Plaza de Mercado la Concordia: «Bendita para sus clientes»

Por Gabriela Calderón – gcalderon449@unab.edu.co / Daniela Acero – acero606@unab.edu.co

En la calle 51 con carrera 20 se encuentra un espacio que alberga una tradición de más de 80 años. La Plaza de Mercado la Concordia no solo está repleta de productos para llenar la canasta de los bumangueses, sino también, la envuelven sonrisas que han convertido a este lugar en un segundo hogar para vendedores y también clientes.

Este centro de comercio fue fundado en 1941, desde ese entonces, algunas de las familias que presenciaron su fundación o participaron de ella, aún trabajan en el lugar. Un ejemplo de ello es Róbinson Moreno, un vendedor de fruta, principalmente cítricos, que lleva el legado en su sangre. Moreno cuenta que: “yo tengo 50 años y llevo 50 trabajando, yo nací en esta plaza;
mi papá y mi mamá prácticamente la fundaron. Esta plaza ha sido de tradición y de familia”.

La plaza de mercado la concordia es la más antigua de la ciudad de Bucaramanga.

Róbinson Moreno no es el único que dio sus primeros pasos entre los pasillos de la plaza, Yolanda Umaña recuerda que “mi mama me traía y me colocaba en una cajita de tomate y cuando yo fui cre ciendo vendía en la manita unas cebollitas, o me daban una librita de tomate, y así vendo hasta la fecha… yo crecí en la plaza”. Además, Umaña no duda en decir que para ella la plaza significa “la vida”.

El lugar no solamente ofrece variedad de frutas, verduras o carnes, también se pueden encontrar postres, hierbas, ropa y verdadera comida santandereana como la que ofrecen los amigos Ánderson y Víctor en el local 308, en todo el centro de la
plaza. Tras más de 15 años de trabajo como empleados, se aventuraron a abrir su propio negocio hace 5 años.

Entre carcajadas, Ánderson recuerda que una tía fue quien lo llevo a trabajar en este mercado, y Víctor asegura que llegó al lugar por influencia de su amigo, hoy socio. Contrario a los demás puestos, ellos no venden los insumos para las preparaciones, sino que ofrecen gran variedad de platos, desde ensaladas de frutas y batidos, hasta fritos y hamburguesas.

También hay quienes no llegaron a vender a un local, sino que crearon sus propios puestos desde cero. Eduardo Afanador, cuando salió del ejército, llegó a la plaza La Concordia en busca de trabajo, pero antes de conseguir el local 140 donde hoy en día vende sus verduras, inició comercializando sus productos en el piso.

La plaza de mercado la concordia se encuentra ubicada en una antigua bodega de hojas de tabaco y “picadillo”.

Como resultado de su arduo trabajo, del mercado logró darle estudio a sus tres hijas y comprar una casa en el mismo barrio donde trabaja. En el local 93 atiende “Lady Di”, llamada con ese apodo por sus compañeros que aseguran que María Otilia Jerez,
tiene un gran parecido a la Princesa de Gales. Esta verdulera también hace parte de un legado de comerciantes, tomó
su puesto en la plaza hace 15 años cuando su padre falleció, como Jerez explicó “seguí yo el turno” entre una familia de diez hermanos. María Otilia culmina diciendo que “para mí la plaza significa muchísimo, es la segunda casa, esta placita es bendita”

Entre cortes de carnes y vísceras, Freddy Osvaldo Mantilla, tiene su puesto desde 1994 y afirma pertenecer a una segunda generación de vendedo res de carnes. Cuando reflexiona sobre el significado de la plaza en su vida, no puede contener una sonrisa con tintes de nostalgia para decir: “la plaza de mercado es un microuniverso, la plaza de mercado es viajar en el tiempo, es entender una dinámica social que la sociedad debería darse la oportunidad de conocer y explorar. Somos los emprendedores de siempre… Hemos sido las personas que ponen los alimentos en sus hogares con el mayor de los cariños”.

La Plaza de Mercado La concordia no es un mercado común y corriente, es un espacio reconfortante, donde los saludos, la amabilidad y las bendiciones nunca se hacen esperar. En cada esquina hay una persona con toda la disposición de ayudar, y si algún requerimiento no está en sus manos, hacen lo posible por encontrar una solución.