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“Yo no me llamo Rubén Blades”

Rubén Blades, junto al sonidista del film, en esta secuencia cuenta que por casualidad descubrió en esa calle una obra sonora subterránea, imperceptible de día, y cuyo sonido incluyó en uno de sus discos. /FOTO SUMINISTRADA

El documental tiene esa extraña sutileza de hacernos sentir como si estuviéramos en el mismo espacio en donde están sucediendo los acontecimientos, además logra mostrarnos lo desconocido de una situación o de un personaje conocido.

Este es el caso de “Yo no me llamo Rubén Blades”, del director panameño Abner Benaim, una película que, en palabras de Rubén Blades, como según le dijo Gabriel García Marquez durante una conversación telefónica, muestra a “el desconocido más popular que yo no conozco”.

Y tenía razón, porque además de ser cantante y compositor, ha sido mensajero, abogado, actor, político, coleccionista de comics y en su último disco, ‘Medoro Madera’, le da vida y voz a este personaje, un alter ego de Blades, cuya imagen surge de la yuxtaposición de la imagen de su padre y la de él. El disco hace un homenaje a los viejos soneros cubanos.

La película de Benaim da cuenta de los lugares cotidianos y sagrados para Blades, recorre las calles de su infancia en Ciudad de Panamá. También nos muestra su hogar en Nueva York, en donde tiene un ático que alberga sus recuerdos más preciados, entre estos, los comics que leía cuando era niño, juegos, fotos, discos, es el lugar en donde logra desconectarse del mundo, pensar y componer.

Uno de los que marcó la vida de Blades se remonta a el 9 de enero de 1964, cuando un grupo de manifestantes izó la bandera panameña en la zona del Canal como símbolo de la soberanía panameña sobre este territorio, cedido a perpetuidad a Estados Unidos, en un tratado de comienzos del siglo XX.

Ante esta manifestación pacífica, los soldados norteamericanos reaccionaron violentamente, en consecuencia, cayeron muertos varios ciudadanos panameños. Blades, con tan solo 16 años, supo que parte de su destino sería la lucha por los derechos y el bienestar del pueblo panameño y de las naciones latinoamericanas, seis años después sería su debut como cantante.

La figura de Blades es conocida por varias generaciones, pero para las nuevas es un hombre de 70 años, y como dice, parte de su testamento es narrar y decir las cosas que para él son fundamentales y que no quiere que otro las diga en su nombre. Por este motivo permitió el acceso del director y su cámara a los lugares más íntimos.

Una cualidad recurrente en este artista es su humildad, a pesar de ser un hombre con más de 40 álbumes exitosos, premios y nominaciones, es sencillo, que viaja en metro y recorre las calles a pie, como diría en una de sus canciones, “caminando, se aprende la vida”.

Durante su vida como cantante y actor ha tenido la suerte de conocer a estrellas como Celia Cruz, Ismael Rivera y Cheo Feliciano, hasta actores como Robert De Niro y Jack Nicholson, entre otros, gente que, comenta, considera mucho más grandes, aún los ve con humildad a pesar de haber compartido escenario con ellos, y reconoce que de ellos aprendió lo poco que sabe.

Este documental es la oportunidad para profundizar en la vida de uno de los artistas más auténticos de los últimos años. A pesar de las complejidades del mercado de la música, Blades ha sabido reinventarse y ha podido seguir vigente durante varias décadas, y lo más importante, ha podido escribir muchas canciones con mensajes contundentes que se han convertido en éxitos.

Por René Palomino Rodríguez

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Universidad Autónoma de Bucaramanga