Un “Bukele” y un exmilitar se quedaron con Santander      

Dicen que así como se llega, se gobierna. Y en las pasadas elecciones regionales la repartija burocrática en Santander se dio entre los partidos tradicionales y los clanes de siempre. En esta ocasión, los encomendados fueron Juvenal Díaz Mateus a la Gobernación y Jaime Andrés Beltrán a la Alcaldía de Bucaramanga.

Por Laura Sanabria Rangel / Lsanabria84@unab.edu.co

Arrechos por la inseguridad salieron a votar en Santander. Desde 2024, un exmilitar, sin carrera política, y un pastor cristiano, con ínfulas de “Bukele”, gobernarán estas tierras. Con ellos ganaron los partidos tradicionales: U, Liberal, Centro Democrático, Conservador, Cambio Radical y los clanes también: Aguilar, Díaz Mateus, Tavera y Villamizar.

El fortín político del que casi es el presidente de Colombia, Rodolfo Hernández, lo recuperaron completico los politiqueros, el pasado 29 de octubre. Las últimas dos elecciones regionales habían sido atípicas. La acogida de un discurso anticorrupción alejó, al menos de la administración municipal, a los de toda la vida.

Con un Rodolfo disminuido, los santandereanos encontraron refugio en nuevos rostros y discursos autoritarios, detrás de los que están viejos caudillos. Repasemos quiénes son el alcalde y gobernador electos, y en especial, junto a quiénes llegan al poder. Sus coqueteos y alianzas parecieran dejar a este departamento sin quién lo guarde.

Jaime Andrés Beltrán, el nuevo alcalde de Bucaramanga, comprobó que la tercera es la vencida. Luego de que en 2015 intentara y no lograra el aval Liberal, y que en 2019 perdiera contra el entonces candidato Rodolfista, Juan Carlos Cárdenas, por fin se corona con un discurso fundamentalista (encomendado a Dios y no a la Constitución), contra los migrantes, los “marihuanódromos” (como él se refiere a los parques de la ciudad) y el Gobierno Nacional (no ha empezado su Alcaldía y hace unas semanas visitó al embajador de Israel en Colombia. Un acto que reta a Petro, poco le trae a la ciudad, pero sí mucho a su figura política).

En la otra esquina, Juvenal Díaz Mateus es un exmilitar, que luego de 35 años, aparece sin experiencia en lo público y valiéndose del discurso del momento, la seguridad. “Juvenal, mi general”, como se le conoce en esta zona del país, se jacta de que apenas con ocho meses en la política logró 400 mil votos para ser Gobernador. ¡Pero cómo no!, si viene de una familia para nada desconocida. Los Díaz Mateus son apenas los “dueños” del partido Conservador en Santander. La maquinaria de su familia, salpicada de corrupción, fue esencial en su aterrizaje al Palacio Amarillo.

Su hermano, Iván Díaz Mateus, fue condenado por el escándalo de la “yidispolítica” y mientras estaba en la cárcel puso a su esposa, Lina Barrera Rueda, como congresista (2010-2014 / 2014-2018). Otro de sus hermanos, Luis Eduardo, se eligió legislador para el cuatrienio 2022-2026 con ayuda de Los Aguilar. Mejor dicho, con esos hermanos, para qué campaña.

Los Aguilar, desde las sombras, ganan

El clan Aguilar es tal vez el más poderoso de la región. Hugo Aguilar (2004-2007), el hoy condenado por parapolítica, fue el primero en llegar a la Gobernación. Luego lo hizo su hijo Richard (2012-2015), en juicio por corrupción, y finalmente Mauricio (2020-2023), quien entrega el cargo el próximo 31 de diciembre. Debido a sus escándalos se movieron en las sombras, con varios candidatos y por separado. Eso no evitó que alcanzaran al nuevo alcalde y gobernador.

Es bien conocido que el hermano de Juvenal, Luis Eduardo Díaz Mateus, antes mencionado, obtuvo su curul a la Cámara por Santander con el Conservador, y como fórmula de José Alfredo Marín. Es decir, los dos iban con el partido de los Díaz Mateus e impulsados con la maquinaria de la actual gobernación de Mauricio Aguilar -recordemos que este último tuvo el aval Conservador en su carrera a la gobernación en 2012-.

A pesar de que el patriarca, Hugo, apoyó públicamente a Héctor Mantilla, quien quedó segundo, los Aguilar y los Díaz Mateus llevan años tranzando favores. Pero a estas familias, hoy “enemistadas”, también las une su visión de región. Las apuestas de Juvenal son la seguridad y el turismo. Esta fórmula es bien conocida en el departamento, es sello Aguilar, con “grandes” obras como el Santísimo o Panachi, plagadas de corrupción.

Mientras Jaime Beltrán despreciaba de lengua para afuera a los Aguilar, compartía con ellos candidatos a la Asamblea y el Concejo por el partido de la U, que ojo, lo coavalaba. Incluso, Mauricio Aguilar, en entrevista con Caracol Radio, lo retó al polígrafo por negar sus apoyos, apoyos que quedaron claros al hacer campaña con candidatos como Andrea Blanco (Asamblea) y Gustavo Ardila (Concejo). La primera fue exsecretaria de la Mujer del actual Gobernador, Mauricio Aguilar, y para rematar es cuñada del excoronel, Hugo Aguilar. El segundo fue asesor de despacho de Mauricio y de Richard. Incluso Hugo envió cadenas de Whatsapp que decían: “(…) a la Asamblea por Andrea, a la Alcaldía por Jaime y al Concejo por Gustavo”.

El uribismo y los rojos

El Centro Democrático en Santander es liderado por el congresista, Óscar Villamizar, cuyo padre, Alirio Villamizar, fue condenado por el carrusel de las notarías. Este último recibió con aplausos “al próximo alcalde, Jaime Beltrán” en una reunión política, luego de que la candidatura del uribismo no cuajara. El candidato era Diego Tamayo, quien renunció, o lo hicieron renunciar, para adherirse al pastor. Es decir, el uribismo y el clan Villamizar se fueron de frente con Beltrán, e incluso Diego ya tiene puesto en el equipo de empalme. Ese mismo partido y esos mismos apellidos también coavalaron a, sí, Juvenal Díaz Mateus. Incluso, Juvenal celebró su victoria en la iglesia cristiana G12, de la familia de la excongresista del Centro Democrático, Johana Chaves. Con otra conexión: esta iglesia, Misión Carismática Internacional (MCI), es muy cercana a la iglesia de los Beltrán.

Ahora, los Díaz Mateus buscaron y encontrar el espaldarazo Liberal gracias a Iván y a través de los congresistas Jaime Durán Barrera y Miguel Ángel Pinto. Miguel Ángel, investigado por el escándalo del Fondo Nacional de Ahorro, es considerado miembro del clan Tavera. Su esposa, Claudia Lucero López, era la tía de Didier Tavera, exgobernador Liberal (2016-2019), exconvicto, acusado por irregularidades en el Plan de Alimentación Escolar y ahora director de la Federación Nacional de Departamentos. Entre tanto, la relación de los rojos y Beltrán es de siempre. Heredó esas banderas de su padre y se impulsó con ellas, no precisamente solo con trabajo. Fue concejal en la alcaldía de Luis Francisco Bohórquez, otro más en juicio por corrupto, de quien es bien sabido diseñó una repartija burocrática con el Concejo, de la que Jaime se benefició.

La “Rodolfoneta” se varó

De sacar más de 800 mil votos a la presidencia en Santander, Rodolfo Hernández, si bien es cierto inhabilitado, quedó cuarto en la carrera a la Gobernación, con poco más de 130 mil votos. Su partido, Liga de Gobernantes Anticorrupción, no obtuvo curul alguna ni en el Concejo Municipal, ni en la Asamblea. Sus investigaciones -entre esas una por corrupción-, la renuncia a la curul de oposición en el Congreso y su mal estado de salud, le pasaron factura.

Las figuras de un pastor cristiano, que se autodenomina el “Bukele” bumangués, y de un exmilitar, “outsider” en la política, son la mezcla perfecta para el ascenso de nuevos autoritarismos, tan propios últimamente en América Latina y Centroamérica. El discurso anticorrupción y el voto de opinión que ambientaron un escenario distinto fue derrotado, al menos por los próximos cuatro años en esta zona del país.

Con el mapa político cantado, tantas coincidencias y favores por pagar, solo queda rogar que haya una oposición que los pare. De lo contrario, Juvenal, Jaime y la clase politiquera de Santander se darán un banquete.

Universidad Autónoma de Bucaramanga