Inicio Bucaramnaga Un potaje sabroso y sin pecado: Llanera donde Julio 

Un potaje sabroso y sin pecado: Llanera donde Julio 

Hay vigilias de vigilias. Unos no comen carne en Semana Santa y otros prefieren devorar la carne a la llanera, mientras comentan que el verdadero ayuno es comer sabroso y no hacerle daño a nadie.

Desde 2005 don Julio viene deleitando el paladar de los carnivoros bumangueses. Foto cortesía @llaneradondejulio

Por: Diego Suárez/[email protected] y Henry Suárez/[email protected]

Llanera donde Julio está ubicada en el barrio La Feria al noroccidente de la ciudad de Bucaramanga. Existe desde hace 17 años y se caracteriza por su excelente sabor, buena atención y rápida entrega de los alimentos a los clientes. Hoy se encuentra don Julio con el sombrero que nunca deja en casa. Su ropa es suelta, nada ajustada y usa tenis por comodidad. Saluda con un fuerte apretón de manos: “q’hubo muchachos”. Lo acompaña Dayron, su hijo mayor y mano derecha en el negocio. 

Julio García tiene 52 años, padre de cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. Su amor hace 30 años es Nohemí Uribe. Julio mide 1.67 cm, piel morena que ayuda a su semblanza juvenil, cabello negro y, sin importar la ocasión, adorna su cabeza con un sombrero llanero. Empleado del EMPAS y EMAB en su juventud, se graduó del bachillerato a sus 48 años, pero desde la edad de los 20 años empezó su gusto por la cocina gracias a su padre Mario García, quien fue uno de los pioneros de asados de carne a la llanera en Bucaramanga.

Extrovertido, estricto en sus labores, comprometido, responsable, alegre, Julio tiene una peculiaridad y comportamiento específico en los momentos donde los clientes se acumulan. Desde el día jueves hasta el domingo es incontrolable. Dayron cuenta que “a veces son 300 clientes a la espera de ser atendidos, siempre tiene como característica  que se esconde, va y se encierra en un cuarto del restaurante y espera a que se calme un poco la situación y vuelve a tomar el mando”. 

Julio es quirúrgico en su trato con la carne llanera, siempre pendiente de cómo cocinarla, de tenerla en su punto máximo. Es el encargado de adobarla para que quede en su sabor pleno. Su lugar favorito es en la parrilla con su sombrero como fiel acompañante durante el proceso de cocinar. Ahí, dice, se siente en el mejor lugar del mundo, no se quiere separar de ella ni un solo momento, le apasiona lo que hace.

También, tiene la capacidad de sentarse para conversar con los amigos, conocidos y clientes al finalizar la jornada de trabajo. A las seis de la tarde, se toma un par de cervezas con las personas que están en el lugar y genera un ambiente más familiar. Hay que decir que la pandemia que mató a millones, a Julio le ayudó: “durante la pandemia cerramos dos fines de semana y nuestros teléfonos, redes sociales, estaban explotando, la gente quería que hiciéramos domicilios, era increíble, a veces hasta se agotaban los productos, nos fue muy bien durante ese tiempo aunque extrañamos que la gente viniera acá pero por la situación era imposible”.

Filas y orígenes

Incluso en el momento en el que pidieron permiso a las autoridades para que la gente fuera a recoger sus pedidos, se concentraban filas de una o dos cuadras a la redonda. Esto hizo que los vecinos, cercanos al restaurante, llamaran a la policía pensando que habían abierto sus puertas sin permiso alguno. Don Julio lo recuerda: “parecía de película. Las patrullas ahí y uno tratando de explicar a los uniformados que la gente solo venía a recoger su comida para llevársela, que el negocio estaba cerrado para comer aquí”. 

Una picada tipica logra una unión gastronómica perfecta si se combina con yuca santandereana. Foto cortesía de @llaneradondejulio

Este negocio empezó en una esquina de la cancha principal del barrio La Feria, ubicada en la calle veinticinco con primera. Fue gracias a un bazar que organizó el barrio en el año 2005. Desde allí, con la buena recepción de sus productos, empezaron todos los domingos a sacar sus ollas, parrillas, mesas, carpas y sillas. Actualmente, Llanera donde Julio vende 6 reses durante cuatro días, el solo domingo comercializa 1000 a 1200 libras de carne para el consumo de sus clientes. 

Es una labor de familia, en el establecimiento trabajan alrededor de 25 a 30 personas, la mitad son del mismo linaje.Don Julio siempre les enseñó a sus hijos desde muy niños a que conocieran el valor del esfuerzo para obtener lo que se quiere. Este sello se mantiene en las nuevas generaciones y en los allegados que han sumado esfuerzos los últimos años. 

Don Julio comenta que la mayoría de sus clientes “no son del barrio La Feria, vienen desde Piedecuesta, Girón, Cañaveral, Cabecera, Colseguros… recorren varias calles de la ciudad para venir a comer buena llanera. Esto nos llena de felicidad saber que muchos de nuestros clientes vienen desde otros barrios o incluso ciudades solo para disfrutar de una buena comida típica del llano y el excelente servicio que brindamos”.

Llanera donde Julio espera seguir creciendo, por eso amplían el menú cada tanto. Su exquisitez y el trato con los clientes ayuda a la divulgación y cada vez más los carnívoros de la región visitan el lugar. También, las redes sociales les han ayudado, porque un posteo invita a más fanáticos del asado a que bajen a La Feria. Hoy logran visitas de clientes internacionales como españoles, franceses y estadounidenses. Estos paladares internacionales, según Dayron, “quedan llenos y contentos, los deleita la magia y el sabor del lugar”. Esto hace que las fronteras se sigan abriendo para este negocio. Los comensales que visitan Llanera donde Julio quedan más que satisfechos. Y si a usted, lector, su fe no le impide comer carne en Semana Santa, aquí siempre tendrá una sabrosa opción. 

Universidad Autónoma de Bucaramanga