El colibrí del Chicamocha, también conocido como ventricastaño, actualmente hace parte de la lista de animales representativos de Santander, designada por la gobernación. / FOTO FERNANDO CEDIEL

Por Paula Oliveros Hincapié / [email protected]

Una propuesta sobre las que deberían ser las especies patrimoniales de Santander resaltó en el marco del cuarto Seminario de Biodiversidad y Conservación de Especies Amenazadas en el departamento, de la Universidad Industrial de Santander (UIS). Con esta se busca seleccionarlas teniendo en cuenta diferentes ecosistemas, por medio de un grupo de expertos.

El ponente, Daniel Mauricio Díaz Rueda, es un ingeniero forestal y botánico aficionado, que pertenece a la Red de Reservas Naturales de Zapatoca (Renaz). Aunque ya se reconocen algunas especies como la ceiba barrigona y el colibrí ventricastaño a través de una ordenanza departamental, la idea es hacerlo para otros grupos biológicos y a nivel regional y municipal, incluyendo otros criterios, aparte de ser carismáticas y endémicas.

“La idea es que la comunidad naturalista, que es la que está acá reunida, que diseñemos una estrategia para escogerlas de manera participativa, y no para que uno o dos especialistas digan esta es la que tiene que ser”, plantea Díaz. Después de esta preselección se haría una votación abierta al público con el objetivo de involucrar a la gente.

En pie del proyecto, otras personas que se relacionan con las ciencias naturalistas concuerdan con que la extensa biodiversidad de Santander necesita incluir más grupos biológicos. Según la Red Nacional de Datos Abiertos sobre Biodiversidad (Sib) en el departamento hay, por ejemplo, registradas 10.121 especies de las más de seis millones que pertenecen a Colombia, en los diferentes grupos científicos.

Según Daniel Badillo Mojica, estudiante de biología, integrante de la Sociedad Ornitológica del Nororiente Andino (Sonora) y fundador del Semillero de Ornitología de la UIS, grupo que se dedica al estudio de las aves, “en general Colombia tiene mucho por descubrir. Aunque se encuentra un buen registro para el país, por lo menos en el departamento no sabemos exactamente cuántas especies hay todavía, pues existen territorios sin explorar”.

El cucarachero del Chicamocha tiene su mayor distribución en Santander. / FOTO FERNANDO CEDIEL

Con el grupo de trabajo que se plantee se definirán los atributos para que se clasifiquen como representativas o emblemáticas.

Sin embargo, durante la presentación, Díaz trazó algunos posibles criterios, “que sea una especie de amplia distribución; o endémica del departamento, es decir, que solo se encuentre aquí; o de importancia cultural y que el nombre científico aluda al departamento o a una localidad de él”.

Badillo, por ejemplo, agrega otras cualidades que pueden ser igual de importantes, como “la relación que tienen con las personas o la de darle voz a aquellas especies que han sufrido por la mano del hombre”.

Este último lo resalta recordando al zambullidor colombiano, la única ave extinta en Colombia, entre varias razones, como consecuencia de los criaderos de trucha introducidos a sus ecosistemas

La importancia de la identidad BIO

Según Díaz, el objetivo principal de seleccionar las más representativas de forma participativa entre la sociedad científica y la comunidad en general es generar una identidad propia de la naturaleza para que “se valore, se proteja y tengamos un sentido de pertenencia por la biodiversidad”, asegura.

Para él, existen dos formas de reconocerlas, ninguna menos significativa que la otra. La primera es a través de la normatividad legal, con leyes, decretos, acuerdos municipales u ordenanzas. Este es uno de los objetivos a lograr, ya que en este tipo de documentos se acuerdan unos lineamientos para proteger y propagar estas especies. Así pasó con la palma de cera cuando se declaró Árbol Nacional mediante la Ley 61 de 1985 en la que se designaron recursos y la creación de zonas protegidas para preservarla.

La ceiba barrigona es exclusiva de Colombia y crece en el Cañón del Chicamocha. / FOTO MAURICIO OLAYA

La segunda son creencias simbólicas en la que las personas asumen la fauna y flora como propias, a través de la tradición. Aunque faltan los beneficios mencionados por las leyes, esto no es menos importante, pues esta apropiación puede generar el cuidado por parte de las personas que son quienes tienen contacto con la naturaleza, aunque sea ocasionalmente.

Díaz afirma que es otra forma de reivindicarse con la naturaleza pues “si hay algunas que están en peligro de extinción por nuestra culpa, pues se necesita buscar la estrategia y la forma de conservarlas, y una de esas es declarar especies patrimoniales que empiecen a crearse en el imaginario de la gente”.

Durante la exposición de la propuesta se citó una frase anónima que resume la importancia de tener una identidad sobre la naturaleza, pues “no se cuida lo que no se ama y no se ama lo que no se conoce”. Al final, es un llamado a saber lo que es propio de nuestra región para así defenderlo.

Salto de los Caballeros, corregimiento de San José de Suaita/ FOTO MAURICIO OLAYA

Algunas iniciativas legales en Santander

En Colombia existen dos plantas que se reconocen como emblemáticas del país. La palma de cera, como árbol nacional, y la flor de mayo, como flor nacional. La primera es reconocida por la ley antes mencionada, y la segunda fue declarada a través de un reconocimiento simbólico, por la Academia Colombiana de Historia hace 83 años.

En Santander también existen normas legales y reconocimientos simbólicos sobre algunas especies. Por ejemplo, este año, en Bucaramanga, con el objetivo de definir un emblema para las reuniones de temas ambientales, se realizó una votación entre cuatro especies teniendo en cuenta la biodiversidad urbana, propuestas por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.

En las opciones se encontraban un canario, un colibrí, el pájaro carpintero y una planta enredadera que fue la ganadora: la Passiflora bucaramangensis.

En Zapatoca un acuerdo firmado el 27 de agosto del 2015, reconoce a la palma de cera y al oso andino, como especies patrimoniales. Esto es producto de algunas organizaciones como la Renaz y la comunidad a la que se le preguntó su opinión sobre las especies más importantes de los bosques del municipio.

Con base en esto, se acordaron siete artículos que las declaran oficialmente como especies representativas, acordando protegerlas con educación ambiental y propagarlas para su cuidado.

Finalmente, una ordenanza por parte de la asamblea departamental en el 2015, adoptó e institucionalizó como símbolos de identidad cultural de Santander al colibrí del chichamocha como ave departamental; la ceiba barrigona como árbol; una orquídea como flor; y la hormiga culona como insecto.

Una propuesta desde las aves

Siguiendo la idea de Díaz sobre ser más inclusivos, es necesario tener en cuenta los territorios y provincias-, los ecosistemas y los diferentes grupos de especialistas para clasificar la biodiversidad. De ahí, Badillo presenta una lista de posibles aves representativas para cada ecosistema presente en el departamento.

Es necesario exponer los niveles de amenaza para estas especies, pues es un punto clave en esta clasificación propuesta. Según como lo explica Badillo, de menor a mayor, los grados de amenaza, con sus respectivas siglas, son: casi amenazadas (NT), vulnerables (VU); En peligro de extinción (EN), En peligro crítico de extinción (CR) y extintas, esto según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (Iucn).

El primero que propone en el Cañón del Chicamocha, como representativo de los bosques secos del departamento, es el Cucarachero del Chicamocha, y lo supone por ser una especie endémica y críticamente amenazada (CR). Además de estar fuertemente relacionado con los bosques secos del río Chicamocha, ecosistema representativo de nuestro departamento.

Badillo afirma que “en general, las especies endémicas se encuentran en algún nivel de amenaza por sus relaciones con un hábitat particular. A diferencia de las aves más generalistas que ante una perturbación en su ambiente tienen la posibilidad de moverse a otro y continuar”. Además, agrega que “los bosques secos son uno de los ambientes más amenazados en Colombia, ya que ahí, casi siempre, se encuentran los asentamientos humanos”.

El segundo ecosistema son los bosques húmedos, que son los que se encuentran cerca de los páramos. Sobre este, expone dos especies y dos razones particulares: Una, es el chango montañero, y lo propone porque esta ave se encuentra también cerca de nuestras ciudades. Badillo asevera la importancia de ello, pues “esas especies la gente cree que están alejadas, pero la biodiversidad también está muy cerca de la ciudad. Eso los pone un poquito más en riesgo”. Su grado de amenaza es CR.

Sin embargo, se queda con la perdiz santandereana, pues hubo una época que, por la destrucción de su hábitat, por tala de árboles y la cacería del humano para alimentarse la puso en riesgo. Su estado actual es EN.

Por parte de las ciénagas presenta otra ave que ha sufrido por la mano del hombre. En el Magdalena Medio, el chavarrí, por su comportamiento territorial y agresivo fue robado de sus nidos para criarse como el perro guardián de la casa. Badillo expresa que “no es única del país, pero tiene una historia atrás que hizo que la pusiéramos en riesgo”. Su estado es NT.

El páramo es un ecosistema clasificado biogeográficamente como praderas o matorrales de montaña. / FOTO MAURICIO OLAYA

En los páramos promueve al colibrí chivito por su relación con los frailejones y con los mismos páramos, que de por sí son importantes. Si la especie desaparece se puede poner en riesgo a los frailejones y al mismo ecosistema.

Por otro lado, describe como un posible ecosistema a los sistemas agroforestales. Los cultivos bajo la sombra en Santander llaman la atención de especies migratorias como la reinita cielo azul, que, aunque es una especie migratoria depende de nuestros ecosistemas para cumplir su ciclo de vida.

Universidad Autónoma de Bucaramanga