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“Sin blanca en París y Londres”

La pobreza en París y la indigencia en Londres las experimentó George Orwell entre 1928 y 1929. Pobreza e indigencia no buscadas, sino consecuencia de giros de la fortuna, que describe en “Sin blanca en París y Londres”. Divide la historia en dos partes, que pueden funcionar como relatos independientes: Primero, las desdichas de un desempleado en búsqueda de ocupación en París, la pobreza; segundo, la lucha por comida y techo de alguien al que ya no importa el empleo, la indigencia.

En su estadía parisina, reside el Hotel Les Trois Moineaux, sitio de mala muerte, sucio, ruidoso, lugar de frecuentes peleas, habitado principalmente por extranjeros, prostitutas, lavanderas, obreros. Entre sus vecinos destacan un estudiante búlgaro de teología, una zurcidora rusa y su hijo vago, una anciana y sus hijas tísicas, una pareja de enanos sucios y tramposos, un antiguo chofer reducido a aseador de cañerías por un fracaso amoroso.

En la medida que el dinero se hace más escaso, al no conseguir suficientes clientes para sus clases de inglés, siente hambre y vergüenza constantemente. Debe vender su ropa a un comerciante de artículos de segunda, un judío tramposo y miserable. Pasa tres semanas buscando empleo infructuosamente, sin bañarse si quiera. Su único apoyo es Boris, un camarero ruso, antiguo soldado, seductor de mujeres de los bajos fondos, fantasioso, pero de corazón noble.

Después de una larga búsqueda consigue empleo como plongeur (lavaplatos), en un hotel de lujo. Es el cargo más bajo en una estricta jerarquía de sirvientes. Se trabajan 14 horas diarias en un ambiente muy caluroso y desaseado.

La vida del plongeur se limita al boulot (el trabajo), la bebida y el sueño, todo lo demás es irrelevante. Casi cuarenta años después Sonia Orwell, su segunda esposa, contaría que dicho establecimiento era el famoso Hotel Crillon.

Luego de varias semanas en el hotel, va con Boris a trabajar a un caro restaurante ruso, también como lavaplatos. Aquí las condiciones son peores, trabaja 17 horas al día. Ante la imposibilidad de una mínima mejora futura decide volver a Londres para buscar mejoras condiciones.

Sin embargo, las cosas comienzan a ir de mal a peor rápidamente. Sus ahorros se consumen prontamente. Pasa de vivir en hoteles baratos, sucios y malolientes a albergues de vagabundos. Todos deben bañarse con la misma agua y secarse con las mismas toallas.

Sus compañeros son un “auténtico catálogo de todas las miserias humanas”, como dice el mismo autor. Desnutrición, pie plano, músculos flácidos, arrugas, analfabetismo abundan por doquier. Durante 15 días comparte camino y desventuras con Paddy, un vagabundo irlandés, desempleado por dos años, profundamente humillado y que siente lástima por sí mismo, generoso pero también ignorante, rastrero, envidioso y permanentemente obsesionado con prostitutas. En una travesía por la campiña inglesa, Orwell y Paddy viven una experiencia que le da mucho sentido a la frase que da inicio a esta reseña.

Nuevamente en Londres, conoce a una amplia variedad de buscavidas como acróbatas, fotógrafos callejeros, organilleros, cantantes de himnos religiosos y vendedores de cerillos. El más notable, Bozo, pintor de tiza, con un pie horriblemente deformado por un accidente, aficionado a la astronomía y ateo empedernido. Este obrero de construcción se considera diferente a sus compañeros de infortunio. Está constantemente poseído por la ira, tal vez, frustrado por la infame existencia que el accidente le ocasionó.

Pese a las condiciones execrables en que malviven estos vagabundos, muy pocos recurren a actividades criminales. En el fondo, todos desean volver a trabajar para recuperar sus familias o al menos su dignidad. Orwell lo confirma, “un hombre educado puede soportar el ocio, mientras la gente analfabeta necesita el trabajo más que el dinero”. Posiblemente el trabajo sea el camino de retorno a la dignidad y las ilusiones que menciona el Gorrión Supremo.

Ignacio Carvajal Almeida
icarvaja@unab.edu.co

*Docente del programa de Administración de Empresas de la Unab.

Universidad Autónoma de Bucaramanga

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