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Pese a las cintas que demarcan el paso, visitantes del Parque de los Niños pisan las zonas verdes

Las señales de “peligro no pase” no han sido suficientes para proteger el pasto allí sembrado. La comunidad pide a las autoridades mayor educación frente al tema, ya que, incluso, los niños son más respetuosos que los adultos.

Las cercas de algunos sectores donde la Emab ha sembrado pasto japonés por segunda vez, están dañadas. Las cintas están rotas sobre el suelo y las personas se permiten ingresar a las zonas donde ven un poco de verde para sentarse. /FOTO MARÍA FERNANDA PALENCIA A.

En el Parque de los Niños, uno de los escogidos por la Alcaldía para sembrar el pasto japonés, los ‘parqueros’ se encargan de su cuidado. En algunos sectores han tenido que sembrarlo por segunda vez y encerrar con cintas. El intento porque brote el césped le ha costado a la administración municipal unos cuantos dolores de cabeza, además de $4.241 millones para el mantenimiento de parques en la ciudad y $250 millones para que el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga instale 50 nuevos sistemas de riego.

Entre las propuestas de la alcaldía de Rodolfo Hernández Suárez estaba sembrar el mismo tipo de grama que hay en los campos de golf en algunos parques de la ciudad tales como: Las Palmas, Las Cigarras, San Pío y Los Niños, entre otros. Sin embargo, el proceso se ha visto involucrado en investigaciones por la Contraloría local debido al deterioro de las zonas verdes y la comercialización de la gramilla con privados.

Ciudadanía activa

En 2017 se hizo la instalación por primera vez en el Parque de Las Palmas. La falta de mantenimiento -bandera que lleva la Emab- generó inconformidad en la población que denunció la precariedad del parque. Las denuncias ciudadanas alertaron a la Contraloría Municipal. “El parque ha mejorado mucho este año, ya está más verde y el pasto va creciendo. Siempre están por ahí los señores que lo riegan y lo barren”, afirmó Nancy Jaimes, una habitante del sector.

En agosto de este año, la polémica se desató en el Parque San Pío. La comunidad del sector pedía una grama diferente, pues el tipo que había propuesto la administración, requiere de pleno sol para su crecimiento, lo que habría significado el sacrificio de gran parte del follaje de los árboles. Al final, la Alcaldía tuvo de desistir de su intención por resembrar y dejaron crecer una especie más resistente.

Problemas legales

La Alcaldía de Bucaramanga y la Emab firmaron un convenio interadministrativo para la compra e instalación de más de 30 mil metros cuadrados de grama japonesa en 2018. Las zonas verdes públicas de la ciudad son las beneficiarias directas de dicho contrato. Sin embargo, meses atrás, una cámara de seguridad de la urbanización Villas del Prado registró el ingreso de una camioneta de la Emab cargada de pasto japonés que, según versiones de algunos residentes, fue entregado a particulares.

Con respecto al convenio entre la administración municipal y la Emab, la Contraloría encontró un posible sobrecosto. La Secretaría de Infraestructura le paga a la Emab $12.999 por la instalación de un metro cuadrado, mientras la empresa de aseo lo adquiere a $6.400. La respuesta de la Emab, en ese entonces, fue justificar el sobrecosto con el mantenimiento y la mano de obra.

La zona de juegos es la que posee una gramilla verde y abundante. Los niños que allí se divierten no superan los 8 años y han sabido respetar las delimitaciones hechas para proteger el pasto. /FOTO MARÍA FERNANDA PALENCIA A.

Cultura y pedagogía

El sábado 1 de septiembre Periódico 15 visitó el Parque de los Niños. El estado de la grama evidenciaba la falta de cultura de la ciudadanía. El prado ha sido víctima de los visitantes que han roto las cintas que encierran esos lugares, pisando o sentándose allí y han obstaculizado su crecimiento. “Peligro no pase”, es la frase en color rojo que se repite a lo largo de las cintas. El problema es que “la gente misma daña las cercas, a veces los animales también. Por eso hay lugares que se ven feos”, cuenta Sergio Contreras, un vendedor de helados.

En el sector de juegos la alfombra verde está intacta; los más pequeños parecen haber entendido el mensaje. Son los adultos, principalmente, quienes rompen las cintas y aplastan el prado. “Acá hay muchos lugares para sentarse donde el pasto ya ha crecido, pero la gente se mete sólo porque otros rompieron las cintas”, asegura Óscar Tarazona, quien visita el parque de Los Niños con su hijo. Además afirma que falta cultura ciudadana porque “la gente ve las cintas, pero no acata la orden”.

El hecho de que la Emab haga presencia en los parques de la ciudad no garantiza que las plantas estén totalmente a salvo. “Los ‘parqueros’ están pendientes de la tierra. En las partes donde no nació el pasto japonés, se vuelve y resiembra”, cuenta Darío Díaz, un ‘escobita’ de la Emab. A simple vista, se podría decir que el embellecimiento de ‘La ciudad de los parques’ consiste, entre otras cosas, en proteger las zonas verdes.

Cuando la Alcaldía inició con su proceso de la llamada ‘revolución verde’, habló de hacer pedagogía para que la ciudadanía tuviera conocimiento del cuidado de la nueva gramilla. Además, el gerente de la Emab, José Manuel Barrera, mencionó la reserva de un espacio específico para que las mascotas puedan hacer sus necesidades, pero eso no ha sucedido, o por lo menos no de la mano de la comunidad del Parque de los Niños. Tarazona, visitante del sector, asegura que “las autoridades no han hecho pedagogía para que la gente sepa cómo debe comportarse con el medio ambiente”.

La administración de Rodolfo Hernández y la Emab han recibido críticas de todo tipo alrededor de ese tema. La alcaldía se ha defendido diciendo que asumirá la supervisión del cuidado de los parques y la implementación del ‘plan de choque’ para la “recuperación del prado japonés por el intenso verano”, como se expresa su página web. Por su parte, la Contraloría local anunció una auditoría en los próximos meses para identificar las irregularidades que se han presentado en el convenio suscrito entre la Alcaldía y la empresa de aseo.

Por María Fernanda Palencia A.

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Universidad Autónoma de Bucaramanga