte de la población de Bucaramanga, también dejan de lado a las minorías que han luchado durante años por el respeto y la inclusión en la sociedad.
El dilema de Beltrán es la no neutralidad que ejerce en la alcaldía debido a la religión de la que es creyente y además vocero. Por eso las personas de la comunidad LGTBIQ+ en Bucaramanga han quedado en un segundo plano, afectando su lucha por la igualdad. Esta situación no solo se manifiesta en la censura de sus símbolos, sino también en la ocupación de espacios públicos para promover discursos que cuestionan las acciones de un colectivo que ha sufrido históricamente abuso policial, violencia física, asesinatos y desapariciones.
“Las comunidades LGTBIQ+ nos han venido ganando un terreno enorme” (Beltrán, 2024, Centro Cristiano)
En Bucaramanga, la bandera LGTBIQ+ fue izada durante ocho años consecutivos en junio. Sin embargo, el alcalde Beltrán ha decidido no permitir su presencia en 2024, argumentando a través de la Secretaría de Desarrollo Social que existe una normativa sobre banderas que prohíbe retirar cualquier bandera que no represente a los símbolos patrios. Surge la pregunta sobre las consecuencias legales de esta decisión, especialmente considerando que en otras capitales del país, incluida la Casa de Nariño, se ha hecho uso de este símbolo sin infracción de la supuesta ley.
“Yo prometí no izar la bandera, yo prometí no ser promotor de principios que yo no comparto.” (Beltrán, 2024, Centro Cristiano)

Es cierto que durante el mes del orgullo, la alcaldía, a través de un programa de diversidad, organizó algunas actividades. Sin embargo, la administración municipal no parece estar capacitada o dispuesta a ofrecer espacios que garanticen una inclusión genuina. Un ejemplo de esto fue una iniciativa dirigida a mujeres trans trabajadoras sexuales, que buscaba brindarles formación en peluquería. Lamentablemente, muchas de ellas se sintieron discriminadas durante el desarrollo de esta actividad, ya que en ocasiones no se les reconoció su identidad de género.
Es relevante preguntarse por qué la atención se centra únicamente en el mes de junio. El alcalde no ha propuesto estrategias continuas que promuevan la diversidad de género. Esta falta de iniciativa es preocupante, considerando que en 2016, mientras era concejal, llevó a cabo una campaña titulada “La ideología de género no va”. Este tipo de posturas representa un reto para los habitantes de Bucaramanga y Santander, un departamento reconocido por su conservadurismo, que puede fomentar el rechazo y la homofobia.

“La mansedumbre me ha enseñado que no es la agresión, la violencia la que hará que cambie su manera de pensar. Será el testimonio que hará que ellos vuelvan a ver como nosotros” (Beltrán, 2024, Centro Cristiano)
Es irónico que, en sus discursos, Beltrán defiende el bienestar infantil, cuando su razonamiento parece estar más alineado con sus propias ideologías.
Pastor Beltrán, el cuidado de los niños también incluye la salud mental, y aquellos que están en la búsqueda de su identidad requieren acompañamiento profesional no influenciado por la religión. Este apoyo puede fomentar el amor propio y ayudar a prevenir el aumento de suicidios vinculados a la homofobia.
Asimismo, se reconocen algunas acciones realizadas por Paula Ramírez, la «gestora de paz», en beneficio de las mujeres. No obstante, es crucial recordar que las mujeres trans también enfrentan serios desafíos; en lo que va del año, se han reportado 16 asesinatos de mujeres trans. ¿Está el alcalde implementando algún plan de protección para ellas? ¿Existen rutas de atención disponibles? Además, ¿es consciente de que muchas de las trabajadoras sexuales trans en Bucaramanga son migrantes?





