Por: Camila Del Vecchio: cdel213@unab.edu.co, Ashley Remolina: aremolina283@unab.edu.co y María Camila Monsalve:mmonsalve131@unab.edu.co
¿Acaso es tan perverso como lo fue Pablo Escobar como para que las autoridades le abroguen la posibilidad de llamarlo de la misma forma? ¿De verdad ha sido tan criminal, igual o similar? Para las autoridades de Santander, en especial las de Bucaramanga, sí.

Óscar Camargo Ríos, alias “Pichi”, es renombrado por la Policía así como por los entes de investigación criminal, como el “Pablo Escobar de Bucaramanga”. Este último está muerto, liquidado; “Pichi” volvió a las calles, se fugó, otra vez.
Es el considerado ‘capo’ del microtráfico desde 1995 cuando su alias emergió de las calles del barrio San Rafael. Se le pegó al negocio de la droga y hoy es el mayor delincuente del departamento. Estuvo hasta el jueves 10 de octubre en una residencia en Envigado, área metropolitana de Medellín, detenido, purgando una condena domiciliaria de 90 meses, pero por descuido del Estado escapó.
Camargo Ríos comenzó como todos, siendo un peón. En las calles de su barrio fue ‘campanero’, cuidaba la retaguardia siempre. “Pichi” lo hacía para cubrir asesinatos, robos y venta de drogas. Poco a poco escaló y de jíbaro pasó a ser cabecilla de la banda criminal “Los de San Rafa”, que de santos no tenían nada.
En 2011 fueron capturados en un operativo 22 miembros de su organización, y como si la mismísima María Auxiliadora (la virgen de los sicarios), fue su campanera esta vez, porque logró fugarse y radicarse en Venezuela.
En 2015 lo capturaron por primera vez, pero solo estuvo 56 días preso porque, durante una visita médica saltó por una ventana del segundo piso de la clínica, a pesar que era custodiado por el Inpec. Ya sabemos a quién Aida Merlano le preguntó sus tips de fuga. Siguiendo los pasos de Escobar, se mudó a Medellín, desde donde coordinaba acciones de narcotráfico en varios municipios del país. Dicen que en un momento, llegó a facturar 14 mil millones de pesos anuales.
Las autoridades le respiraban en la nuca. En 2018 lo recapturan en Medellín, pero igual que ahora, fue beneficiado con arresto domiciliario y, otra vez -como si Houdini le hubiese dado clases- desapareció. Volvió a la libertad.
El tablero de ajedrez de Pichi
Ya no es un soldado raso. Pasó de domiciliario a fabricante, ahora es ‘general’. No se sabe cuántos laboratorios tiene, pero el año pasado la Policía desarticuló uno para el procesamiento de cocaína en el barrio El Cinal, una zona rural de Bucaramanga que era inexpugnable hasta para los uniformados. Allí incautaron 100 mil dosis de estupefacientes con un valor estimado por el brigadier general Roa Castañeda, en 500 millones de pesos.
En este punto, el monopolio de la droga en la Ciudad Bonita ya le pertenecía pues, según las autoridades, manejaba el 98 % del microtráfico en Bucaramanga. Pero no solo le metería a la droga, los sicariatos también serían lo suyo; lo culpan de ordenar la muerte del excomandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, el general Manuel Vásquez Prada. Ofrecía 200 millones por su vida.
Tenía una guerra contra el otro cartel. “Pichi” también tiene un par de enemigos entre ellos Nelson Enrique Reatiga Bautista, alias “Poporro”, “gerente ejecutivo” del grupo criminal “Los del Sur”, quien se encuentra desde enero de este año tras las rejas, pues le dio ‘papaya’ a las autoridades cuando estaba de vacaciones en Cancún, su guarida para escapar de la guerra con “Pichi”.
La última “captura”

Después de dos escapes, no hubo tercera mala. En 2020, en plena pandemia, lo arrestaron en una finca de Envigado, milagro que no fue en Nápoles, sindicado como jefe del narcotráfico y sicarios en Bucaramanga. Ni eso lo detuvo. Desde sus oficinas centrales, en la cárcel de Valledupar, siguió controlando el imperio de la droga en Santander.
Estuvo tres meses libre, en un intento ‘formal’, más bien legal, para mostrarse como gestor de paz, pero el sueño no se le cumplió porque quien hace esas designaciones es el presidente Gustavo Petro y es exclusivamente para miembros de grupos armados organizados al margen de la ley, según lo establecido en el artículo 61 de la Ley 975 de 2005 y el Decreto 1175 de 2016.
En ese momento, Jaime Andrés Beltrán, alcalde de Bucaramanga, señaló: “Hemos recibido información precisa de que alias “Pichi” recobró la libertad hace algunos meses por decisión autónoma judicial. Esto nos ha llevado a redoblar esfuerzos y alertas en materia de operativos en Bucaramanga”.
¿Qué pasó el jueves 10 de octubre?
El 31 de julio, aún con la pena en 90 meses sobre sus hombros, le concedieron detención domiciliaria, pues se habrían presentado fallas disciplinarias por parte del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga, específicamente por la jueza María Piedad Díaz Mateus. Lo absolvió de por lo menos seis delitos: concierto para delinquir agravado, homicidio agravado, tráfico de armas, desaparición forzada, tráfico de estupefacientes y fuga de presos
De hecho el Consejo Nacional de Disciplina Judicial, luego que se conociera que alias ‘Pichi’ estaba en detención domiciliaria, abrió una investigación preliminar contra la entidad, la jueza y también contra el Juzgado Tercero de Ejecución de Penas y Medidas de la capital santandereana por concederle casa por cárcel.

Sin embargo, el mismo jueves en desarrollo de una entrevista entre el alcalde de Bucaramanga y Vicky Dávila en el evento Semana por Colombia, el mandatario informó que al delincuente le revocaron la detención domiciliaria y tendría trasladado esa misma noche a la cárcel de máxima seguridad en Itagüí.
En diálogo con Péridico 15, el Alcalde dijo que: “ la recibí hace unos minutos. Para mí, como Alcalde de Bucaramanga, es un logro por lo que representó el “Pichi” en el tema delincuencial de la región”. Sin embargo, horas más tarde, por octava vez, se escapó.
La fuga se dio en un exclusivo sector de El Poblado, en Medellín, lugar escogido por el delincuente para pagar la pena. Según le confirmó a EL COLOMBIANO una fuente del Instituto Carcelario y Penitenciario (Inpec), los funcionarios le hicieron una visita de verificación el jueves en la tarde y todo estaba OK, según una fotografía con la que ahora buscan su recaptura. Sin embargo, no habían pasado 15 minutos cuando recibieron una señal de alerta y al retornar al inmueble solo estaba el brazalete .
¿Y entonces?
De acuerdo con Andrés Eduardo Gómez Alarcón, abogado penalista y asesor en el Consultorio Jurídico de la UIS, teniendo en cuenta el artículo 68 de la Constitución Política de Colombia, no es usual que este tipo de criminales sean beneficiados con casa por cárcel; la ley excluye de plano delitos como el tráfico, fabricación y porte estupefacientes para este ‘plus’.
Después de la fuga, los medios de comunicación y distintas figuras políticas se señalan entre sí en busca de culpables. Aún no se sabe quién “carga con ese muerto”. Ahora tendrán que determinar -como menciona Gómez Alarcón- si el Estado puede tener responsabilidad penal por los delitos acompañados a la fuga de presos, obstaculización de la justicia y favorecimiento a la fuga, incluso hay formas relacionadas con aquellos que ejercen la vigilancia por la modalidad culposa.
¿Dónde está Pichi? Es lo que todos se preguntan. Habrá que esperar si va para su décima detención, aunque podría salvar su ‘patria’ si dentro de tres meses se entrega y llega a acuerdos con las autoridades para la disminución de la pena. Por el momento Colombia “güele” a Pichi hasta nuevo aviso.





