Saliendo del nido, saltando al vacío y aprendiendo a volar

Por: Danilo Cárdenas /dcardenas446@unab.edu.co, Alejandra Sierra /msierra516@unab.edu.co y Sayyid Sarquis /ssarquis@unab.edu.co

América Latina, 21 países, dos océanos, playas, bosques, cordilleras, páramos, desiertos y valles. Una región que ha sufrido el azote de personas carentes de valores morales, educación, y que han cambiado las letras por las balas, doblegando a la población. Han silenciado las voces de todo un continente solo por codicia y amor al poder. Jorge Rafael Videla, Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner, Carlos Castillo Armas han sido algunos de esos jinetes que trajeron el apocalipsis a nuestra tierra. Una de las grietas más profundas que estos hombres generaron tiene nombre y apellido: desplazamiento forzoso. Uno de los dolores más grandes que una persona puede sufrir es salir de su patria, abandonar todo y aventurarse en lo desconocido.

Según ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), a mediados de 2023, se estima que aproximadamente 23 millones de personas en América Latina y el Caribe son refugiadas, desplazadas internas o apátridas.

Según los cálculos del FMI, el número de migrantes venezolanos alcanzará los 8,4 millones en 2025, lo cual representa más del 25% de la población del país en 2015. / IMAGEN TOMADA DE: Fondo Monetario Internacional

El verdugo que tenemos más cerca ascendió a la presidencia en camión, y producto de una serie de malas decisiones que han llevado a Venezuela a una situación crítica. Según el Fondo Monetario Internacional, en su informe WEO en conjunto con ACNUR, la migración venezolana desde 2015 es la más grande de la historia, superando la migración siria en 2012, la afgana en 1978 y la de Sudán del Sur en 2014. Aunque muchos se niegan a aceptar la realidad, otros han saltado al vacío, con la cabeza llena de dudas, acordándose del pasado, con lágrimas por las despedidas. Muchos emprendieron aventuras en otros países. Colombia, Brasil, Ecuador, Chile, Perú se unieron para recibir una ola de migrantes. Hasta abril de 2024, según el FMI, se estima que hay aproximadamente 6,6 millones de migrantes y refugiados venezolanos viviendo en América Latina y el Caribe. Esta cifra forma parte de un total global de 7,7 millones de venezolanos que han abandonado su país en busca de mejores condiciones de vida y protección.

Con maletas al hombro, chancletas medio rotas, camisas vinotinto, cruzando páramos con frío y kilómetros con sed, estos migrantes añoran a personas que se sienten a escucharlos llorar, y esperan un hombro en el que puedan ahogar su dolor de patria. Solo el cielo es testigo de cómo sueñan con un abrazo de su familia y un “hallacazo” en la noche. Pero el pájaro ya saltó del nido y el siguiente paso es abrir las alas para volar.

Después de todo ese viento en contra, debe existir una fuerza mayor que los empuje, que les dé a sus alas la energía para seguir. El amor es como el hambre: un deseo que nos consume, es vital, nos empuja a hacer cosas inimaginables. El amor es ese volcán que, cuando estalla, puede acabar con todo a su paso; es un invasor. La intensidad del amor da propósito a la vida. Y, efectivamente, los migrantes han volado a nuevas tierras. Sin embargo, en lo profundo de los corazones latinoamericanos había algo que siempre estuvo presente, pero no se conocía: la aporofobia. Como bien dijo Adela Cortina, ponerle nombre fue necesario para encontrarle tratamiento. Este prejuicio se apoderó de muchas almas. Los migrantes empezaron a sentirse menospreciados, no por venir de otro país ni por ser extranjeros, sino por no tener dinero.

Producto de la inmigración masiva y las representaciones de los migrantes en los medios de comunicación, en Colombia la xenofobia ha ido en alza en la última década. / IMAGEN DE: Plaza Capital.

Este prejuicio se ha infiltrado en un sector vital para la población: el periodismo, que desde hace tiempo está enfermo. Los medios han olvidado que manejan una agenda mediática y que son los responsables de gestionarla. En Colombia, la agenda mediática muestra a los migrantes venezolanos como asesinos, estafadores, personas que solo vienen a robar. Los medios incluso han atacado a las trabajadoras sexuales venezolanas, acusándolas de venir a «robar» esposos y trabajos a las colombianas. Estos prejuicios han crecido tanto que han influido en alcaldes y gobernadores. El alcalde Jaime Andrés Beltrán, con sus propuestas, responsabiliza a los migrantes venezolanos de los problemas de seguridad, como se menciona en su plan de gobierno. Según datos de la alcaldía de Bucaramanga, el 14% de los capturados por delitos como microtráfico, hurto y vandalismo son venezolanos. Sin embargo, Melissa Franco, abogada y especialista en derecho penal, le explicó a Red Cheq que «la participación de migrantes en delitos no representa significativamente el incremento de la inseguridad en el área metropolitana, o no evidencia una incidencia delictiva superior a la de los nacionales».

Eduardo Guerrero abrió sus alas, dejó Venezuela y ahora vive en Bucaramanga. Agradecido con Colombia por la oportunidad, comparte los sabores de su tierra.
/ FOTO DE: Alejandra Sierra.

Por eso es importante recordar las historias de personas como Eduardo Guerrero, un pájaro que, producto de amenazas a su nido, tuvo que volar. La inseguridad y las amenazas lo superaron, y tuvo que venir a Colombia, donde emprendió su camino para subsistir. Eduardo es uno de los 115,998 venezolanos que, según Migración Colombia, viven en Santander, de los cuales el 51% reside en la capital, Bucaramanga. Eduardo es un joven amable, extrovertido y alegre, fanático del fútbol y de la Vinotinto. Tiene un puesto de comida en la Calle 45 con Carrera 14 llamado El Inmigrante, donde, a través de la comida, muestra a Colombia lo mejor de su país.

FOTO DE: Alejandra Sierra

Vive con su esposa y su hijo, quien tiene una condición de autismo. Aunque esto parece una dificultad, Eduardo lo usa como un motor para salir adelante cada día. Está agradecido con Colombia por brindarle la mejor atención a su hijo. Su familia es parte de las 520,997 personas que cuentan con un PPT (Permiso por Protección Temporal), según Migración Colombia.

Toda la presión que sentía, los miedos, los temores en las noches oscuras y solitarias en un país nuevo, los canaliza escribiendo, ese viejo método que va en no hablar con la boca sino con el corazón. En este caso, las redes sociales eran su lienzo, ahí escribía lo que pensaba, descargaba su energía de paso ayudando a otras personas en la misma situación que él: Migrantes. 

Sin saber nada de comida rápida y con solo algunos conocimientos en repostería, Eduardo unió pasiones. No descartó nada que pudiera ayudarlo a crecer y no confundió sus sueños con fantasías. Las fantasías no llevan acción; el éxito no es un premio a la velocidad. El camino hacia el verdadero éxito se mide por la calidad del viaje y la claridad del destino. Eduardo cocinó su éxito a fuego lento, como sus pepitos, y la paciencia y determinación han sido fundamentales en su camino. Aunque se rieron de él, sabía que la recompensa sería del tamaño del riesgo.

Para cuidar su salud mental escribe; para alimentar su corazón, cocina. Hoy Eduardo se siente feliz porque ha pasado de vivir en una pieza a un apartamento. Estos pequeños logros van forjando su camino hacia el éxito, que recorre cada día, desde temprano, preparando su comida, cuidando la higiene y siendo puntual y amable, cosas que no cuestan nada, pero suman mucho a su trabajo.