Julián Mauricio Pérez y Daniel Ferreira conversaron durante una hora y veinticinco minutos sobre “El año del sol negro”. Este es el primer encuentro de la alianza entre la Feria del Libro de Bucaramanga, Ulibro, la Alcaldía de Bucaramanga y el periódico Vanguardia. /FOTO FOTO LUIS ÁLVARO RODRÍGUEZ BARRERA

Por Luis Álvaro Rodríguez Barrera / [email protected]

De no ser por las habituales lluvias, el evento pudo haberse realizado en plena plazoleta del Centro Cultural del Oriente o en los pasillos del Museo Militar de la batalla de Palonegro, combate que motivó el surgimiento de “El año del sol negro”, la más reciente novela de Daniel Ferreira. Para evitar cualquier contratiempo, el encuentro se llevó a cabo en el Auditorio La Capilla, ubicada justo debajo del museo.

Cincuenta asistentes, distribuidos en 18 de las 37 bancas, esperaban la charla entre el escritor santandereano, Daniel Ferreira, y el docente de Literatura Virtual de la Unab, Julián Mauricio Pérez Gutiérrez. Con el micrófono apoyado en su mentón, Ferreira explicó detalles y algunos conceptos de la estructura del libro. Asimismo, dejó claro que “escribe sobre derrotados” y que, para sus libros, se decanta más por las acciones que por los adjetivos.

Nueve años tardó este chucureño, que hoy tiene 39, en componer esta novela que ha sido bien recibida por la crítica. No en vano, el escritor y columnista Esteban Carlos Mejía la elogió en su columna de El Espectador, titulada “Más de 178 muertos por día”, en donde aprovechó para calificarla como una “obra admirable, conmovedora e irrepetible”. Finalizado el evento, Ferreira se disponía a visitar el remodelado Teatro Santander, antes de ello, Periódico 15 conversó durante unos minutos con el escritor.

Se avecinan las elecciones locales, el próximo 27 de octubre, y los mismos “caciques” electorales buscan mantener el poder, y la gente probablemente elija los mismos de siempre ¿Casa ahí una frase de su libro “la esclavitud es también una costumbre”?

Pues sí qué horror lo que viene cada cuatro años, pero siempre me he preguntado bueno y, ¿cómo se vería gobernando el cacique Guanentá? Por supuesto esto es un chiste (sonríe). Creo que no tenemos porque acostumbrarnos siempre a lo que sea, ni a la violencia, ni a la servidumbre. Claro, aquí siempre hay la posibilidad de pensar antes de todo, de elegir, y de pensar lo que nos puede llevar a cambiar toda esta estructura, es plantearnos: bueno, ¿ qué estoy haciendo con mis actos, con mi conciencia, con mis votos, con mis ideas?, ¿qué estoy haciendo con este mundo? Si uno se lo plantea y empieza a buscar qué es lo que está haciendo, puede que, de repente, se le quiebre el espejo y ya no vea ni a los caciques ni nada de esto, sino se vea a sí mismo.

Así como describe los paisajes y los tejados calientes, ¿también se tomó unos buenos tragos de (aguardiente) barzalero para describir el sabor y, sobre todo, las consecuencias?

Uy, pues hace años estaba en un grupo de caminantes con los que recorríamos la alta montaña entre San Vicente (de Chucurí) —la primera meseta y la segunda meseta— y Zapatoca: es uno de los paisajes más hermosos del mundo, de los que he visto. Al final nos tomábamos un aguardiente que se llamaba “Tres patadas”, no sé si eso todavía existe, uno daba tres patadas antes de morir (risas).

Daniel Ferreira no titubea en decir que escribe sobre derrotados. Uno de los escenarios trascendentales de la novela es la batalla de Palonegro, ocurrida entre el 11 y el 25 de mayo de 1900, durante la Guerra de los Mil Días, evento trascendental en la posterior victoria de las tropas conservadoras sobre los liberales.
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¿Es la violencia un tema inagotable en la literatura colombiana?

Si uno expande la mirada y no se centra sólo en la literatura colombiana, sino en la historia de la literatura universal, usted va a encontrar violencia en todo: (William) Shakespeare, Homero. Es el ser humano el que es inagotable en su violencia. Pero, por supuesto, una literatura colombiana que se centre sólo en la violencia está empobrecida, porque la vida está compuesta por muchísimas más cosas y la literatura tiene que atenderlo todo.

Para aquellos que inician o quieren iniciar en la literatura y muchas veces esperan que la inspiración o las ideas para sus libros les caigan del cielo, ¿qué les recomienda?

Las ideas no caen del cielo, no vienen en paracaídas, ni son estrellas fugaces, más bien hay que inventarse un cielo e ir y buscarlas; las historias están ahí. Y que lean mucho, leer es lo único que enseña escribir.

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Universidad Autónoma de Bucaramanga