K-popers bailando en el parque San Pío./FOTO ALEJANDRO PAIPA CÁRDENAS

Es posible que se asocie el término “culturas urbanas” (también llamadas tribus urbanas) con los tradicionales punkeros, metaleros o emos, que siguen activos pero no solos. Con el paso del tiempo y las facilidades otorgadas por la tecnología, estilos de vida, costumbres y gustos migran de todas partes del mundo hasta hacerse un lugar en la vida de algunos colombianos y, en este caso, bumangueses.

En esta nota se darán a conocer algunas de las comunidades en crecimiento que hacen presencia en la capital santandereana: otakus, gamers, cosplayers y k-popers. Un factor común que tienen estas cuatro grupos es la cultura oriental, principal influenciadora de los otaku, k-popers y, en menor medida, de los gamers y cosplayers. Cada una de ellas cuenta con representantes que quisieron explicarle a Periódico 15 lo que significan sus comunidades en la ciudad.

Los gamers

Si alguien visitara a Diego Andrés Ortega Gélvez a las 3:00 a.m. podría encontrarlo “con las manos en la masa” o, mejor dicho, en el teclado. Él, quien desde sus siete años de edad tiene los ojos puestos en los videojuegos, cuenta que a sus 20, es un amante de este estilo de vida.

Algunos videojuegos (como League of Legends) son considerados deportes y se les denomina E-sports. /FOTO ALEJANDRO PAIPA CÁRDENAS

Diego es un gamer (videojugador), lo que quiere decir que le gustan los videojuegos, tanto que a pesar de estar “apretado en la universidad” saca tiempo a diario (generalmente en las noches) para jugar en su computador. “Los videojuegos también son una ayuda de desestrés para salir un poco de la rutina de estar trabajando todo el tiempo”, comenta el estudiante de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Industrial de Santander (UIS) con un movimiento particular de pulgares, como emulando el control de alguna consola de videojuegos.

Los gamers están en aumento, pues las oportunidades que dan las compañías desarrolladoras de videojuegos son cada vez más amplias. En un estudio realizado por Google Colombia sobre los videojugadores colombianos se reveló que hubo cuatro mil millones de visitas en la plataforma YouTube consultando contenidos referentes a los videojuegos. “Uno conoce un montón de gente que juega, yo tengo muchos amigos que lo hacen, entonces no es el mismo contexto de antes en que las personas jugaban solas”, dice Diego Ortega, dando un vistazo somero del fenómeno de masas que hay detrás de los videojuegos.

Ortega en la sala de su casa en el barrio Los Pinos mientras juega en su computador./FOTO ALEJANDRO PAIPA CÁRDENAS

En Bucaramanga hay jugadores con un nivel extraordinario, un ejemplo de esto es el equipo Babilio Gaming, de la UIS, que representó a Colombia en el Circuito Universitario Panamericano (CUP) del videojuego League of Legends en 2017, realizado en México. Babilio Gaming regresó a la ciudad con el segundo lugar de la competición y haciendo notar que la comunidad gamer empieza a dar pasos de gigante.

Los otakus

Mientras desempolva las figuras de acción que conserva desde su infancia, Marlon Andrés Cáceres Delgado comenta que desde que tiene memoria ha sido un otaku. “Es una persona que le gusta el anime y en general la cultura japonesa (…), cuando era pequeño no nos llamaban otakus, simplemente éramos los que ‘veían matachitos’ ”, expresa el joven de 24 años con una sonrisa. ‘Anime’ es el nombre que se le ha dado en occidente a la animación japonesa y, además, es la principal pasión de esta comunidad: series de dibujos animados provenientes de Japón.

Marlon Cáceres junto a algunos artículos de su colección otaku. /FOTO ALEJANDRO PAIPA CÁRDENAS
Historietas como esta forman parte de los artículos que adquiere en sus viajes. / FOTO ALEJANDRO PAIPA CÁRDENAS

“Con el paso de los años uno desarrolla un gusto por coleccionar álbumes, figuritas (de anime) y uno se vuelve un fanático para toda la vida”, asegura Marlon Cáceres, un fanático que ha recorrido países como México y Estados Unidos, que en cada uno de ellos buscó tiendas dónde conseguir algún elemento particular para expandir su colección, que ve con entusiasmo el desarrollo de este colectivo en Bucaramanga y, sobre todo, que comparte su esencia.

Cáceres Delgado es docente de Inglés y Lengua Castellana en la Institución Educativa Santa María Goretti, donde sus estudiantes son jóvenes de décimo y undécimo grado, algunos también fanáticos del anime. “Esto va a seguir creciendo, los más veteranos están transmitiendo a su familia, de generación en generación la cultura del anime y los otaku”, dice con propiedad, describiendo quizás, lo que él hace con sus estudiantes.

Las figuras más comunes en su colección son de la serie Dragon Ball-Z y las conserva desde 1997. /FOTO ALEJANDRO PAIPA CÁRDENAS

Mientras acomoda figuritas de Dragon Ball Z (su anime favorito) en una repisa, hace una comparación de miles de kilómetros de distancia: “el santandereano es pujante, trabajador y esa es una similitud con la cultura japonesa”, una similitud que ha visto reflejada en el empeño que le ponen los organizadores y asistentes de los eventos de la comunidad en la ciudad. Para Marlon, el hecho de “ver lleno de personas el Coliseo Bicentenario en un evento otaku” es inspirador y augurio de una “larga vida” a la comunidad otaku en la Ciudad Bonita.

Los cosplayers

En 2014, David Josué Macías Rico de 21 años y estudiante de Diseño Industrial de la Universidad de Investigación y Desarrollo (UDI), participó en un concurso de disfraces organizado en una discoteca de Bucaramanga, le pareció divertido crear y exhibir el traje de Pyramid Head, personaje del videojuego y película Silent Hill, cuya característica más llamativa era una máscara de más de un metro de largo en forma de pirámide. Después de conseguir el primer puesto en el concurso, se enteró por las redes sociales que su trabajo tenía un nombre: cosplay.

Es una práctica en la cual los participantes (llamados cosplayers), interpretan personajes propios o de ficción. Se inspiran en fuentes como historietas, cine, libros, series, videojuegos y manga a la hora de caracterizar sus personajes mediante atuendos e interpretaciones. “Lo que hace a un cosplayer es crear sus prendas para luego él mismo exhibirlas”, dice David Macías mientras se muestra orgulloso de su última creación: Pantheon Panadero, del videojuego League of Legends. Este atuendo en particular cuenta con accesorios de gran tamaño (escudo en forma de pan y lanza de cuchillo de cocina) hechos en goma Eva o microporosa y espuma de poliuretano, dos de los materiales más comunes a la hora de realizar un cosplay.

Generalmente se preparan para exhibir sus creaciones en concursos que califican parámetros como la confección, parecido al personaje, presentación, puesta en escena y la más importante: la interpretación. “Tenía que ser el personaje, entonces debía entregar oro, tragarme cosas, comportarme raro, como era él, solitario (…) todo eso lo miran”, cuenta el joven estudiante de su primera participación en un concurso.

Eventos como las eliminatorias regionales en Bucaramanga del concurso ShinAnime Elite Cosplay, motivan a que cada vez haya más y mejores cosplayers en la ciudad y abren el camino para experiencias internacionales en países como México y Japón.

Los k-popers

La música es un arte que ha movido masas a lo largo de la historia, y lo sigue haciendo. El k-pop (música popular coreana) es un fenómeno musical que se esparce por el mundo con un mensaje enérgico y fraternal. “Los k-popers no solo se tratan de música, sino también de que los chicos puedan mostrar su talento en canto y baile”, explica Dayana Quintero Suárez “Kisara”, quien junto a Wendy Tatiana Mesa Gómez “Wen” y Liseth Nathalia Guevara Colmenares “Lis” lidera la comunidad Hallyu Bucaramanga integrada por fanáticos del género coreano.

Coreografía ejecutada por los miembros de la comunidad de manera improvisada./FOTO ALEJANDRO PAIPA CÁRDENAS

Esta comunidad realiza eventos culturales, deportivos y de entretenimiento relacionados al k-pop. “Esto es una forma en la que ellos se vienen a expresar, si te gusta el baile puedes conformar un grupo con chicos con los que vas a bailar y a hacer amigos”, dice Wendy Mesa refiriéndose al baile, la actividad más representativa de los k-popers.

Un pequeño bafle es suficiente para contagiar de energía a los miembros de la comunidad. Se organizan a escuchar sus canciones favoritas y bailan las coreografías exactas de los videos musicales, práctica que se denomina random dance (baile aleatorio).

Dayana Quintero Suárez, Wendy Tatiana Mesa Gómez y Liseth Nathalia Guevara Colmenares, lideres de Hallyu Bucaramanga. /FOTO ALEJANDRO PAIPA

Además del entorno musical que se maneja en la comunidad, uno de los pilares principales es la amistad. “La idea de esto es crear un soporte para los chicos (…), crear un espacio para que ellos sean quienes son y que sea un sano esparcimiento”, comenta ‘Wen’ mientras alguien grita “¡Kisara te amo!”, como ejemplo de lo unida que puede estar la comunidad en un espacio como el parque San Pío.

“Nos vamos a dar en la mula, pero sin desmamonarnos”, fue la frase que pronunció ‘Wen’ cuando explicaba a la comunidad una dinámica de juego. Frase que, además, muestra que el gusto por la cultura y la música coreana “no representa una pérdida de identidad santandereana” y que ella seguirá vigente junto a la comunidad k-poper.

Por Johan Alejandro Paipa C.

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Universidad Autónoma de Bucaramanga