Por Jorge Andrés Céspedes Parra- jcespedes505@unab.edu.co
Dicen que la fe mueve montañas, pero en el caso de los mineros, esta frase aplica de una manera que solo ellos entienden, porque rascan y rascan montañas durante meses, e incluso años, con la esperanza intacta y la ilusión de un niño, a la espera de esa piedra preciosa que les cambie la vida.
Ariel Villamizar es uno de esos hombres que decidieron buscar la riqueza con pico y dinamita. Oriundo del municipio de Vetas, en Santander, heredó una tradición familiar por el oficio y apostó por una minería completamente legal, asunto que limita bastante la posibilidad de ingresos, pero le da la tranquilidad, dentro de ese mundo tan peligroso, de no estar haciendo males ni aprovechándose de situaciones ajenas.
Vetas es el municipio más alto de Colombia, superando los 3.000 metros sobre el nivel del mar y con heladas de hasta menos cinco grados. Su mismo nombre habla de una riqueza aurífera encontrada y establecida en tiempos de la conquista, marcando el destino del municipio y de sus habitantes, haciendo del lugar un sitio mágico y lleno de oro, tanto literal como poéticamente.
Ariel ya no ejerce en el pueblo porque formó una familia y se estableció en Bucaramanga, pero en un pasado no muy lejano, recuerda cómo era despertar antes que el sol y alistarse para entrar a las cuevas.
“Uno va con miedo, frío y de todo, pero junto con los compañeros y la bendición, nos metemos en la mina, solo con la luz de la linterna”.
Comenta que es un trabajo cíclico, y que cada pequeña victoria o pelusa de oro que logra encontrar se va en mercado, vivienda, y si hay responsabilidades como hijos y familia, la labor se torna en un no parar constante, de entrar y salir todos los días con el mismo objetivo. Le pierden el ansia y el valor a la sorpresa; solo se alivian de tener unos días más de comodidad. O por lo menos, es así cuando no se es dueño de las máquinas, las herramientas y la mina como tal.
Lamentablemente para ellos —y quién sabe si beneficioso a final de cuentas para la naturaleza—, la resolución 0221 del 2025, expedida por el gobierno de Gustavo Petro, marca 75.000 hectáreas de la provincia de Soto Norte como zona protegida, en las cuales está el municipio de Vetas y sus minas cercanas, convirtiendo la minería en una práctica ilegal.
En el caso de Ariel Villamizar, esta reforma ahora mismo no lo afecta directamente, pero sí afirma que los que contaminan y dañan el ambiente son las corporaciones grandes, que vierten mercurio y portan maquinarias devastadoras para la naturaleza.
Pasados los diez minutos de la entrevista que tuvimos en el estudio de grabación, Ariel enseñó ante las cámaras la linterna que alumbró su camino durante los años que trabajó en su tierra, y también una pepita de oro que tiene engarzada con un dije, porque fue la pieza con la que enamoró a su esposa y, posteriormente, terminó en Bucaramanga, con una familia y un pasado minero que le fascina contar.





