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Poetas y pensadores para la eternidad

Portada del libro. /FOTO TOMADA DE INTERNET
En un viaje hacia la vida de algunos de los poetas y pensadores más importantes de la historia, Cees Nooteboom nos presenta su libro “Tumbas de poetas y pensadores”. Allí, nos relata y describe acontecimientos y anécdotas que marcaron la existencia de ochenta y dos personajes de las letras y las artes universales; además, gracias al lente fotográfico de Simone Sassen, nos muestra imágenes de todas las tumbas visitadas.
El viaje, como en una historia de Julio Verne, se realiza alrededor del mundo. Aunque el título nos lleve a pensar que será una obra sobre la muerte, la verdad es que sucede todo lo contrario. Nooteboom visita el lugar del Tánatos para contarnos, con una pluma exquisita, las relaciones fraternas y amorosas, las dificultades sociales y literarias que envolvieron a escritores y pensadores de distintos lugares de la tierra.
Veamos algunos ejemplos: Durante su vida Herman Melville (1819-1891) tuvo éxito y reconocimiento con sus libros de aventuras y viajes. Sin embargo, todo cambió cuando salió a la luz Moby Dick. Con la publicación de esta obra, que actualmente es considerada una de las más importantes de la literatura universal, Melville obtuvo solo vituperios y olvido. La tumba de Julio Cortázar no deja ni dejará de parecerse a un altar, pues siempre está llena de “guantes, lápices, cuadernos”.
Allí podremos encontrar “una botella de absenta en la que aún queda un poco” y una hoja con la siguiente advertencia: ¡No la cojan! ¡La botella es para el escritor!”. Goethe y Schiller fueron dos amigos para quienes sigue sin existir la muerte. Desde que se conocieron, ambos compartieron versos, ideas, pensamientos y cartas. Fue así, hasta que el más joven de ellos murió: Schiller falleció a los 45, cuando Goethe tenía 55 años. No existe una tumba de Miguel de Cervantes Saavedra.
Únicamente hay una placa conmemorativa en el Convento de la Orden Trinitaria en Madrid, lugar en donde el mismo poeta pidió ser sepultado y que, paradójicamente, se encuentra en la calle Lope de Vega. Marasuki Shikibu (978-1016) es la poeta insigne de la literatura japonesa. Su obra Genji Monogatari (“La Novela de Genji”) es considerada una de las piezas literarias más importantes de las letras orientales y la novela psicológica más antigua de las letras universales. Escrita hace aproximadamente mil años, Genji Monogatari es un diario en el que la autora narra la bohemia y aventurera vida del Príncipe brillante (Hikaru Genji) y su comunidad.
Cuando murió Jorge Luis Borges muchos dudaron de que esto fuera cierto. Sus relatos fantásticos, sus personajes y sus libros imaginados lograron inquietar y deslumbrar de tal manera que él mismo se transformó en un mito de sus obras, en un ser legendario que no podría morir tan fácilmente o, por lo menos, como lo hace cualquier humano.
Borges se convirtió a sí mismo “en un espectro mítico que vagaba por encima del mundo”. Por esta razón, alguien debería poner su nombre a una estrella; solo de este modo siempre existirá una cosa llamada Borges. La relación de Franz Kafka con su padre ha sido un tema analizado desde hace décadas. En “Cartas al padre Franz” presenta una figura paterna autoritaria que siempre le provocó miedo y respeto.
Por eso no deja de ser sugestivo que en la tumba: “su nombre está encima del de su padre, que le sobrevivió siete años, como si no hubiera querido dejarlo en libertad ni siquiera después de su muerte”. Sobre Yasunari Kawabata hay una anécdota fraternal que sigue causando admiración.
Se cuenta que el otro gran escritor japonés Yukio Mishima escribió una carta a la Academia Sueca con el propósito de pedir que le dieran el Premio Nobel de Literatura a Kawabata, pues en sus obras “se combinan la delicadeza con la fuerza, la elegancia con el conocimiento de lo más íntimo de la naturaleza humana; su claridad encierra una tristeza ilimitada”. Años más tarde la academia estaría de acuerdo con las palabras de Mishima.
Para concluir, se me viene a la cabeza una frase de Chateaubriand: “la muerte, al tocarnos, no nos destruye, solo nos hace invisibles”. Sin duda, este es el caso de estas y muchas otras grandes figuras de la literatura y del arte. Sus obras y sus vidas siempre estarán presentes en quienes las disfrutamos y admiramos, siempre darán vida a nuestros sentidos y a nuestra imaginación. Finalmente, en las primeras páginas del libro, Nooteboom se pregunta: “¿Quién yace en la tumba de un poeta?” Yo diría que Nadie. Un poeta es Nadie, como lo fue por un momento y para la eternidad Ulises.
Por Julián Mauricio Pérez G.*

*Docente del Programa de Literatura Virtual, UNAB

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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