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Se abre debate por la llegada del fracking a Santander

En la Segunda Jornada Nacional contra el fracking en Colombia, que tuvo lugar del 20 al 25 de septiembre, movimientos sociales y políticos del departamento rechazaron esta técnica de explotación de crudo por considerarla una de las mayores agresiones que se pueden perpetrar contra el medioambiente.

Activistas ambientales y movimientos sociales de la región se unieron para rechazar esta práctica por considerar que los costos ambientales que derivan de ella son altamente nocivos e irreversibles. FOTO/ TOMADA DE INTERNET

La fracturación hidráulica, también conocida con el término en inglés como fracking, es una forma de extracción de petróleo que se realiza desde 1994 mediante la cual la industria petrolera ha sustraído hidrocarburos del subsuelo de forma convencional y no convencional durante décadas.

La principal diferencia entre las dos formas en que se extrae el crudo radica en los costos de tipo ambiental y social que se generan a partir de su utilización. En cuanto a la fractura convencional (utilizada en Colombia), es una forma de extracción que, por ser rústica, no requiere de licencias, pues aunque genera impactos en el medioambiente, los mismos no exceden los permisos con que cada empresa petrolera cuenta para operar.

En contraste con este tipo de estimulación hidráulica, la no convencional supone unos riesgos para las poblaciones en donde se practica que, pese al paso del tiempo, son irremediables. Esta resulta más nociva dado que se requieren volúmenes de agua desmesurados que se mezclan con químicos tóxicos. Además, su uso desencadena afectaciones en el suelo que van desde la contaminación de acuíferos y la activación de fallas geológicas, hasta liberación de CO2 (dióxido de carbono), que al quedar atrapado en la superficie terrestre provoca incendios y deforestación.

Observe los el proceso de fracking no convencional en la siguiente gráfica:

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“El fracking seguro es un cuento de hadas”

Para la geógrafa y cofundadora de la Alianza Mexicana contra el Fracking, Claudia Campero Arena, “el gran negocio de esta práctica está en la especulación de las multinacionales y la industria petrolera”, pues al tener frente a ellos la posibilidad de beneficiarse de un negocio tan rentable, no calculan los costos que pueden generar en poblaciones enteras.

Una de las razones por las que los conocedores del tema aseguran que no es posible llevar a cabo este método de forma responsable es porque, a diferencia del método tradicional, esta fractura hidráulica supone extraer el mineral de rocas lutitas, que son más profundas que las tradicionales, y cuya principal característica es que son poco porosas, es decir, que para penetrarlas es necesario hacer una perforación vertical y luego horizontal con agua a presión, arena y una mezcla de aproximadamente 750 químicos altamente tóxicos y así poder acceder al crudo.

El ingeniero de petróleos y docente de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Óscar Vanegas Angarita, expresa que estos métodos constituyen un “saqueo descarado” de los recursos naturales a cambio de muy pocos beneficios, ya que en muchos lugares en donde se ha iniciado la exploración se ha perdido gran parte de la actividad agropecuaria, lo que finalmente se convierte en un problema de salubridad y social para las poblaciones.

El ingeniero añadió que para que el fracking resulte seguro se tendría que omitir el hecho de que la perforación de lutitas requiere una cantidad de agua que alcanza los seis millones de galones, como mínimo, en un solo pozo. “Esta es la cantidad de agua que una ciudad de 40 mil habitantes utilizaría durante media hora, pero teniendo en cuenta que el volumen del líquido en algunos pozos ha llegado hasta los 30 millones de galones, esta medida se multiplicaría hasta cinco veces solo en un pozo”. Dicha agua nunca más estará apta para el consumo humano.

Debate en Santander y en Colombia

Actualmente en Colombia existen 14 concesiones para la exploración de suelos otorgadas por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), tres de ellas ubicadas en Santander y cercanas a San Vicente de Chucurí, Cimitarra y Barrancabermeja. Seis de esos bloques hacen parte de los Proyectos de Interés Estratégico para la Nación (Pines), es decir que son prioridades económicas del Estado, los demás fueron concedidos a empresas como ConocoPhillips.

Para el diputado Carlos Alberto Morales (Partido Liberal), quien lidera la participación de la Asamblea Departamental en contra del fracking, el agravante está en que estas áreas “son muy cercanas a parques nacionales y zonas de reserva”, situación que pone en riesgo el equilibrio de los ecosistemas del territorio.

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El pasado 19 de septiembre se realizó una rueda de prensa que contó con la participación de activistas ambientales, comunidades afectadas por el fracking y representantes de la Asamblea Departamental. /FOTO KAROL FERNANDA BARRAGÁN

Una nueva alarma se encendió durante el marco de la Segunda Jornada Nacional contra el fracking en Colombia cuando la emanación de crudo en un pozo ubicado en el corregimiento de Campo 23 en Barrancabermeja alertó a los habitantes de la zona quienes denunciaron a la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, de realizar esta exploración sin autorización.

A la denuncia, la directora de la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS), Flor María Rangel Restrepo, respondió que se realizarían “acciones contundentes y exigentes en la aplicación de la normatividad ambiental”. No obstante, en un comunicado de prensa, Ecopetrol respondió que el incidente “no tiene ninguna relación con actividades de perforación de pozos no convencionales”.

Karol Fernanda Barragán Meneses

kbarragan724@unab.edu.co

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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