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Un imprevisible cambio para la comunidad universitaria

Mientras el país avanza en la reactivación económica, los jóvenes se preparan para su reintegro a las aulas.

La Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá ofrece talleres presenciales para los estudiantes de artes escénicas, de manera voluntaria. / FOTO SUMINISTRADA POR ANGIE VALENTINA NÚÑEZ

Por Jesús Andrés Núñez Parada
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El cierre de las Instituciones de Educación Superior (IES), ordenado por el Gobierno nacional a mediados de marzo, fue un reto que tomó por sorpresa tanto a docentes como estudiantes, pues no se contaban con los recursos y las herramientas tecnológicas para que todos recibiera una educación virtual de calidad. Así lo demuestran las cifras del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, pues tan solo 21,7 millones de personas cuentan con acceso a internet, mientras que alrededor de 25 millones de colombianos no reciben este servicio.

Para continuar con la formación académica, fue necesaria una reestructuración, tanto en los esquemas de enseñanza, como en los hábitos y métodos de estudio, que no fueron del agrado de muchos, ya que para mitad de año se estimaba una deserción estudiantil del 50%, según representantes de distintas universidades del país.

De regreso a la universidad

Tras cinco meses, el primero de septiembre se dio fin al aislamiento obligatorio para iniciar una “cuarentena selectiva”, justo el día en el que el país registró 389 nuevos fallecimientos, superando las 20 mil muertes por la covid-19, según la información publicada por el Ministerio de salud. Dentro de las nuevas medidas, se permitió el retorno gradual y restringido a las instalaciones universitarias, noticia que generó expectativa e ilusión, ante un posible regreso al campus después de 170 días de clases desde sus casas.

“Esperaba el regreso a las clases presenciales porque lo que quedaba era completamente práctico. Tan pronto permitieron los viajes nacionales me vine a Bogotá”, afirma Carlos Andrés Camacho, estudiante de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana, quien se encontraba en Barranquilla, su ciudad natal, cuando se enteró del retorno a las aulas.

Esta noticia significó un alivio para él, pues a causa de las medidas tomadas por el
Gobierno, se vieron afectadas sus prácticas en el Hospital Universitario San Ignacio, que tuvieron que ser canceladas desde finales de marzo. “El hecho de estar en una cuarentena no nos permite avanzar”, sostiene el joven estudiante de octavo semestre, por lo que este regreso le genera, entre otras cosas, satisfacción, al poder completar un componente necesario en su formación, pues como él lo afirma “uno aprende es en el hospital”.

El mismo recorrido realizó Valeria Quintero Gómez, estudiante de Artes escénicas y Comunicación social, de la Universidad Javeriana. Tras el cierre de los campus, decidió retornar a Barranquilla, y continuar sus estudios de manera remota desde su casa. Sin embargo, con la esperanza de regresar pronto a las aulas y laboratorios, continuó pagando el arriendo del apartamento donde vivía en la capital del país.

“Llevamos mucho tiempo sin vernos, sin compartir en un salón y no lo vamos a poder hacer, porque asumo que habrá reglas como evitar el contacto”, afirma Mayra Roa, estudiante de administración de empresas de la Universidad de Pamplona. / FOTO SUMINISTRADA MAYRA ROA

Para Quintero la incertidumbre fue la constante durante las últimas semanas de cuarentena. Esperaba que la “presencialidad” se diera pronto, pues continuaba pagando un arriendo de $1 millón 700 mil, por un apartamento que llevaba alrededor de cinco meses desocupado, y al no saber en qué momento podría darse, no se “arriesgaba a perderlo y no tener a dónde llegar”. Por lo cual, apenas se confirmó la reactivación de los aeropuertos, decidió volver a Bogotá.

Cambios repentinos

“Me acostumbré a ver las clases desde mi cama y más cómodo”, sostiene Deyver Duván Acuña Rodríguez, estudiante de Psicología de la Universidad Autónoma de
Bucaramanga. Y es que cinco meses de clases desde las casas, crean hábitos de estudio diferentes a los que se trabajan cuando las clases se llevan a cabo en el aula.

Retornar a la universidad es su deseo, sin embargo, es consciente de los cambios que esto implica y por el momento no lo considera necesario. “Me adapté a ver las clases de forma más relajada, uno en la universidad está con el uniforme, con compañeros y obligado a una interacción. Acá no, uno está aislado”, destaca Acuña, haciendo referencia a dichos hábitos, que involucraría una nueva adaptación al volver a los salones de clase.

Destaca que desde que se dio el cambio a la modalidad remota, ha aprovechado su tiempo para trabajar como domiciliario independiente, incluso, para convertirse en “rappi tendero” y ser parte de las 25 mil personas que operan en Colombia con esta plataforma de domicilios. Para él, las clases virtuales otorgan mayor flexibilidad en los horarios, lo que le permite trabajar diariamente después de las 6 de la tarde; ante un repentino retorno a la universidad, se reduciría bastante su trabajo.

Hacia inicios de la cuarentena, cerca de 45.000 colombianos esperaban registrarse en Rappi. / FOTO JESÚS ANDRÉS NÚÑEZ

Dudas

Para hacer posible este regreso a las actividades presenciales, las 113 universidades que presentaron sus propuestas al Ministerio de Educación, según la ministra María Victoria Angulo, han creado diferentes sistemas de prevención, teniendo en cuenta los protocolos de bioseguridad exigidos por el Ministerio de Salud. Sin embargo, el riesgo de contagio sigue latente, y esta preocupación no es ajena a la comunidad estudiantil.

Angie Valentina Núñez, estudiante de artes escénicas de la Universidad Javeriana, afirma que a pesar de los protocolos que les ha dado a conocer su facultad, no se sentiría segura de retomar clases prácticas en este momento: “Una cosa es lo que pasa dentro de la universidad, los cuidados que tengan allá, pero otra muy diferente es lo que puede pasar mientras me dirijo a la universidad”, añadiendo que su carrera requiere de un contacto cercano entre sus compañeros, lo cual representaría una exposición constante.

Tras más de cinco meses asilados, evitando todo tipo de contacto con sus pares, las dudas permanecen en la comunidad estudiantil al no saber cuándo, ni de qué manera se dará ese reencuentro en las aulas. “Una de las mayores dificultades será esa menor tendencia a la interacción social, a la comunicación física, va a dar miedo hablar con tus compañeros y amigos”, menciona Carlos Andrés Camacho, mientras se prepara para la repentina vuelta a su alma máter.

Universidad Autónoma de Bucaramanga