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Una tradición de arcilla y fuego

En Colombia hay 25.000 artesanos registrados, de los cuales 970 están en Santander. La cerámica, la tejeduría y la madera constituyen el 81 % de la población de artesanos en el país, según el Sistema de Información Estadístico de la Actividad Artesanal (Sieaa).

El barro hace parte de los pueblos y sus tradiciones. La cerámica es un arte que permite establecer conexiones con las raíces de las prácticas artesanales de Colombia. / FOTO SUMINISTRADA MIGUEL ORTIZ

Por María Paula Barreto Durán
mbarreto129@unab.edu.co

La cerámica es una actividad artesanal arraigada a las tradiciones culturales colombianas, lo que la sitúa, más allá de un arte, como un estilo de vida para quienes se dedican a ello. Pese a sus orígenes ancestrales y rurales, la cerámica no es exclusiva de los pueblos, sino que se ha fortalecido en ciudades como Bucaramanga, lo que favorece el surgimiento de talleres y ayuda a mantener viva la tradición.

Este arte se basa en la fabricación de objetos a través del tratamiento de arcillas y caolines. La materia prima, a través de diversos procesos, se somete a transformaciones físicas y químicas que permiten la creación de piezas como vasijas, tazas y platos.

Para Diana “Violeta” Blanco, diseñadora industrial de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y ceramista en formación en Buenos Aires, Argentina, la cerámica “es la forma de ser y estar en el mundo. Es el amor por la tierra, te hace estar más cerca de los pueblos, de sus herencias, de las herramientas que trabajaron y honrarlas en la modernidad”.

“Hacerme artesano, más que por cambiar de carrera, tuvo que ver con reformular esa manera de vivir tan obsesiva de producir masivamente y hacer plata rápida, también por la cuestión de entregarle todo el tiempo de mi vida a ser un empleado”, expresa Miguel Ortiz. / FOTO SUMINISTRADA MIGUEL ORTIZ

La cerámica tiene raíces ancestrales alrededor mundo y es considerada como testimonio de evolución para distintas culturas. Según la Sociedad Americana de Cerámica, esta es una de las actividades artesanales más antiguas del planeta y surgió en el periodo neolítico (6.000 a. C. hasta el 3.000 a. C) con la creación de recipientes hechos en arcilla secada al sol o por acción del fuego, en los que se almacenaba agua y alimentos recolectados de las cosechas. Según el recuento histórico, los chinos habrían sido la primera civilización en aplicar técnicas avanzadas para la cocción de los objetos en barro, y luego su conocimiento se expandió hasta llegar a Occidente.

Materiales y técnicas básicas         

Alrededor de la cerámica existen distintas técnicas y materiales. Sin embargo, Sandra Castillo, ceramista con 33 años de experiencia, expresa que la materia prima de esta actividad es el barro/arcilla y la principal herramienta las manos del artesano. El material se obtiene de la descomposición de un tipo de roca denominada feldespática que, al entrar en contacto con el agua, produce un material llamado caolitina, del que se genera la arcilla.

Se pueden producir arcillas de diferentes características. La más comunes son: la roja, terracota, loza y porcelana, según Artesanías de Colombia. La arcilla tradicional puede conseguirse en los viveros, en grandes almacenes o hasta fabricarla uno mismo. Su precio, por kilogramo, oscila entre 1.000 a 5.000 pesos.

Respecto a las técnicas, Vivian Suárez, fundadora de Sumo Estudio Cerámico, comenta que hay tres categorías básicas: modelado a mano, torno y moldes. Mediante la primera se construyen piezas a través del estirado de la pasta en rollos, placas o bolas de arcilla. En la segunda, se trabaja el barro con ayuda de un torno de alfarero (aparato mecánico, a tracción humana o eléctrica, compuesto por una superficie redonda y plana que gira sobre un eje), y la última, la más apropiada para la producción en serie, consiste en la utilización de moldes de escayola.

Para finalizar una pieza cerámica, esta es sometida a altas temperaturas con el fin de que la arcilla adquiera consistencia. “Las pongo en el horno de cerámica a 1100º C aproximadamente; organizo el proceso de pintura y quedan las piezas esmaltadas. Luego, pasan por segunda vez al horno y quedan listas”, cuenta Vivian Suárez.

Manos santandereanas

Santander es un departamento con vocación de ceramistas gracias a su herencia guane. A pesar de que su centro artesanal es Barichara, en Bucaramanga han surgido artesanos que han representado la región a través de sus piezas cerámicas.

Una de ellas es Alix Carreño, ceramista desde hace más de 30 años. Ha participado 12 veces en Expoartesanías, la feria más grande de artesanías colombianas, y ha representado al país en el exterior. “Estudié en la escuela de Bellas Artes en Bucaramanga, ahí conocí la cerámica, pero empecé a estudiarla específicamente cuando me fui a Venezuela”, recuerda. Para ella, la magia de la cerámica está en la arcilla, pues es un material que permite explorar diversas aplicaciones a través de la creatividad de cada persona.

“Cuando comencé, mis profesores me dijeron: ‘Después de trabajar la arcilla, usted no va a tocar otro material’, y así fue. El nivel de comunicación con los componentes de esta actividad requiere total concentración”, comenta Alix.

También está Luis Carlos Reyes, diseñador industrial y artesano, quien comenzó a trabajar con la cerámica desde el 2003. “El arte siempre estuvo presente, desde mi infancia. Estudié diseño y me di cuenta de que todos mis proyectos siempre llegaban a este material, así que decidí estudiarla”. Motivado por la curiosidad y la pasión, estudió la cerámica pasando por distintos lugares del mundo, entre ellos: Estados Unidos y Japón

“Una cosa es saber de manera científica y otra es saber a partir de la experiencia real. Después de estudiar la cerámica desde diversos enfoques, me di cuenta de que en Santander se encontraban muchos materiales y todo lo necesario para trabajarla, así que empecé mi taller hace 8 años”, afirma Luis Carlos, creador del taller El gres del pato y la cruz.

Esta actividad artesanal trasciende de una labor o un oficio, pues se convierte en un estilo de vida. Así lo considera Miguel Ortiz, comunicador social, ceramista desde hace siete años y creador del taller Taza de casa, ubicado en Bogotá. “Hacerse ceramista implica asumir ciertas prácticas cotidianas que son diferentes a los caminos convencionales de otras profesiones. Por ejemplo, ser artesano me ha implicado tener una economía de escala más humana, razonable y mucho más respetuosa con la vida misma; también ha beneficiado mi salud física y mental”.

Actualmente en Bucaramanga el interés por la cerámica se evidencia en la asistencia a nuevos talleres, como Sumo Estudio Cerámico, creado por Vivian Suárez en 2019. La diseñadora industrial UIS llegó a la cerámica gracias a su profesión, ya que en 2012 viajó a Río de Janeiro (Brasil) para realizar una maestría en Ingeniería de producción, en la que aprendió a trabajar con materiales cerámicos. Al regresar a Colombia en 2014, se instaló en Medellín por una oferta de trabajo como docente de una asignatura relacionada con la cerámica; por ello, dedicó seis meses para profundizar más sobre esta y aceptar el trabajo.

“Luego, en 2015, tuve que volver a Bucaramanga por temas familiares y me quedé; lo tomé como la oportunidad perfecta para emprender, porque el trabajo de diseño en Bucaramanga no es bien pagado. Así fue como fundé Sumo en abril de 2019”, narra Vivian. A pesar de llevar alrededor de cinco años dedicada a esta artesanía, la creadora de Sumo se considera empírica y en constante formación.

Sumo Estudio Cerámico está ubicado en la calle 44 #34-38, allí, Vivian Suárez y su equipo de trabajo, ofrecen cursos de cerámica, productos personalizados y venden piezas de diseños propios.

La cerámica es uno de los oficios artesanales de mayor trayectoria histórica y vigencia en el país, según Artesanías de Colombia. Por esta razón, no debe abordarse únicamente desde el auge comercial, que si bien para Diana “Violeta” ha favorecido al sector, ya que ayuda a las personas a entender el trabajo que hay detrás una pieza, debe ser estudiada a profundidad para entenderla, respetarla y valorarla como una actividad de tradición cultural.

Universidad Autónoma de Bucaramanga