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Pinceladas de una vida

“En la escuela rural yo era uno de los mejores dibujantes y casi no hacía tareas por estar haciéndoles dibujos a los compañeros. Entonces siempre toda mi vida me ha gustado la pintura, nací con ese talento”, explica Fabio Jesús Peláez mientras se acomoda su tapabocas.

Fabio Jesús Peláez retoca su pintura de Jesús de Nazareth. / FOTO GINO CIANCI

Por Gino Cianci De león
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Fabio Jesús Peláez es un hombre de 81 años, y es la viva imagen de la pasión y vocación hacia un arte. En este caso, el de la pintura. Él lleva pintando desde que tiene memoria, y a su edad aún lo hace. Es proveniente de una familia campesina. “Soy de ancestro campesino ¡Que orgullo! De Pereira, de una vereda que se llama Llanogrande, a una hora a pie y media a caballo”. Tal vez por esta razón posee una humilde y dócil personalidad. Pero para conocerlo mejor, lo ideal es visitarlo.

Si se quiere llegar al hogar de don Fabio hay que ir al barrio Buenos Aires, vía a Morrorrico, claro está, en Bucaramanga. Si usted vive cerca de esta zona puede ir a pie y disfrutar del buen clima, siempre y cuando vaya en horas de la mañana. Por otro lado, puede ir en taxi o algún otro vehículo, y pedir que le acerquen al Acueducto Metropolitano de Bucaramanga. A partir de ahí, a pie son unos cinco minutos cuesta arriba hasta la casa de Fabio.

Este pintor siempre está dispuesto a recibir visitas con los brazos abiertos, tanto así, que es capaz de esperar a sus invitados en las puertas del acueducto. Junto a él, esos cinco minutos hacia su casa se convierten en una grata experiencia. Mientras se camina se disfruta de los sonidos de la naturaleza. El canto de los pájaros y el rozar de las hojas de los árboles que se sintonizan en una melodía. “Todo esto por aquí es muy bonito y calmado”, comenta el pintor.

Implementos de pintura como pinceles, una paleta, espátula pequeña y lápiz, todos usados por Fabio. / FOTO GINO CIANCI

Bajando unas escaleras, que recuerdan a las de las comunas en Medellín, con tejas de lámina y Eternit se encuentra la casa de don Fabio. Lo primero que se nota al entrar es que no es una casa convencional. Dentro de la vivienda hay una pequeña tienda de abarrotes que pertenece a la familia de él. A su vez, en las paredes blancas de la casa se encuentran alrededor de unos 30 cuadros, que van desde sus pinturas, retratos familiares, hasta fotografías de Diomedes Diaz.

Estando dentro de su hogar, algo particular es la cantidad de arte que se respira. Pinturas al óleo, esculturas, retratos dibujados, entre otras expresiones de artes plásticas hacen parte del ambiente de este hogar. ¿Y cómo no va a estar rodeado de arte este lugar si ya es algo de familia? 

El legado familiar

Olga Janeth, hija de Don Fabio, quien vive junto a él, tiene algo en común con su padre. Y es que ambos comparten la misma vena artística. Por un lado, su papá es un virtuoso de la pintura y el dibujo, que desde niño practica estas artes, y comenzó a estudiar dibujo y cerámica en la Universidad Nacional de Colombia en el año 1958. Por su parte, ella es una excepcional escultura y pintora. “Sí, ella pinta muy bien, ella hizo tres años de estudio en la Escuela de Bellas Artes de Sogamoso”, dice Fabio.

Mientras se disfruta de un buen tinto en el comedor de la casa, se tiene derecho a escuchar algunos relatos de Fabio. Como la vez en la que se enfrentó a un ingeniero de la escuela de artes de su hija. “Una vez estábamos tomando tinto y yo dije que la escuela estaba mal dirigida. En ese momento llegó un profesor imponente y dijo: ‘Señor Peláez ¿por qué está mal dirigida la escuela?’ Dije que estaba mal dirigida porque en una escuela de bellas artes tiene que haber un pintor artístico en vez de un ingeniero, porque el dibujo artístico es en caballete y no en planchas ahí en una mesa”.

Par de cuadros costumbristas en la pared de la casa de Fabio. Uno sobre el trabajo en el campo y otro sobre el arado con bueyes / FOTO GINO CIANCI

Fabio Jesús al día de hoy recibe la pensión para adultos mayores y la pensión al artista. Esta última se le otorga cada dos meses por un valor de 515.000 pesos. Lo cual no es suficiente para solventar sus gastos. “El Ministerio de Cultura ha prometido mucho, pero yo no veo que se haya cristalizado algo. El señor gobernador (Mauricio Aguilar) dijo que iba a apoyar la cultura pero yo no veo que haya algo positivo todavía. Los artistas estamos muy olvidados”. Por este motivo, él se vio en la necesidad de rebuscarse un dinero extra mediante su arte. Con exhibiciones de sus pinturas en el parque San Pío, vendiendo sus cuadros por encargo, y dando clases particulares de pintura, este hombre se gana la vida, y a su vez manifiesta la relevancia que tiene la cultura y el arte para el ser humano, pues según él, “sin arte no seríamos nada”.

Universidad Autónoma de Bucaramanga