Tres días de aproximación a la realidad. Ser… o no ser 

Por Camila Del Vecchio Sosa / cdel213@unab.edu.co

El miércoles 23 de abril 

Me monté a las 5:00 p.m. en el vuelo 4181 de la aerolínea Latam, con destino a Bogotá. Me fui con un morral, sí, una mujer logró empacar su ropa de tres días en un bolso: con la organización correcta metí dos pares de pantalones, tres camisas, dos chalecos, un par de botas negras y unos zapatos planos; y mi computadora, el nuevo cuaderno. 

Llegué a Bogotá a las 6:00 de la tarde, me recibió el frío, un ocaso oscuro de pocas estrellas y un aeropuerto abarrotado. Para llegar a mi lugar de estadía recorrí, en un carruaje pequeño de cuatro puertas de color azul, 30 minutos entre edificios y autos de una capital en frenesí. Llegué a un hueco de 40 metros cuadrados que contaba con una cama, un sofá cama roto, baño, una mesa y una cocina. En esos escasos metros viviríamos mis tres amigas de la carrera y yo tres días al estilo bogotano: afán, lluvia y frío. 

Fuimos con la intención de conocer los medios de comunicación más grandes que tiene el país, para ver qué nos espera al estar fuera de la universidad. 

Jueves 24 de abril de 2025

¡Riin, ring, ring! Suenan cuatro alarmas en la caja de cuatro paredes donde dormía. Eran las 6:00 de la mañana y debía levantarme para ponerme uno de mis atuendos, que preparé con sumo cuidado el martes 22 por la noche, maquillarme, peinarme y desayunar corriendo para llegar, con el tráfico de la capital, a las 8:00 a los estudios de Caracol Televisión. 

Caracol Televisión, el canal nacional con más rating del país… El lugar soñado para muchos periodistas y tal vez un infierno para otros. Al llegar nos contaron, a mi clase y a mí, la historia del medio, nos dieron las reglas para el recorrido y emprendimos el camino entre las oficinas y estudios de grabación. 

A lo largo de la visita nos iban explicando, con lujo de detalle, qué se hacía en cada espacio y cómo funcionaba. Pasamos por el estudio de noticias, en el que siempre, a cualquier hora del día, hay presentadores, reporteros y encargados del área de control listos para transmitir. De ahí nos dirigieron a los estudios de podcast, la sede de Blu Radio y la de la emisora La Kalle, en todos habían periodistas concentrados grabando noticias serias o, como el host de La Kalle, echando chistes, riendo y bailando para entretener al público.

De Caracol salí con la cabeza gigante, tenía mucha información nueva, que no necesariamente me agradaba, como el hecho de que el periodista jamás entra ni sale de la oficina a la hora que es, o lo difícil que se escuchaba lograr tener las notas del día listas mientras se pelea con las largas distancias de la ciudad. 

A las 2:30 de la tarde tuvimos la visita a RCN, la competencia de Caracol. Llegamos todos muy campantes con tulas que nos habían regalado que decían en grande: Caracol. A los segundos de entrar, las señoritas que nos iban a dar el tour, estaban pidiendo: “por favor tapen, de alguna manera, el logo de la tula. Gracias” 

RCN era otro monstruo gigante, con estudios enormes, oficinas y áreas de edición. Esta visita, mas que periodística, fue una demostración del lujo y grandeza que maneja el canal. Debo admitir que supieron cómo conquistarnos: nos dejaron tomar videos y fotos a cada rincón; abrieron los estudios del programa Masterchef para que jugáramos un rato; y nos pasaron por al lado de “La Casa de los Famosos” el reality más popular entre mi semestre. 

Lo enriquecedor, y al mismo tiempo aterrador, de la visita fue la charla con Claudia Palacios, una de las mejores periodista, escritora y presentadora de noticias del país. A las 4:00 p.m. nos recibió esta mujer pequeña y delgada; de tez blanca y luminosa; cabello negro teñido por algunas canas grises; facciones delicadas y refinadas que le aportaban finura en cada gesto y movimiento. En su conversación resaltó algunas leyes básicas de la carrera. Uno, sin buena reportería no eres periodista. Dos, el pensamiento crítico y la empatía son la base de un gran producto. Tres, sin curiosidad y ansias por saberlo todo no escalarías en la profesión. Cuatro,  sin pasión no aguantarías la vida en los medios. Salí con ganas de saberlo todo, pero con una gran interrogante, ¿tengo pasión? 

Viernes 25 de abril

¡Riin, ring, ring! Suenan cuatro alarmas en la caja de cuatro paredes en la que dormía. Eran las 6:00 de la mañana y debía levantarme para ponerme uno de mis atuendos, que preparé con sumo cuidado el martes 22 por la noche, maquillarme, peinarme y desayunar corriendo para llegar, con el tráfico de la capital, a las 9:00 a los estudios de RCTV. Esta visita la resumo con el adjetivo: peculiar. Es un medio complejo, en el que el Estado, actualmente, juega un papel muy importante en la línea editorial y los contenidos que se producen, pero logran hacer buenos materiales educativos y fomentadores de paz. En esta visita salí incentivada a seguir mi camino por la radio y aprovechar, en mi siguiente semestre, la emisora de la universidad. Hay algo en el lenguaje sonoro que me encanta, no he descifrado qué es, pero espero descubrirlo en los próximos 6 meses.  

La tarde del 27 fue lluvia, charcos de agua, nubes grises, truenos y la visita a La Silla Vacía, un portal digital de noticias que se enfoca en temas de política y corrupción. Nos recibió, a diferencia de los otros lugares, una casa pequeña y moderna en un barrio lindo de la ciudad. Era de  pisos y techo de madera; decorada al estilo minimalista y vintage, con sillas de apariencia de los años 70, libros y ventanales gigantes. 

En esta casa conocimos a Juanita León, quien dijo una frase icónica que nos dejó a todos perplejos: “Solo contrato a gente inteligente”. También charlamos con tres periodistas, los cuales me pintaron un periodismo “tranquilo” en el que sí era posible tener una vida paralela al trabajo. De La Silla salí enamorada, queriendo llenar una de sus sillas; es el periodismo que quiero, el investigativo, que te permite tener ratos libres, escribir con cierta calma y saberlo todo. 

Sábado 26 de abril

Último día del: ¡riin, ring, ring! Suenan cuatro alarmas en la caja de cuatro paredes en la que dormía. Eran las 6:00 de la mañana y debía levantarme para ponerme uno de mis atuendos, que preparé con sumo cuidado el martes 22 por la noche, maquillarme, peinarme y desayunar corriendo para llegar, con el tráfico de la capital, a las 8:00 a los estudios de Rafael Poveda Televisión. 

Se sentía el fin de este viaje de aprendizaje y drenante de energía cuando llegamos a una casa de ladrillos que, al contrario de La Silla, era acogedora por su decoración ecléctica de paredes repletas de obras de arte, fotos, frases y carteles: el hogar de Rafael Poveda Televisión. Este recorrido fue el más rápido, no habían trabajadores ese día, solo el guardia, la contadora, que fue nuestra guía, y los dos perros consentidos del canal: Summer, de pedigree, y Piraña, una especie extraña que derritió a todos con sus dientes salidos y ojos de cachorro. En Rafael Poveda realizan un periodismo más cultural, que combina noticias con historias de personajes sorprendentes. 

Ese día pasé la tarde entre libros, en FilBo, la feria más grande del país, con la que nuestra aventura coincidió. Después de recorrer la feria, comprarme tres libros, disfrutar de ese espacio en el que el olor de los libros y las conversaciones intelectuales vuelven tangible la literatura, tomé a las 7:30 de la noche un taxi al aeropuerto. A las 9:40 estaba sentada en el vuelo de Avianca 9466, despidiéndome de una ciudad en la que siempre hay vida, pero no necesariamente en la que está la mía. 

Al terminar la visita hice, en mi mente, un reconocimiento de lo que sentía y mis pensamientos. El viaje no me llevó a ninguna conclusión o a soñar con uno de estos medios. Tampoco regresé con conocimientos claros de lo que voy a hacer al pisar una sala de redacción, cabina o estudio de grabación. Volví con muchas dudas: ¿tengo pasión? ¿Seré buena? ¿Quiero la vida que me ofrece el periodismo? ¿Lograré ser periodista? Pero también con ganas de experimentar el periodismo desde la radio, tal vez dejando un poco a un lado lo que siempre tuve como plan, la escritura. Profe, que miedo no saber si seré inteligente para Juanita León, para el mundo competitivo de mi profesión.