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Pilar Quintana y la cotidianidad de narrar

Pilar Quintada. /FOTO TOMADA DE INTERNET

Cuando Pilar Quintana decidió que escribiría otra novela se dio cuenta de que no contaba con el tiempo y el espacio necesarios para hacerlo. Corría el año 2015 y acababa de dar a luz a su segundo hijo, por tanto, la maternidad ocupaba la mayor parte de sus días. Sin embargo, quienes la conocen saben que para ella no existen los límites, menos cuando estos se interponen entre ella y su gran pasión: la escritura.

Pilar es una caleña que desde muy joven ha sentido atracción e interés por las letras. Desde sus primeros años escolares supo que el estudio no era lo suyo. No se sentía cómoda en los lugares encerrados y por eso le costaba permanecer en las aulas de clase. Afirma que no le gustaba la asignatura de Matemáticas, sí le gustaba un poco la de Lenguaje. Recuerda con placer que le encantaba escribir las cartas de amor de sus amigas y los discursos para las izadas de banderas.

Por eso, cuando finalizó el colegio decidió que lo mejor era inscribirse al programa de Comunicación Social. Pensaba que era lo suyo hasta que entendió que no deseaba contar la realidad tal y como acontecía. Solo quería ficcionalizar el mundo, quería contar historias, y eso haría.

En medio de la maternidad y con la seguridad de que quería seguir escribiendo, Pilar empezó a digitar la novela en su celular. Al principio no era tan fácil, pero con esfuerzo y dedicación la práctica hizo a la maestra. Al tiempo que cuidaba a su pequeño hijo, redactó y construyó una de las obras mejor criticadas de la literatura colombiana de los últimos tiempos: La perra.

La escritora caleña vivió 9 años en la selva colombiana. Con sus propias manos, y junto a su esposo, construyó la casa en la cual convivió en medio de animales silvestres y de la vasta naturaleza de las selvas del pacífico. Esta experiencia le sirvió de base para escribir la historia que el año pasado fue ganadora del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, quizá el galardón literario más importante del país.

Uno de los jurados del premio dijo que la novela evidencia el conocimiento de los principios narrativos para construir un universo ficticio. Sin embargo, lo que más se ha destacado de su escritura es que se aleja de las actuales narrativas colombianas y apuesta “por una narración a partir de la vida cotidiana”. Pilar narra las violencias y los sueños propios de cada individuo.

La perra es una novela breve que sabe describir y ahondar en los deseos humanos. Desde la primera hasta la última página el lector es arrastrado por la cotidianidad de un pueblo en el que podría decirse que no pasa nada; pero en la intimidad, sus habitantes sufren el fracaso y la desesperanza.

La historia transcurre entre los sentimientos y las emociones de una mujer que no puede quedar embarazada: Damaris. Destrozada por este hecho, un día decide aceptar una pequeña perra y todo el amor maternal recae sobre el animal. Damaris siente que su vida adquiere sentido y que puede olvidar sus culpas y sus temores; pero, con los días, las ilusiones se desvanecen y el amor se transforma en un odio visceral y sangriento. El final de la historia produce un suspiro insondable y agridulce.

En pocas páginas, Pilar Quintana logra un relato cargado de una potencia narrativa que fluye con espontaneidad y sencillez. Por esto, la obra recuerda que la literatura no debe hacer parte de una moda narrativa o “posmoderna “que, para ser considerada arte, rompe esquemas. Con La perra, se ratifica la idea de pensar la literatura como un lugar donde se conmueven pasiones y se confrontan certezas y, por qué no, el espacio para demostrar que algunas condenas y sufrimientos solo se pueden expresar con el silencio.

Por Julián Mauricio Pérez G.*
jperez135@unab.edu.co

*Docente del Programa de Literatura
de la Unab.

Universidad Autónoma de Bucaramanga