Por Sara Sofía Morales Solano / smorales140@unab.edu.co
Tantos sueños que tiene uno cuando es niño: ser astronauta, doctor, pintor… y, de los más clásicos, ser futbolista. ¿Qué joven no anhela representar a su país en torneos como la Copa del Mundo?
A Jordan Ferrín lo conocí en ese contexto, en las ligas menores del fútbol colombiano. Y aunque para algunos podría ser otro niño más, que desea ser tan grande como Messi o Cristiano, su vida no está marcada sólo por aquel deporte, sino por una realidad que por años ha sofocado a Colombia.
Pero, ¿quién es Jordan?
En noviembre mi hermano presentó a Jordan como su nuevo amigo.
“¿De dónde es que es usted?”
“Barbacoas. De Nariño”.
“Sí, eso. Imagínense, viene desde por allá”.
Mis primeras interacciones con él no fueron muy elocuentes, intercambiamos un par de saludos y despedidas, pero hasta ahí. Luego me di cuenta del cariño que mi madre y mi hermano le tenían, y que sus visitas a nuestro hogar se prolongaron hasta finales de diciembre. Entonces comencé a cuestionarme: pronto será navidad, pero él sigue aquí, lejos de su familia, enfocado en entrenar con más intensidad que el día anterior, ¿por qué? La respuesta debía tenerla mamá.
“No ha tenido una vida fácil, pero eso deberías preguntárselo a él”.
Me costó, sin exagerar, meses, para atreverme a inquirir más sobre él, sobre su vida. Claro, cómo le preguntas a un invitado qué hace ahí, sin sonar déspota. Y entonces apliqué un juego que tenía con mi hermano: yo lo entrevistaba, como si ya fuera una periodista profesional, y él contestaba como si fuera un futbolista profesional. Así conocí, realmente, a Jordan.
Su relación con el fútbol inició cuando tenía cuatro años. Jordan creció en un entorno aficionado a este deporte. Tanto su madre como sus hermanos mayores, Johan, John y Jhoiner, disfrutaban la hora del juego y nunca perdieron la emoción por un partido. “Yo alcancé a ver a mi mamá jugar en equipos de barrio, ahí comencé a sentir cosas por el fútbol”, contó.
Y aunque en su momento solo lo consideraba un juego, ver la grandeza que podía alcanzar lo llevó a una búsqueda por probar su calidad al país. Pasó por Barbacoas, Pasto, Sopó y hasta Ibagué, donde fue subcampeón de la liga departamental. Sin embargo, su estancia en el Tolima la interrumpió un suceso que cambió su vida.
“Siempre el día de mi cumpleaños me tengo que acordar de eso”.
En la madrugada del 13 de mayo de 2021, Jordan recibió una llamada de sus papás para felicitarlo por su cumpleaños número 14. Horas después, a las 10:00 a.m, la noticia de que sus padres habían muerto a causa del conflicto armado, le cayó como un balde de agua fría. Robinson Cabeza y Aminta Ferrín fueron asesinados por la guerrilla. De acuerdo a un informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, en 2021 hubo 9 masacres y 36 víctimas del conflicto armado en el departamento de Nariño.
“Ellos llamaron como a las 5:00 a.m. a decirme que no parara, que siguiera con mis sueños. Eso lo sentí como si se estuvieran despidiendo”, dijo Jordan. Su expresión no era la misma que cuando me contaba su trayectoría; ni su voz, ahora era distante, parecía quebrarse con cada palabra. Fueron meses en los que se separó del fútbol: “Yo quería dedicarme a otras cosas. No sabía qué hacer con mi vida”, pero llegó su hermano mayor, a proponérselo una vez más. Y entonces emprendió un nuevo viaje, esta vez con destino a la capital santandereana.
Según datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, Nariño lideró con el mayor número de personas desplazadas en 2022 ocasionadas principalmente por amenazas e incursión de grupos armados no estatales (GANE) a territorios de las comunidades. Cerca de 50.000 habitantes se desplazaron de manera individual y masiva en el departamento; el 70% representó a la población afrodescendiente y alrededor de un 40% a niños, niñas y adolescentes.
En agosto de 2022, Jordan llegó a Bucaramanga, al cuidado de Henry Mauricio Acosta, entrenador deportivo y director del equipo Cantera Ajedrezada. Cuando habla de él, desborda admiración, después de todo, este hombre, a quien de cariño llama ‘Mao’, ha estado pendiente de su proceso y bienestar desde el momento en que pisó territorio santandereano.
“Él es como un segundo papá para mí. Un man que siempre ha estado ahí para mí y que en este tiempo que he estado en Bucaramanga, me enseñó muchas cosas”.
Con acompañamiento de ‘Mao’, Jordan finalizó el 2022 como goleador del Torneo Departamental Asoculfflor en el equipo Fire Soccer. Después, a inicios de 2023 se vinculó con PSD Panteras, donde probaría no solo a su tutor, sino a todo el departamento, su talento. “Logramos llegar hasta la segunda fase del torneo nacional. Después, nos tocó ponernos las pilas en la Liga Santandereana. Ahí fui el goleador del torneo y, gracias a Dios, quedamos campeones”. Jordan jugó alrededor de 3500 minutos con PSD Panteras y marcó un total de 51 goles, solo en liga departamental y torneo nacional, imagínense ustedes eso.
Aunque ahora orgulloso de sí mismo, el dolor sigue presente en su voz, pues para él los logros son también momentos de nostalgia. “Tenía una costumbre de salir de los partidos e irle a preguntar a mi papá que cómo jugué y eso. Les dedicaba goles. Claro que todos mis goles son para ellos, que me miran desde el cielo, y para ‘Diosito’ también”.
La atención que recibía Jordan ya no abarcaba sólo los departamentos de Tolima y Santander. Y es que con esos resultados, Cundinamarca se unió a la lista de interesados. “Un domingo, el profe Mao me llama y me dice que me tengo que presentar a las 8:00 a.m. en Millonarios. A la semana recibí los papeles para unirme al club”.
Pronto se cumplirá un año desde que Jordan Ferrín dejó de visitar el hogar de mi familia para ser parte de las divisiones menores de Millonarios F.C., y ahora entiendo el aprecio que en esta casa le tienen. Un joven modesto, entusiasta, a pesar de todo, y que, con 17 años, tiene más por contar que los goles que ha marcado.
“Yo estoy aquí en estos momentos jugando, es por ellos, por mi familia, porque los quiero sacar adelante”.





