Por: Mariana García Román – mgarcia385@unab.edu.co y Marianna Zárate Caballero – mzarate826@unab.edu.co

El característico sabor de la uva fermentada ha estado presente en el paladar de Loïc Dexidour desde sus ocho años. En medio de los afanes de la vida europea contemporánea, vivió en Montpellier, Francia, hasta cumplir 24; una ciudad reconocida mundialmente por sus monumentos, su moda y su gastronomía. 

Era de esperarse que, en 2024, cuando llegó a Bucaramanga con 22 años para realizar un intercambio académico, uno de sus primeros impulsos fuera buscar un poco de aquel sabor de casa. Sin embargo, se llevó una gran decepción al darse cuenta de que ningún vino local tenía la esencia de su tierra. 

Bucaramanga le había dado mucho, y Loïc pensaba devolvérselo de alguna manera. Él sabía que, sin importar el lugar o las etiquetas disponibles en la ciudad, ninguno se comparaba con el gusto que, aún cuando llevaba tanto tiempo sin probar, seguía vigente en su boca, como un recuerdo difícil de olvidar. Es aquí donde se hace una promesa, los santandereanos no podían seguir perdiéndose de los placeres del néctar francés, y él iba a ser el encargado de brindarles la oportunidad de disfrutarlo. 

Loïc Dexidour posa con su producto más vendido. / FOTO MARIANA GARCÍA ROMÁN

¿Por qué decidiste incursionar en el sector vitivinícola aquí en Bucaramanga?

Como francés, el vino es parte de mi cotidianidad. Y claro, aquí sí lo encuentras, pero la demanda no es tan alta. Mi socio, Rafael Goncalves, es chef, y era mi amigo en la universidad, entonces por ese tiempo hablamos una vez del tema y decidimos que sería buen negocio traer algunos de Francia para que los probaran acá nuestros conocidos, y bueno, poco a poco se hizo más y más real. 

Para ti, ¿qué características definen un buen vino?

En mi opinión, depende del paladar. Mi paladar está acostumbrado a los sabores porque desde niño lo he probado en infinidad de ocasiones. En lo personal, yo prefiero una bebida “con cuerpo”, es decir, un modelo fuerte, pero para una persona que no suele tomarlo, le parecerá mejor uno blanco, o uno rosado, porque son más ligeros. 

Para aquellos especializados en el tema, uno bueno sería un Tagua, que hace referencia a la calidad del ecosistema donde creció la uva, o uno de guarda, que son aquellos que cuando se compran, saben rico sí, pero si se dejan añejar cinco o seis años, se vuelven más redondos, o sea, adquieren un mayor equilibrio en los sabores. 

¿Cómo eliges los ejemplares que decides traer a Colombia?

Los colombianos tienen un paladar muy frutal. A ver, me explico, los vinos argentinos, por ejemplo, son muy fuertes, y para mí, no son adecuados al paladar colombiano. Ustedes, desde niños, comen muchas frutas, toman mucho jugo de mora, de mango, etc., por lo tanto, su paladar se ha adaptado a eso. Entonces, yo ofrezco distintos matices según la demanda, pero puedo ver que acá son más gustosos los que tienen sabores frutales. Igual, siempre intento traer de distintos tipos para que haya, precisamente, una carta larga. 

¿Cuáles fueron tus primeros pasos para comenzar tu negocio?

Diría que, lo primero que hice fue comentarlo con mis amigos, proponerles el negocio, y así de boca en boca recibí buenas respuestas. Ya con eso empezamos a tramitar los papeles para traer una caja acá a Colombia.

Antes de empezar a invertir, hicimos pruebas. Organicé un evento a nombre de mi empresa, “La hacienda francesa”, y llamé a unos viñedos de Francia para que me mandaran unas botellas. Invité a los dueños de restaurantes como La Amazónica y La Carreta, y también a unos sommeliers -profesionales expertos en vinos- de acá de la ciudad, les presenté las referencias que íbamos a traer y, mientras hablábamos de los precios, me dijeron que sí les interesaba.

Finalmente los trajimos, fuimos a los restaurantes y los dimos a probar. Así vieron que el producto sí le gustaba a la gente. Entonces, empezamos con el marketing, contratamos una community manager, Juliana Camacho para que nos conocieran, y ahora estamos mirando cómo expandirnos.

¿Cuáles fueron los mayores retos que enfrentaste a la hora de iniciar?

Fue un proceso complicado. Cuando empecé, lo primero que debía hacer era traer algunas muestras comerciales de Francia, entonces, para agilizar todo eso, decidí contratar a una empresa, en la cual tuve que invertir mucho dinero, sin embargo, ellos no hicieron bien el trabajo y demoraron el proceso más de 3 meses. Finalmente, lo hice yo mismo, y aprendí que es mejor hacer las cosas tú mismo y cerciorarse de su calidad, que dejarlo en manos de terceros. 

¿Cuál fue tu mayor motivación para seguir trabajando por tu meta a pesar de las dificultades?

Principalmente, porque lo disfruto y por el amor que le tengo a la cultura en la que me crié que tengo el sueño de tener una empresa exitosa con la que pueda compartir esos sabores que yo amo. En segundo lugar, quiero dar a conocer el trago acá, me gustaría que fuera algo que todos pudieran probar. 

Por esta razón, aunque podría cobrar más, no lo haría. Soy de una cultura donde consumir este licor no es algo caro, entonces me molesta sobrevalorarlo. En muchos casos, cuando traen botellas francesas, les suben el precio porque Francia evoca ese concepto de elegancia. Sin embargo, mi visión es que la gente disfrute de consumirlo. Quiero que los colombianos, los santandereanos, tomen vino.

La meta de Loïc Dexidour es compartir con los colombianos los sabores que hacen parte de su historia. / FOTO MARIANA GARCÍA ROMÁN

¿Cuál ha sido tu mayor logro hasta este momento?

Para ser sincero, aún no me considero “exitoso” porque todavía estoy empezando con el proyecto y, claro, sí hemos crecido, pero mi aspiración es mucho más grande. 

La mayoría de las empresas quiebran el primer año. Ya tenemos casi un año de haber empezado y aquí seguimos, entonces creo que vamos por buen camino.

Podría decir que mi mayor logro hasta el momento ha sido pasar de la idea al hecho. Como empresa nos falta mucho, pero ya tener un nombre y saber que el producto ha sido acogido me hace sentir feliz.

Quiero que los santandereanos, los colombianos, tomen vino”, Loïc Dexidour.