Por: Juan Sebastián Riaño /jriano771@unab.edu.co
6 DE JUNIO

Hoy es un nuevo día
Abro los ojos, todo está muy tranquilo. La luz del sol se cuela entre las cortinas. ¡Qué bonito! Se hacen lindos dibujos en la pared. Son… ¿Qué son? Me esfuerzo por recordar el nombre de esos dibujos, ¿Cómo era?… sombras, reflejos, no…
—Buenos días, papá — dice una voz a mi lado.
Giro la cabeza y veo a una mujer. Qué linda mirada, es enternecedora, sus ojos están llenos de amor, pero no sé quién es. Me acaricia la mano con ternura y siento el impulso de sonreírle también, como si la conociera desde siempre, aunque su nombre ahora mismo se me escapa. Quiero sonreírle, pero al final decido no hacerlo, me da algo de pena.
—¿Cómo dormiste? — su voz es suave, es tranquila.
—Bien, creo… — respondo dudoso.
— Hoy vendrán los niños a verte ¿Te acuerdas de ellos?
Hago un esfuerzo. Niños… vaya, no tengo idea. Ahora me siento frustrado.
— No lo sé — murmuro
15 DE JULIO
El pasillo se alarga frente a mí, es un túnel muy largo. Busco el baño, pero todas las puertas me parecen iguales, son solo puertas cafés idénticas la una a la otra; manchas cafés en un inmenso corredor blanco.
Entro en uno de esos cuartos y veo fotos colgadas en las paredes. Son todos rostros familiares, no recuerdo sus nombres, pero los conozco, sé que los he visto antes. En las fotos se ven todos muy felices. Hay varias, pero una en particular llama mi atención: un joven de ojos muy grandes. Me suena… se parece a mí, pero ¿Cuándo fui tan joven? Es imposible que sea yo ¿no? Me pierdo en el retrato; creo que me quedaré viéndolo un rato.
3 DE AGOSTO

Hay un aroma en el aire… huele a pan recién horneado. Siento algo en el pecho, todo es muy familiar. Bajo a la cocina, allí una mujer canta mientras amasa; su voz es muy suave, casi no logro escucharla…. Pero al hacerlo solo puedo pensar que es muy agradable estar aquí…
—¿Te gusta cómo huele, papá? — Me pregunta mientras sonríe
—Sí… —respondo, mientras cierro los ojos y trato de quedarme con su imagen. ¿Mi hija? Sí, es mi hija… pero el recuerdo se va rápidamente antes de que pueda aferrarme a él.
—Siempre te ha gustado el pan casero. Mamá solía hacerlo todos los domingos, nunca quedabas satisfecho con uno solo. —
No sé por qué, pero estoy muy confundido. Ahora estoy sentado en la mesa de la cocina, observando cómo la masa lentamente se convierte en pan. Algo se empieza a oscurecer, estoy en uno de esos sueños borrosos. Creo que ella lo notó.
—¿Estás bien?
Asiento con la cabeza, pero no lo estoy. Quiero decirle que sí, que estoy bien, pero no sé cómo explicarle que cada vez me siento más extraño, más lejos de todo y de todos.
33 DE AGOSTO
Hoy, como de costumbre, todo parece normal, pero es como si no fuera real. Las personas me hablan con nombres que no reconozco. Trato de seguirles el juego, de fingir que sé quiénes son, pero cada vez que abro la boca, temo que noten que estoy perdido en mi mente.
—Abuelo, ven a jugar con nosotros —me dicen dos niños que corren hacia mí.
—Claro, claro… —respondo, sin saber exactamente quiénes son ¿Mis nietos?
Ellos me toman de las manos y me llevan al jardín. Me hacen preguntas, ríen, me muestran sus juguetes. Trato de seguirles el ritmo, pero no sé cómo actuar sin parecer raro.
—¿Recuerdas cuando fuimos al parque y jugamos todo el día? Le di comida a las palomas —
Hago un esfuerzo por recordar, pero solo hay niebla. Los niños me miran expectantes y me siento culpable.
—Sí, claro… — Tuve que mentir
Me duele no poder ser el abuelo que merecen. Quiero ser quien esperan que sea, pero la niebla en mi mente no se va más. Me pierdo en las risas y en sus caras ¿Cuánto tiempo más podré seguir fingiendo?
JUEVES 57
A veces siento que estoy a punto de recordar algo importante, pero justo cuando creo tenerlo, se desvanece y por más que intento guardarlo el recuerdo se va. Me quedo solo, rodeado de personas que me quieren pero que no logro identificar. Es niebla, estoy rodeado de una niebla espesa; son sombras, solo veo sombras a mi alrededor, sin poder tocarlas, sin poder decirles quién soy.
Esto no está bien. Quiero gritar, decirles que estoy perdido, que no sé quién soy, que no sé quiénes son ellos. Pero mi garganta está seca, y las palabras se quedan atrapadas. Me hablan de un pasado que se me escapa, soy un extraño en mi vida.

21 DE SEPTIEMBRE
Ahora, no pido mucho. Solo quiero entender, recordar. Sentir que todavía soy yo, aunque solo sea por un instante. Pero cada día me pierdo un poco más. Necesito que me acompañen, que me tengan paciencia. No me olviden, aunque yo no siempre pueda recordar. Mi mundo es frágil, se rompe con facilidad. Les ruego me ayuden a sostenerlo.
En el Día Mundial del Alzheimer, podemos tomarnos un momento para pensar que detrás de cada diagnóstico hay una persona, una historia, una vida. No dejemos que el olvido se lleve su dignidad. Informémonos, apoyemos, acompañemos. Suena idílico, utópico, incluso algo iluso, pero solo hablando del tema, saliendo del tabú y visibilizándolo… Así y solo así mantendremos la esperanza de que algún día, el Alzheimer se convierta no más en un mal recuerdo.





