Por Luz Adriana Prada Albarracín / lprada608@unab.edu.co
En parques y plazas, entre árboles y cemento, hay una presencia inusual que despierta la curiosidad de propios y extraños: las hormigas culonas. Más allá de ser un simple insecto, han sido inmortalizadas en esculturas y monumentos que rinden homenaje a su importancias en la cultura santandereana, un ejemplo de ello es La Hormiga Arrecha del Parque Bosque en Lagos del Cacique, La Hormiga en el parque La Pera, el camino de hormigas ubicado en la Puerta del Sol, las hormigas del sendero peatonal del Centro Comercial Cacique o el monumento a la Hormiga frente a Neomundo.
Estas obras de arte no solo son un tributo a la tradición gastronómica, sino también un recordatorio de la historia y el arraigo cultural que tienen las ‘culonas’ en Santander. Para los Guanes, antiguos habitantes de la región, eran más que un simple alimento, representaban abundancia, fuerza y, en algunos casos, incluso tenían un significado de ritual; las asociaban con ritos de fortaleza para procrear, ya que se usaban como regalo de bodas o para pedir la mano de una persona, convirtiendo los hormigueros en el primer rastro de propiedad privada en Colombia.
Para la cultura Guane, eran un alimento sagrado, dedicaban nueve meses para criar sus corrales y hacían su recolección en la temporada de lluvias, que usualmente era entre marzo y mayo. Después del periodo de la conquista, aunque no se perdió la tradición sí se generó cierta tensión, pues para mala suerte de los Guanes cuando ellos estaban en época de cosecha culona, los españoles celebraban la Semana Santa.
En 2015, una encuesta realizada por la Cámara de Comercio reveló que el elemento con el que más se relaciona el territorio santandereano es la hormiga culona. Hoy son motivo de orgullo gastronómico, chefs de alta cocina las agregan a sus preparaciones, aunque el método de elaboración más utilizado es el clásico: asarlas con sal en una paila de barro que intensifica su textura crujiente y les aporta un sabor ahumado.
A pesar de su popularidad, la recolección excesiva de hormigas culonas ha generado preocupación sobre la sostenibilidad de la especie. Algunos expertos advierten que la sobreexplotación podría afectar a su población y, con ello, alterar el ecosistema. Agricultores y biólogos han promovido prácticas de cosecha responsable para asegurar que la tradición perdure sin comprometer el equilibrio natural.
Más allá de su valor estético, las hormigas culonas representan memoria colectiva, son un símbolo de aguante, pues sobrevivieron a la colonización, al vandalismo de sus monumentos, la explotación excesiva de sus ‘hogares’ y hasta al imperceptible cambio climático que amenaza su ciclo de vida.
Quizá por eso es la representación misma de lo “arrechos” que son los santandereanos quienes nunca dan un paso atrás.





