Quiropraxia: ¿una alternativa confiable?

Por María Catalina Cáceres Valero (mcaceres607@unab.edu.co)

Tras el gran portón blanco de una pequeña casa vino tinto de Floridablanca, Santander, sin ningún aviso, el sonido del crujir de las articulaciones y ocasionales quejidos que vienen de un pequeño cuarto a la derecha de la sala, se encuentra Carlos Muñoz, quiropráctico hace más de 30 años. 

Carlos asegura que, “esto es un arte, y consiste en la habilidad de ayudarle a la gente de una manera diferente a la medicina tradicional con técnicas poco invasivas, de afuera hacia adentro”, en su caso, aprendido a través de su padre, a quien le ayudaba, por obligación, con sus pacientes desde los 7 años. Aun así, al ver los resultados, poco a poco se enamoró de esta práctica y decidió tecnificarse en esta área.

Casa de Carlos Muñoz. /
FOTO: tomada de Google Maps

Así como con Carlos, en muchas oportunidades, esto parece ser parte de tradiciones familiares que evolucionan, como es el caso de la familia Garrido, quienes cuentan con un consultorio en San Francisco, “Mi abuelo era curandero chamánico, y ese legado pasó hasta nosotros, mis hijos y mis sobrinos; tecnificándose y profesionalizándose con el paso de las generaciones”. No obstante, José Garrido afirma que esto “es una carrera universitaria de cuatro años, que, principalmente, se ejerce en Estados Unidos, pero, mucha gente que únicamente hace un curso se dedica a esto, desinformando en el proceso y realizando peligrosas actividades para las que no está capacitada”.

Tanto para Carlos como para los Garrido, “su trabajo habla por ellos”, su publicidad es un voz a voz; recomendaciones por el éxito de sus consultas, pero, sus modalidades de trabajo son distintas. En el caso de Carlos Muñoz, atiende por su cuenta a 15 pacientes diarios y en Bogotá unos 20, no confía en otra persona por malas experiencias y prefiere dedicarle 30 minutos exclusivos a una sola persona. Pero los Garrido, al ser 7, alcanzan a atender entre 50 y 60 personas. En ambos casos comienzan desde las 8:00 a.m., hacen una pausa de 11:00 a 2:00 para almorzar y retoman de corrido, José y su familia hasta las 5:00 y Carlos hasta las 7:00.

Antonio Moreno, asegura que “tras meses de dolor y tratamientos ineficaces, en tres meses y medio, notó una mejora significativa en su columna” y recomienda este enfoque a quienes sufren dolencias similares.

Consultorio de la familia Garrido
Foto tomada por María Catalina Cáceres

Sin embargo, muchas personas no confían al 100 % en los tratamientos alternativos, por lo que prefieren consultar un fisiatra, hacer terapias o hasta visitar un ortopedista, profesiones del campo de la medicina tradicional; Martha Rueda, médico funcional, afirma que “la quiropraxia, bien llevada y estudiada de la forma correcta, hace parte del campo de la salud, en Estados Unidos y en España, hay universidades, donde las personas salen acreditadas y con los estudios en medicina indispensables para ejercer, no obstante, en Colombia, una persona solo necesita tener un curso o una licenciatura pequeña, por lo que al no tener total conocimiento en anatomía podría causar un daño grave.”

Además, Martha explica que las personas acuden a estos lugares, pues, se brinda atención personalizada, “en una consulta de 20 minutos, que el paciente espera hace meses, nosotros alcanzamos a llenar el formulario, y si no se cuenta con seguro, se tiene la idea de que el    tratamiento será muy costoso, por lo que la persona prefiere ir con alguien que le dedica más tiempo y que ha escuchado que funciona”. 

En Bucaramanga, el quiropráctico más famoso es el doctor Jorge Leyva, quien tiene un pregrado en medicina. Además, se especializó en Georgia, por lo que sus pacientes tienen entera confianza de que “sabe lo que hace”, porque el éxito, en palabras de la doctora, es ver los estudios reales del profesional, pues el correcto manejo de la columna vertebral es vital en el tratamiento.