Se realizaron llamadas a mujeres solicitantes de trabajo como empleadas de servicio, con el fin de saber si conocían de sus derechos laborales. /FOTO MARÍA PAULA RINCÓN

En Colombia, un trabajador del servicio doméstico es “toda persona natural, que presta sus servicios a los hogares en tareas como aseo, cocina, lavado, planchado, cuidado de niños, jardinería, conductor de familia, y demás labores del hogar”, según el Ministerio del Trabajo.

Dicho grupo poblacional tiene derecho a una remuneración no menor al Salario Mínimo Legal vigente ($828.116), que, además, si trabaja por horas o días, debe ser cancelado de forma proporcional. Dentro de este pago también se debe incluir un auxilio de transporte cuando no se trabaja como empleadas internas; es decir, que no viven con las familias para las que laboran.

El empleador debe afiliarlo al Sistema Integral de Seguridad Social (pago del servicio de salud) y cancelarle las prestaciones como las cesantías y sus intereses, vacaciones, y el vestuario y zapatos para desempeñar su labor, así como el pago de la prima de servicios, que “corresponden a 30 días de salario al año, el cual se reconocerá en dos pagos (el primero, máximo hasta el 30 de junio, y el segundo, hasta el 20 de diciembre), según la Ley 1788 del 7 de julio de 2016. A lo anterior se suma que la jornada de trabajo no debe ser superior a 8 horas, y si se labora como empleado interno, no debe superar las 10.

Teniendo en cuenta la legislación colombiana, dos estudiantes e integrantes de Periódico 15 pusieron un anuncio en la plataforma OLX, entre el 5 y 9 de febrero, en la que hicieron dos ofertas: en una seleccionaron a cinco mujeres que buscaran emplearse, y en otra, pusieron un clasificado ofreciendo sus servicios para esta labor. Este fue el resultado de la experiencia.

¿Qué responden ante la oferta?
De forma aleatoria se escogieron cinco mujeres que buscaban laborar como empleadas domésticas a través de este portal. Entre las condiciones expuestas estaban ser empleadas internas, con una remuneración mensual de $650.000, con base en lo que algunas mujeres reciben actualmente en distintas casas, es decir, $178.000 menos de lo estipulado en la ley. Asimismo, se les dijo que solo tenían 10 días de vacaciones en el año (cuando deben ser 15), que no tendrían la cancelación de primas, cesantías, y menos afiliación a la caja de compensación familiar ni la seguridad social.

La reacción del grupo fue variada. De las cinco, solo dos mostraron intención de rechazar la oferta: “¡Uy no! No me sirve, la verdad, pero igual gracias por tenerme en cuenta”, dijo la primera, que no dio oportunidad para ser persuadida. La segunda expresó que bajo esas condiciones no consideraba correcto aceptar el trabajo, que prefería no hacerlo, pues “¿qué tal que sufra un accidente haciendo aseo o algo así?”. Ninguna sacó a colación nada relacionado a las leyes que las protegen.

La tercera mujer dudó e hizo varias preguntas al respecto, sin embargo, al decirle que, como iba a estar interna, se le pagarían sus gastos en la casa, y que, por ende, las condiciones que se imponían se justificaban. Guardó silencio y aceptó. Para cerrar la oferta, se le dijo que luego se le volvería a llamar.

Las dos mujeres restantes se mostraron dispuestas a iniciar lo antes posible. Luego de las conversaciones a cada una se les explicó que esto hacía parte de un artículo periodístico en el que se buscaba conocer si las trabajadoras exigían una contratación con base en la ley. De su parte no hubo rechazo, por el contrario, también dieron su explicación: El grupo coincidió en que las ofertas de este tipo son frecuentes, incluso, no se ofrece ni el 50 % del pago que exige la ley, y en ocasiones se les engaña, ya que se les dice que el pago es por horas y se les cancela menos.

Además, algunas son víctimas de explotación laboral o de violencia luego de aceptar, situación que, según un estudio adelantado en 2017 por la Facultad de Derecho de la Universidad Libre de Colombia, ha evidenciado casos en los que se les niegan “permisos necesarios injustificadamente, como licencias por enfermedad o maternidad, calamidad doméstica y vacaciones, cambios sorpresivos de turnos y exigencia permanente para laborar domingos o días festivos sin fundamento objetivo”.

Buscando empleo
A través de la plataforma de Computrabajo, OLX y Mercadolibre, se creó un perfil falso bajo el nombre de Lucía Fernanda Balcázar, y se hizo la búsqueda de trabajo en este campo. Los interesados debían hacer el contacto vía mensajería de WhatsApp. El anuncio estuvo disponible durante cinco días, en los cuales se recibieron llamadas y mensajes de 20 personas. Todos fueron hombres.

“Hola, mi nombre es Lucía y tengo 20 años. Me ofrezco como empleada doméstica, soy servicial, capto rápidamente las sugerencias, soy responsable y me gusta trabajar con niños”. Este fue el mensaje que se escribió con base en otras ofertas hechas por mujeres en las mismas
plataformas.

El primer mensaje que llegó decía: “Hola, lo de que te gusta trabajar con niños, ¿es en sentido figurado?”. El segundo, “Hermosa, veámonos, y te doy 60 mil”. El tercero, “la verdad estoy buscando a alguien para favores sexuales, pago bien, o de casualidad, ¿no haces masajes eróticos?”.

“Háblame de ti, te tengo dos ofertas, una como empleada y otra de dinero, tengo 33 años y soy ingeniero de petróleos, podríamos salir una vez a la semana”. Este fue el cuarto mensaje. Luego, “¿tienes pareja o hijos? Te voy a ser sincero, tengo 25 años me gustaría conocerte, que salgamos y te ayudo en lo que necesites”, la quinta oferta laboral.

Sólo tres de las ofertas que llegaron hablaban sobre el empleo. Preguntaban por disponibilidad horaria, especialmente. Solo en una se expresó el pago por días (35 mil pesos), según la Ley 1788 de 2016.

Falta inspección
¿Por qué no se cumple la ley en materia de contratación? Dos retos tiene el Ministerio del Trabajo frente al tema, según la senadora Ángela Lozano Correa (Alianza Verde), hace falta inspección en las casas. Es decir, no hay funcionarios que se dediquen a verificar si lo que hacen los empleadores es o no ajustado a las normas.

Asimismo, los inspectores del Mintrabajo no tienen establecido en sus labores la vigilancia ni un protocolo claro para inspeccionar a esta población. Por su parte, representantes de Intersindical de Trabajo Doméstico, Sindicato Nacional de Trabajadores de Alimentos (Sintraismagra), Sindicato de Trabajadoras del Hogar e Independientes (Sintrahin) y la Asociación de Mujeres Trabajadoras del Hogar, de Bucaramanga, reunidos en el II Encuentro Nacional de Trabajo Doméstico realizado en agosto de 2018, en Medellín, redactaron un documento en el que se establecieron como retos la formalización, capacitación, valoración social pedagogía y una campaña nacional sobre la importancia de esta labor, dirigida a los empleadores.

Por María Alejandra Arciniegas
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Laura Fernanda Bohórquez R.
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Universidad Autónoma de Bucaramanga