¿Y si la salud cuesta más que la enfermedad?

Cuando se trata de salud, la urgencia no debería depender del dinero. Pero en Colombia, muchas veces sí. Esta es una comparación entre dos sistemas: uno que garantiza la atención desde el primer día y otro que, aún con leyes y plataformas, deja a los pacientes navegando solos.

Por Catalina Gómez / mgomez781@unab.edu.co

Cada día el sistema de salud en Colombia preocupa más. El panorama es este: 10 EPS intervenidas que antes atendían a 31 millones de personas, ahora bajo el control del gobierno; citas médicas que pueden tardar hasta un mes, incluso las urgentes; fallas en la entrega y distribución de medicamentos que provocan filas interminables, pérdidas billonarias, dificultades de acceso, infraestructura en decadencia y, en general, una crisis completa, evidente y seria. Y entonces me pregunto: ¿en qué estamos fallando?

Frente a este panorama, hace un mes he podido observar, en carne propia, el modelo de salud en Canadá, especialmente en Alberta, el funcionamiento que quizás en alguna vida había soñado y que no sabía. 

La red de médica del país tiene tres pilares: accesibilidad, universalidad y enfoque en la salud pública. Tiene un perspectiva igualitaria, está financiado públicamente garantizando que todos los ciudadanos y residentes permanentes ―independientemente de sus ingresos― tengan acceso a servicios médicos desde el día uno en que llega el carnet de seguro. Además, se caracteriza por ser de alta calidad y ofrecer una amplia gama de servicios, lo que quiere decir, que todos reciben exactamente la misma atención. 

Foto: Catalina Gómez.

Por lo tanto, el papel del Estado es financiar, organizar, brindar los servicios de salud y supervisar a los proveedores. Sin embargo, es descentralizado, por lo que cada provincia y territorio es responsable de cómo se gestiona su propio plan de sistema de seguro. Por ser público, los servicios básicos son gratuitos en el punto de atención, es decir, los pacientes no deben pagar copagos ni tarifas al recibir atención. Sin embargo, algunos no están cubiertos, como la atención dental y ocular ―salvo en algunos casos específicos―, así como ciertos tratamientos de salud mental, por lo que requieren seguros privados o pagos directos. 

Además del seguro médico, la estructura canadiense ofrece beneficios complementarios como prestaciones por desempleo, por enfermedad y jubilación, brindando una red de apoyo más amplia a sus ciudadanos, lo que permite que los tratamientos sean finalizados con éxito, ya que les dan facilidades como transporte, dinero para alimentación, suministros y demás necesidades.  

En Colombia la administración es distinta. Se caracteriza por ser mixto, teniendo una parte pública y otra privada, aquí el eje central es el Sistema General de Seguridad Social en Salud que se divide en dos: contributivo (la población cotiza a la EPS) y subsidiado (aquellos que no pueden costear la afiliación). 

Se financia mediante cotizaciones obligatorias de los trabajadores, empleadores y recursos del Estado. Estos fondos son administrados y distribuidos por la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES), que garantiza el flujo de recursos hacia los diferentes actores. 

Imagen tomada de: El País Cali.

El aseguramiento debe ser a través de la afiliación de una Entidad Promotora de Salud (EPS), que puede ser gestionada por aseguradoras como SURA, Comfenalco o Famisanar. Estas EPS ofrecen planes a bajo costo y son responsables de gestionar la atención médica de sus afiliados.  

Ahora, el Régimen Contributivo está orientado a personas con capacidad de pago, como empleados formales o trabajadores independientes que cotizan directamente y el Subsidiado, dirigido a personas de bajos ingresos. Para acceder a este último, es necesario estar registrado en el Sisbén, una herramienta que clasifica a la población según su situación socioeconómica. 

Ambos regímenes garantizan a sus afiliados un conjunto de prestaciones que incluyen servicios como atención primaria, hospitalización, cirugías, medicamentos, entre otros. 

Aunque este sistema puede ser una buena opción, para que quienes tienen dinero paguen, y no quede toda la deuda al país, hace que la atención, para quienes no tienen en el bolsillo, se vuelva complicada, por lo mismo, por no tener con qué pagar sus tratamientos o recibir una mejor atención. 

“¿Y mi historia, doctor?”

Una de las dificultades durante tratamientos es la falta de comunicación entre los doctores, ¿en qué sentido?, si una persona tiene cáncer y está siendo atendido por un oncólogo y es remitida a otro especialista, estos dos no se comunican entre sí para crear un plan estratégico que sea la mejor opción para tratar. Por el contrario, la paciente debe llegar donde el doctor a contarle que fue lo que le dijo o en su defecto mostrar la historia clínica, si es que le interesa tener más detalles. 

Imagen tomada de: El Tiempo.

Esto hace que la salud se convierta en un teléfono roto, un mandadero, que se va perdiendo con el tiempo y que al final, puede perjudicar al paciente por retrasos de atención, por finalizar el tratamiento con un doctor antes de ser visto por el otro especialista o cualquier otra razón.

Sin embargo, en Colombia sí existe una plataforma que permite el acceso y el intercambio de la historia clínica de los pacientes y es a través de la Interoperabilidad de la Historia Clínica Electrónica. Esto quiere decir que los distintos hospitales y centros pueden compartir la información médica de un paciente, aunque usen sistemas tecnológicos diferentes. La idea es que toda esa información sea comprensible y utilizable por cualquier médico que la necesite.

Este proceso se rige por normas específicas, como la Ley 2015 de 2020 y la Resolución 866 de 2021, que establecen cómo deben ser compartidos los datos clínicos, qué datos son importantes y qué lenguaje común debe usarse. Aunque existen normas que intentan facilitar este intercambio, en la práctica aún es difícil que un médico tenga acceso real al historial completo de su paciente.

Foto: Catalina Gómez.

En el país de la hoja de arce la cosa es distinta, los médicos y hospitales pueden compartir la historia clínica de los pacientes de forma digital. Esto se hace por medio de sistemas electrónicos llamados HIE (Health Information Exchange- Intercambio de Información de Salud). Estas plataformas permiten que distintos centros médicos compartan los datos de sus pacientes de forma segura. Estos modelos hacen que hospitales, clínicas y otros proveedores trabajen como si fueran un solo equipo, aunque estén en lugares distintos. 

La mayoría de los trabajadores en Canadá usan estructuras llamadas EMR (historial médico electrónico). Estos permiten guardar información como diagnóstico, resultado de exámenes, tratamientos anteriores y alergias. Por ejemplo, si un paciente llega a una cita, el doctor ya puede ver qué medicamentos está tomando y qué enfermedad ha tenido antes, sin tener que preguntarle todo desde cero. 

A pesar de que en ambos países usan un manejo de información parecida, en Canadá el servicio está más consolidado y extendido, en Colombia se avanza con una base legal clara y herramientas en proceso de implementación, quizás es la razón por la que los médicos parecen no conocer nada sobre sus pacientes. La historia clínica existe, sí, pero no circula. La atención está, pero llega tarde. Y la salud, que debería ser un derecho garantizado, termina siendo una carrera de obstáculos… donde el que tiene plata avanza, y el que no,  se queda esperando. 

Entonces me pregunto: ¿cuánto más vamos a normalizar que la vida de un paciente dependa de su suerte o de su bolsillo, y no de un sistema que funcione?